...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-

Dulzura

>> sábado, 15 de diciembre de 2012


No te convengo, dulzura.

El ser o no ser de Shakespeare puede tergiversarse a extremos infinitos. Puede pervertirse de tal manera que termina beneficiando a personas como yo. Y eso no le conviene a nadie.

Cuídate de mi y de lo que hago. Soy un vampiro de vida, succionaré tus mejores años, sueños y logros; dejaré tu dulce cuerpo lleno de sangre espesa y amarga que sólo transitará por venas y arterias sin darles vida. Te haré depender de lo que eres cuando estás conmigo. Lograré entrometerme en tus pensamientos sin que siquiera se entere alguno de los dos. Padecerás enfermedades psicosomáticas que sólo se curarán con el roce entre mi piel y tu piel. Sabré quién eres. Sabré tus gustos. Sabré tus miedos. Perdona, no lo hago con alguna malicia, es sólo mi naturaleza.

¿Recomendaciones? Usa, disfruta y tira.

Un simple trato, sin necesidad de firmas, pagares, lágrimas y resentimientos. No te enamores y no pasará nada. No te preocupes por mi, crear lazos y sentimientos así hacia las personas me sienta mal. Soy una persona demasiado apasionada y no he encontrado a quién me tolere…y eso duele. No, no te apures, llevo una vida así y quizá así muera.

Volvamos al trato, perdón. Me comprometo a entregarte mi ser para que juegues a que me quieres. Me he acostumbrado a amores desechables. Seré una esquina de la facultad, un rincón de CU, un vagón de metro, un cuarto de hotel. Sólo no seré lo que necesitas de una pareja.
Piénsalo. Y si te decides, ya sabes dónde encontrarme dulzura.

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Sueños.

>> martes, 24 de julio de 2012


Entró al café y me contó, mientras le servía un Americano frío, que había soñado con una calle en la ciudad. 
Un sueño casi real, una calle estrecha y larga, con vías, con casas altas y rojizas, todas con balcones y bares en los sótanos. Y que al final de la calle, cruzaba otra bastante más ancha y transitada, con una pequeña cafebrería, una entrada de metro, paradas de bicis y de autobuses. Ella me pidió ayudarla a buscar esa calle.
Con la descripción recordé una cafebrería cerrada a unas calles del lugar. Esperamos mi hora de salida y fuimos hacia allá. Mientras la lluvia caía, me contó por qué buscábamos esa calle. 
Durante días había soñado con un hombre. El mismo, siempre igual, siempre, todas las noches. Era un hombre pequeño y delgado, mayor, y que no podía reconocer. Y de repente, soñó con una calle. Vio sus pasos sobre las vías, mientras buscaba al hombre de aquellos sueños. Pensaba que si encontraba la calle encontraría a aquel personaje. 
Después de cruzar un par de calles y doblar algunas esquinas, apareció frente a nosotros un letrero roído: "Cafebrería Veritas". Inmediatamente vi que mi acompañante daba un ligero paso hacia atrás y abría los ojos de par en par. "Es esta". 
Entonces, desde el interior del lugar una bruma negra aparece. La chica atraviesa limpiamente un cuchillo dorado desde mi espalda a mi pecho. Una fuerza extraña golpea la puerta desde el interior y la desprende del marco. Algo avanza hacia mi, es un hombre. Un hombre mayor, pequeño y delgado. La puerta cae al suelo con el sonido de diamantes rebotando contra el suelo.
Plop, plop, plop.
El golpeteo me despierta. Mi gata ha tirado el jarrón con monedas de la mesa de noche. Soñé todo y me duele la cabeza, no recuerdo cosas. No tengo idea de qué pasó ayer.
Buscando la lampara, toco un cuerpo tibio entre las sábanas. enciendo la luz y ahí está ella, acostada junto a mi y desnuda. Ella, exactamente la chica de mi sueño, ahí, dormida y desnuda.
Recuerdo un bar disfrazado de cafetería. Caminé buscando un libro y terminé con una copa entre las manos. Platiqué con alguien y...¿qué tiene ella en la mano?


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Cojera

>> jueves, 5 de abril de 2012

“No mames wey, esa es mi exnovia. ¡Auch!”, soltó aquel compañero de clase con quién debía entregar un trabajo. Una vez repuesto de esas palabras, voltee a ver a la chica en cuestión. Ella caminaba frente a nosotros, sobre la calle de Filosofía y Letras. Iba sola pero contenta, sin preocupaciones, con un café del Starbucks en mano y los audífonos puestos, metida en su música, cantando y sonriendo a la vez. Su andar era tranquilo, sin rumbo fijo o quizá con un rumbo pero sin prisa, disfrutando paso a paso el sol de primavera, de los anónimos corriendo al rededor, del momento.
Mi compañero se detuvo petrificado de dolor. Ese dolor de una ruptura reciente, de seguro. Pero también por verla contenta y despreocupada, independiente. Cuando termina un amor de los que marcan, florece ese falso confort que vive en la idea de que la parte contraria cojea igual que cojean los recién mutilados (nosotros), y que va a cojear o arrastrarse por un buen rato. Entre más, mejor. Triste y desorientada por la falta repentina de su punto de apoyo. Nos tranquiliza saber que estará hecha mierda, sin levantar cabeza, llorando por las esquinas de nuestra ausencia, como ancladas en un pasado, obsesionadas por esa herida que escuece, víctimas de un súbito bloqueo. Y ese deseo es sin duda irracional, tampoco queremos que sufra porque seguimos amándola aunque ya no sea nada.
Y ahí, la razón de que ese “¡auch!”(signo inequivoco de dolor) escapara. Que no pudiera evitar decirle “¡auch!” al chico con el que debía redactar un trabajo de E. gibbiflora, a mí, sin conocerme.
“Supongo que duele”, pensé. Ella era guapa pero nunca más será ”su” guapa. Ni podrá volver a besar su cuello suave, ni contar los lunares que pueblan su piel blanca, ni a compartir la música que ella escucha (¿Serrat, Santana, The Who, Foster The People?), ni a beber de su mismo café.
-¿Qué café le gusta?-Pregunté, por decir algo.
-Expresso con leche, vainilla y caramelo- me dijo. Y rompió a llorar.
Caminó lentamente mientras  me decía que terminaríamos el trabajo por internet. Vi como caminaba hacia el metro cabizbajo, desorientado, mutilado. Poniéndose los audífonos para aparentar y pasando junto a ella, sin tocarla. A pesar de la vida que ella irradiaba, el andar del chico y la historia conocida, hacía que la estampa se tornara triste…patética, hasta cierto punto.
Caminé en dirección contraría, pasé Eje 10 y Avenida universidad dándole vueltas a su  historia. Hasta que en Quevedo, decidí  ir al Starbucks. Pedí un expresso con leche, vainilla y caramelo.
Una delicia, como ella.

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Soledad / Introspectiva

>> miércoles, 18 de enero de 2012

Levanto la mirada y miro en sus ojos la triste y agónica necesidad de sentirse acompañado. Les miro enganchados al celular, les veo mirando el reloj impacientemente, mirando inquietos el paso de las estaciones. Todos necesitan que exista alguien al otro lado del teléfono, o esperándolos en la salida del metro, o llenando cada hueco de su agenda para no estar nunca solos y poder evitar el silencio...o quizá el vacío. 
Se tapizan de planes, de eventos, de muros… y terminan exhaustos, rendidos, y duermen tranquilos por las noches (o por que se cansan o por las pastillas del buró). Entonces, a la mañana siguiente, amanecen temprano porque tienen mil cosas que hacer, una vida social frenética más allá del muro de facebook. Una vida calibrada milimétricamente para que cuadre el corte de cabello, el gimnasio, las clases de inglés, de yoga o de cocina, las compras, lavar el coche, hacer zapping en la TV, emborracharse, jugar el Gears of War, sacar al perro, sacar a la pareja, sacar a los hijos.
Y así día tras día, semana tras semana y un mes tras otro y año con año. Hasta que, por pura coincidencia, consiguen su objetivo: no se escuchan, descartar un contacto íntimo o introspectivo con ellos mismos. Cortan el cordón umbilical que dejaron a un lado los médicos en su nacimiento.
Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior –a ti te estoy hablando a ti-, qué podría decir si la escucharan –que nunca sigues mis consejos- . Tal vez no quieren sorpresas por miedo al abismo –a ti te estoy hablado a ti-, al fracaso del YO, al indomable potencial que todos llevamos dentro -que vives dentro de mi pellejo-.
Imagina que un buen día amaneces pensando que el puto mundo es relativo, y de golpe, comienzas a cuestionar tus rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente te es placentero aquello. Imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda (sí, también los traumas), y empiezas de cero en otra parte, muy lejos de todo pero muy cerca de ti. Imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres. Imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti mismo. ¿Apoco no da miedo?

A ti que no te debo, más que empujón que anoche me llevó…

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Prostitución intelectual

>> miércoles, 29 de junio de 2011

“ADVERTENCIA: Post escrito con los huevos…bueno, no tan literal.”

Imagina que en una visita rutinaria a Facebook, entre las actualizaciones de fotos, notas el escultural cuerpo de tu compañera de bachillerato en su nueva fotografía de perfil. Abres la imagen, para verla en su total y digital extensión. No tardas en divisar que en su seno derecho, sobre el cuello amplio de la blusa, destaca cierto colorcillo pardo interesante (o rosado, o beige, o rojizo, o con un ligero contorno… cualquier color de la amplia variedad de matices carnales que puede haber de pezones femeninos). Abres los ojos impresionado, y sin poderlo negar, excitado.

Como cualquier muchacho con pudor hipócrita, bajas la página para leer los comentarios escritos por otros usuarios, la variedad de idioteces escritas (más amplia aún que la de las propias tonalidades de aureolas), te aturde un segundo: “Uy mami, espero una donde esa playerita esté en el suelo”, “Que pezón tan bonito, ******”, “Invítame a tu cuarto, digo, pa’ tomate yo las fotos y lo que tú quieras” “Mi reina estás bien chula”, “Bonita“, y el nunca faltante “¡¡¡Mamacita!!!” (Ortografía corregida para protección de sus ojos). Entonces, entre los últimos comentarios, uno te llama la atención porque está bien escrito y porque es…diferente.

Blancura celestial que cobija tu desnudes carnal, blancura que palidece junto a la sangre dadora de vida que recorre tu imperfecta humanidad. Cabellos oscuros como mis más bajas pasiones y libres como alabanzas en el alma de Vayu. Ojos de gata en una noche de tormenta, ojos de mujer fatal que cobrarán mi vida una noche de mayo.  Curvas, pliegues y aristas que dan esperanzas a mis sueños y que me permiten despertar con tu nombre en el aliento. Murmullo de hojas que me anima a escribir esto para ti hoy, con la esperanza de encontrar tu gracia envuelta en rocío gélido.

El interés aumenta aún más cuando, al término de unas horas, es el único comentario con un “Me Gusta” de la chica y que los otros han sido eliminados. Te acercas a ella y le haces la plática, virtualmente claro está. Te enteras del chico, que es un poeta mayor que los dos, que es un buen mozo y es agradable, que quizá le gusta a ella. Expresas molestia y ella ya no responde. Entonces, valiéndote de las experiencias que el tiempo de conocerla ha dejado, decides escribir en esa foto un recuerdo sepia sobre su sonrisa (a ver qué pasa). En unos minutos tienes una invitación de amistad del muchacho poeta y un inbox.  “Ella es mía, quién te crees para cortejarla pobre mediocre pendejo?”. Aceptas la invitación y revisas el perfil, por insana curiosidad y por un sesgo de competencia que el tipo ha iniciado con su mensaje.

Entonces observas a la bestia en su madriguera. Desempleado, mal hablado, bebedor, que se expresa de una forma con sus contactos mujeres y  de otra muy diferente con los varones, que agrede y transgrede a quien él guste. Un hombre no ejemplar, un falso caballero. Revisas sus comentarios en otros muros y fotos, y te das cuenta que ha escrito textos muy parecidos a, por lo menos, cuatro chicas más. Te da risa. En una charla con tu persona, llegas a la conclusión de que se trata de prostitución intelectual. Conseguir mujeres usando filosofía barata (Como lo decía uno de tus mejores amigos, molesto con aquel profesor de Filosofía que quería cogerse a su novia).

Decides no decirle nada a tu amiga, esperando que se dé cuenta por sí misma. Pasa el tiempo y por las actualizaciones te enteras de que él tiene una relación con una chica, te alivia saber que no se trata de ella. Ahora quien te busca en el chat es ella, pidiendo una disculpa y diciéndote que vió el engaño de forma tardía. Que se embriagó con las lindas palabras, pero que detrás no había lo que él prometía. Que si querrías salir con ella algún día.

La moneda al aire. La sencillez al escribir. La tranquilidad en la piel. 

La inspiración corre a cargo de una contacto intelectualoide de facebook, y sus fotos sugerentes.

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Diecinueve

>> miércoles, 8 de junio de 2011

¿Qué implica madurar?

¿El paso de los años? ¿La experiencia? ¿Tener un hijo a los 17? ¿Fallar un suicidio? ¿Trabajar? ¿Matar a alguien? ¿Casarte?

¿Qué pasó con el tipo despreocupado e idiota que vivía aquí hace tres o cuatro años? Ya no piensas en morir joven cual estrella de rock. Te preocupas por responsabilidades que ya has adquirido con familiares, amigos y compañeros. Te preocupas por llegar temprano al trabajo que te permite tener dinero para gastar en la pendejada número uno que viste en la plaza comercial. Te emborrachas sin perderte dos o tres veces al semestre. Ya no te preocupas por estar arreglado (o desarreglado, depende del look) para atraer chicas a la cama de un hotel, de tu cuarto o del campo de prácticas. Ya tienes una enfermedad que te ha mermado, una cicatriz de una bobería hecha en tu pasado. Te duelen los golpes recibidos por años. Piensas antes de saltar. Miras pasar los coches a toda velocidad, y te detienes a medir el riesgo de cruzar corriendo la avenida, en lugar de despegar los pies del suelo para aterrizarlos en la acera de en frente. Piensas en que un descontón puede descontarte en seguida. Ya no te acuestas con cualquiera. Te cuidas ¿Ya no vives?

Pero eres feliz, tranquilamente feliz rodeado de libros, nombres en latín, un puñado de amigos, música y charlas sinsentido ambientadas en universos creados por ti y otros en sus respectivas psiques.

Pero volteas a un lado y ves a tus compañeros del bachillerato y ellos siguen en el descontrol. Cuando a las dos de la mañana prendes el computador te enteras de que la fiesta fue lo mejor, que ella está embarazada, que ellos se perdieron la clase de animales y la fiesta (y que llegaron al otro día con la mismas ropas puestas, pero esa es otra historia), que sólo tú y tu alma están en casa a esa hora. ¿Acaso es que te volviste aburrido? ¿Encajas en la joven sociedad universitaria? ¿Si no lo hicieras, te importaría?

Encajas en un par de círculos donde tú eres tanto o más extraño que ellos. Y te sientes extraño, porque tú fumas y tomas, y ellos no. Te ven con cara de asombro cada vez que enciendes un cigarrillo negro que huele a marinada, procuras alejarte de ellos pero se te acercan, los intentas persuadir de que no te sigan y y cuentas contras de ese asqueroso humo que te sabe a gloria. Te retiras, no quieres afectarlos y te vas. Buscas esa soledad que tú y pocos entienden. Recibes llamadas, un par sobre fiestas, mientes y dices que ese día estarás ocupado. ¿No encajas o no quieres encajar? ¿Es muy lejos y te cansa ir? ¿Eres muy bueno para ellos? ¿O eres muy mediocre para ellos?

Pero te aburres de escribir, te recuestas en la cama y extiendes el brazo derecho hasta dar con el libro de pasta dura y desgastada. Despejas la mente y dejas que el fanatismo por Lovecraft retome tu cuerpo marchito, para que el caos reptante te levante más tarde de las cenizas de un bachiller desastroso acabado (con la boba esperanza de renacer en algo mejor...claro, si no me vuelvo loco antes).

PD: Anónima (ex-Anónimo), no sabía que lo había hecho un juego del que participaba sin avisarte y de que tú participaste sin decírmelo. No me llevo una desilusión, tus comentarios tienen la importancia debida, así que tú no se la restes (sólo se me hizo curioso que alguien que no estuviese en mis círculos me leyera, mi blog inició con visitas mías y de amigos cercanos). Por cierto, un errorcillo tuyo me dio la pista, te reto a que camines hacia atrás y me digas cual fué. Saludos

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Soledad...Perra soledad

>> domingo, 22 de mayo de 2011

Necesito que alguien me explique algo. Si soy uno o todos somos, o soy todos y me disuelvo entre nosotros. Debate eterno entre mis dos mundos, tremendamente cómodo por dentro, pero eres tan linda… Ombliguismo, espiritus, suicidio o te doy mis ojos. Suma, resta, número primo o quiniela.
Cuando uno dice ser por completo solo, le llaman locura. Por otro lado, vincular amigos termodinámicos lo llaman dependencia. Perder esos vínculos que te amarran a la tierra rectifica lo primero. Mi caso es el iniciante. Soy humano, humanos somos, sociables por naturaleza, complementarios como testículos (¡¡¡y ovarios y testículos con ovarios y los unos con los otros hasta crear a otro ser que se complementará con otros seres y volverá a girar nuestro ciclo vicioso!!!), simbiótica pura. Afines, amigos, confidentes, familia. Llamar a alguien cuando tienes problemas y escuchar como propios los problemas de alguien. O ahorcar lo tuyo, tus problemas, con el cable del teléfono, con el Ethernet, cadena de perro…o con el cordón umbilical que guardas en la hielera.
Necesidad de vínculos, de contacto, de un aliento impropio en la nuca, de besos en los codos por las noches lluviosas, que te digan lo que sucede a tu espalda. Aunque haya espejos retrovisores y los espejos no mientan (sólo invierten la imágen, pero se asume por naturaleza reflejante) queremos, necesitamos de alguien que supla ese espejo. Creer que lo que dice y no podemos ver es cierto. Confiar. Elegir en quién confías. Poner la mano en el fuego.
Pero dentro de mi (de ti, de todos) hay confianza (me conozco desde que me amamantaron, quizá desde antes) y me quiero, no hay más remedio. Y puedo tocarme también, aunque no la espalda ni besarme los codos. Y puedo vivir del cuento. Hay mucho por hacer aun siendo sólo solo. Libros, cocina, cine, juegos de video, solitarios con cartas remachadas…chatear inventando identidades. Sumar ovejas. Enamorarme de las estrellas, de los planetas y odiar ala luna bastarda que me da la espalda. Crear otros mundos, mis mundos. Comprar la despensa. Revisa mis facturas.
¿Y el sexo? ¡Ja! Siempre habrán habrá putas y prostitutas que no quieran saber mi nombre.
Pero… ¿Y el tacto de las voces y esa mano en mi hombro y tu vagina irrepetible y saber que soy en sus bocas, y cuando dar la vuelta del baile que no sé hacer?. Imagino a Google burlándose de mi ahora, por lo que publiqué hace unos ayeres sobre él y la soledad. ¿Y yo? Mi cuerpo, sin otros cuerpos, sin otros ojos, es chatarra, basura carbonada que no tiene por qué y para que en esta cadena atrófica que llamamos humanidad.
PD: Anónimo, creo saber quien eres. Pero quiza siga con aquel juego del gato y del ratón auto impuesto del que, por egoísmo masoquista nunca te avisé. 

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Daniela (Uno de tantos)

>> lunes, 11 de abril de 2011

Esta historia tiene a un personaje que ha rogado mil veces por ser de papel y tinta, y no vivir lo que escribo para ustedes esta noche. Esta historia satisfacerá a unos cuantos, molestará a otros tontos y será comprendida por unos pocos.

Mi historia nos retorna cinco años y unos meses en ésta vida. 2006, problemas, un acceso a educación media, una huida de la casa paternal, drogas, deudas, un amor pilar, asesinatos, huidas, una muerte que hirió. Una muerte que mató. Los cimientos de la vida hechos polvo en un fin de semana.

Él ya no quería nada, se sentía conforme con lo que había logrado en la vida. Por un par de problemas dejó de vivir con su familia y se fue con un amigo. Estudiaba y trabajaba. Vivía e estancado. Él jugaba, esperando a que de una vez por todas un disparo se decidiese a arrancarle la vida en un suspiro de pólvora, nicotina y plomo. Vivía sin un vivir real. Hasta una noche de octubre.

Entró al lugar como en tantas ocasiones, tomó el mismo lugar en una esquina de la planta superior donde no se escuchaba música, zona desierta la mayoría de las noches. Esta perteneció a la minoría. Esta noche marcaría un cambio, un golpe irreparable en la vida de nuestro muchacho. El procedimiento para seducir a una chica en un bar puede enlistarse: ver la zona, acercarte, hablar, reír, invitar tragos, decir estupideces elegantes e interesantes…una lista realmente larga. Pero por esta vez, las instrucciones quedaron liadas en una mente sofocada por ella. Tez clara, poco más de metro y medio, delgada, cabello negro enmarañado, nariz respingada, lentes de pasta, ojos cafés, labios rosas, nada de maquillaje. Quiza nada especial, a los ojos de muchos, una diosa griega para él. Se sentó frente a ella y la vio por lo que pudieron ser horas...unos minutos en la vida real. Ella se alejó naturalmente asustada. Él reparó en lo que hacía y ofreció disculpas, atropelló palabras, enrojeció y ella, aún cubierta por aquel libro, dejó salir un par de risas. Ambos rieron.

Se enteró, junto a un café, que ella vivía cerca, que no le gustaba salir, pero que ese día tenía que ver a su hermano mayor en aquel bar para que lo acompañara a visitar a una tía enferma, que sus papás estaban tramitando el divorcio, que no estudiaba, pero que leía bastante para no sentirse inculta, que no había tenido pareja en años, pues quitaban el tiempo y que se mantenía soltera, que ella cumplía años en abril, que le gustaban los tulipanes, que su hermano ya había tardado mucho. Que se sentía vacía. Los temas fluyeron, pero desafortunadamente el tiempo también lo hizo. El hermano de ella llegó llamándola por su nombre “¡Daniela!” lo que rompió la atmosfera de ese sentimiento inexplicable que se mantenía en el solitario piso. Antes de irse, deslizó una servilleta con unos números garabateados y un croquis. Él no cabía de gozo.

Salieron un par de veces en el transcurso de ese octubre. Salas de exposiciones, librerías, cafés, bares silenciosos, Reforma. Se besaron por primera vez un cinco de noviembre. De regresó a casa de ella, vio el libro que la cubría cuando se conocieron: Rayuela, de Julio Cortazar. Ella se lo dio a leer, y fue quien lo ayudo a crecer, a salir de ese estanque. Utopía. Era un sentimiento más grande que la felicidad, que no debe ser nombrado.

La relación avanzaba tan rápido como las exhalaciones del universo. Comenzaron a tener amigos en común, a comer y dormir en casa de ella cuando los padres no estaban, con el consentimiento del hermano. Vivir para ellos. Todo iba sobre ruedas, la pareja perfecta se vislumbraba a una edad lo suficientemente tierna como para vivir una perpetuidad más grande.

Él se cegó, él se mintió. Ella necesitaba un pilar, un árbol donde detenerse durante la tormenta que vivía. Él lo fue, y nunca se perdonará por ello.

Daniela, nombre maldecido, lo convenció de pasara la época decembrina con sus seres queridos, que olvidara los problemas y que abrazara a sus papás, a su hermana. Él alimentaba la idea de que ella era la elegida. Para su siguiente cumpleaños, ella le ofreció el mejor regalo que él ha recibido en toda la vida: su virginidad y la promesa de estar eternamente unidos. Pasaron los meses, los problemas de ella aumentaban pero siempre estaba él. El pobre tonto se volvió su roble y protector. Su guerrero de sangre. Él mismo no podía cuidar su vida y se comprometió a salvar la de ella.

Llegó Abril y con él el desequilibrio en la vida de ambos: los padres de la chica se divorciaron finalmente, un amigo del chico había matado a una persona y necesitaba toda la ayuda posible. El muchacho hizo demás, se dejó llevar y llenó de sangre sus manos. Ideó un plan, irse de la capital del país un tiempo en lo que las cosas se calmaban, o morir donde nadie lo conociera, no generar habladurías y perderse en una fosa común. No quería irse y lastimarla con ello, por lo que tomó la peor decisión en su vida: dejarla. Fue unos días después de su cumpleaños, inventó una mentira, ella lloró y agradeció. Lo despidió en la puerta, cuando él dio la vuelta, tuvo un presentimiento que no supo razonar. Groso error. Al siguiente día, él pisaba Guadalajara junto a su amigo. Pasaron quince días sin que él supiera algo. Y quizá habría preferido eso.

Cuando volvió y la buscó, quince días después, se dio de frente con una fría lápida de metal y ninguna cara amiga. Los amigos en común le daban la espalda, los padres de ella volvieron a unirse sólo para hacerlo sentir como una porquería mayor. Él único dispuesto a darle información fue el hermano de ella, a cabio de una rotura de nariz y vomito sanguinolento.

Daniela había tomado una sobredosis de tranquilizantes un día después de que él se fuera a Guadalajara, la intentaron ayudar, pero murió el domingo a las once de la noche y enterrada el lunes a medio día, el momento favorito de ella. Le había dejado una carta y una lista de canciones. Un amor eterno conservado por la muerte. Él quería matarse, quería reunirse con ella y enmendar su error. Una jeringa llena de heroína parecía ser el camino, hasta que una de las amigas que le había dado la espalda lo hizo reaccionar, le hizo abrir los ojos a la realidad de la dependencia de ella hacia él y los ataques que le habían costado la vida. Lo convenció de dejar los intentos de suicidio y comenzar a vivir sin ella. Pero el daño estaba hecho, y él aun en día los intenta curar, al parecer sin mucho éxito.

De esto hace ya varios años. Ya cambiaron la lápida, hay un tulipán muerto junto a ella; los padres de ella volvieron a unirse en lo que duró el velo, después volvieron a separarse y están en paz; el hermano ganó una beca en Canadá, y parece que no volverá; el amigo que vivía en Guadalajara murió hace un año debido a problemas relacionados con el narcotráfico; nuestro personaje volvió a casa de sus padres y estudia una carrera profesional ahora; no ha sabido nada de la mujer que fue su voz de la razón el tiempo en que duró la tempestad; nuestro antihéroe vive, pero a veces se tropieza y teme levantarse, tanto como teme el volver a abrir esa carta y la lista de canciones que conserva en el rincón más recóndito de su habitación.
Y no, esta historia no es una invención, yo lo ví todo desde mi azotea nocturna, mi vida anclada a la de él.

-Le Chat Noir-

PD: Anónimo, disculpa mi terrible ausencia, pero como bono, te regalo un poco de la vida del muchacho con quien comparto cuerpo. 

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Anticuerpo.

>> domingo, 23 de enero de 2011

Procuro no participar en las conversaciones privadas que mantienen entre sí los doctores para los que trabajo, pero dada la estrechez del lugar tampoco puedo evitar escuchar lo que dicen.
La charla de ese día versaba sobre enfermedades, de virus y de fármacos raros. Dado su alto conocimiento técnico (Cinco doctorados, quince artículos publicados en revistas nacionales y uno en Science, en total) apenas conseguí entender palabras sueltas: plaquetas, hematíes, rinovirus, anticuerpos…

Anticuerpos…anticuerpos…‘curiosa palabra’, pensé. Anti, prefijo que significa “en lugar de”, o “contra de”, seguido del lexema “cuerpo”. Sumados, compondrían algo así como “en lugar del cuerpo”, o “contra el cuerpo” (no olvido las lecciones de Latín en CCH después de todo).

¿Contra el cuerpo? ¿qué puede haber contrario al cuerpo? Sé de gente acomplejada con su físico, que no le gusta, lo rechaza o lo hace mutar a base de dinero, bisturís y comidas reducidas. En tales casos, podría decirse que la mente estaría en contra del propio cuerpo. Que el anticuerpo sería, esencialmente, su cabeza.

Pero también, si a mí me dieran a elegir, “en lugar de” mi cuerpo prefiero su cuerpo. Disfruto más de su piel que de la mía. Sus curvas, sus poros, su vientre, sus pechos, su cuello… ¿Sería ella mi anticuerpo?

Nada más tomar un descanso del trabajo, le llame.

- Eres mí anticuerpo - le dije. Y colgué.

Minutos después recibí un mensaje de texto suyo:
“No he podido evitar encerrarme en un baño del colegio para tocarme tu anticuerpo mientras pienso en ti”.

Sonreí y volví al laboratorio, esperando escuchar otra palabra que me inspirará un nuevo sustantivo para dedicarle a ella.

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Caminante

>> miércoles, 5 de enero de 2011

Gabardina negra, un sombrero de ala ancha y los zapatos del trabajo. Un paquete iniciado de cigarros, el encendedor y el cuchillo sujeto en el cinturón. Caminata nocturna.

La colonia sumida en silencio logra que te hundas más en la molestia, en la violencia y demencia...en la impotencia existencial. Lo único que acompaña tu andar es el eco lejano de tus pasos y alguna nota navideña de las luces con que adornan tu calle. Continúas, inicias el primer cigarro y calas hondo, lastimándote la garganta y esas viejas cicatrices. No importa, sigues, te consumes y caminas. El tiempo no importa, el tiempo no es algo que te interese ahora, son las tres y media de la mañana y sólo quieres dar salida a esas ansias. Miras tu sombra burlándose de ti, caricaturizando tu andar ondeando la gabardina que otrora perteneció a tu abuelo. Tu caminar sin sentido, el sombrero y el mango del cuchillo destacando de tu pantalón, te produce disgusto.

¿Dónde quedaste? ¿Dónde está el muchacho orgulloso e imponente? Oculto entre las sombras del pasado y la locura, encadenado cual Prometeo por dar la luz a un ser despreciable que se revuelca en oscuridad. Reptando por las calles vacías, buscando una víctima para saciar su arranque de furia y así poder descansar tranquilo esta noche.

No pasa más de veinte minutos cuando una silueta se descubre bajo un poste del lado izquierdo de la calle. Ha llegado un afortunado. Por impulso, abres la gabardina y acaricias el mango del arma. Él camina hacia ti cuando tu sombra lo alcanza, tiras el cigarro, sonríes, saca una pequeña navaja y se abalanza contra ti. Groso error. Tu arma sale del cinturón con un movimiento limpio y entra completa en el abdomen del asaltante. La mueca de dolor en su cara te divierte, giras el cuchillo para provocar un daño aún mayor. Se retuerce, deja caer su arma, sus piernas se colapsan y caé al suelo hecho un ovillo. Notas que toma aire para gritar, tu mano libre aprieta la faringe para impedirlo. Está aterrado. Te burlas en su cara mientras la desfiguras con los dedos. El cuchillo juega en el pavimento junto a su oído izquierdo. Un perro ladra, decides que es el momento final y golpeas la cara del sujeto. Se protege el rostro y entonces haces la jugada final: pasar el cuchillo por su cuello, de izquierda a derecha en un degüelle perfecto. Tres perros más se han unido al coro. Debes irte. Aprovechas un fallo en la calle que da una pequeña barranca para tirar el cuerpo.

Caminas de regreso, la paz invade tu cuerpo a pesar del cansancio. Tarareas las notas navideñas. Ahora tu sombra es benevolente contigo. Ha llegado un suplente en cuanto a grandeza en tu porte. Ve a casa, toma un baño para quitarte el sudor y la sangre, descansa.

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Las costillas rotas de Adán

>> lunes, 3 de enero de 2011

Te escucho en silencio, cada palabra es un ariete en mi cabeza y cada sollozo son cientos de flechas dando contra mis sienes. Asesino mis cuerdas vocales por respeto a tu duelo antecediendo al mío (la calle no importa, la sangre tampoco, sólo estás tú, lo que me interesa eres tú). Te veo entre nuestras lagrimas y sólo alcanzo a escupir uno que otro “ajá, ajá” junto a borbotones de sangre. ¿Qué puedo decir ahora que parezca reconfortante?

Aquí, viendo la lluvia de estrellas sobre el callejón, no puedo engrapar las fisuras de tu pasado (ni del mío, ni del nuestro), pero sí tenderte un cachito del tiempo que me resta, el tiempo que duren las pulsaciones, o lo que tarden las sirenas en llegar, lo que pase primero pero que prolongue a su vez tus palabras.

Y siguiendo el hilo ahora comprendo por qué me lo estás contando precisamente a mí, un nuevo desconocido debido a los años apartados. Ahora sé que todo tu entorno está implicado, que todos forman parte del problema sin saberlo. Cometiste un error que no te perdonaría nadie de los que dicen quererte… Tal vez te pese más comenzar de cero y huir que afrontarlo o negarlo o esconderlo bajo siete llaves. Aunque ciertas cajas fuertes acaben por oxidarse por dentro y lo pudran todo.

El paso del tiempo cura heridas pero no regenera las mutilaciones del alma. La memoria no siempre actúa como la cola de una lagartija, sino como un miembro que se pierde y nunca crece.

No puedo decirte nada que te reconforte, pero si proponerte algo:

Usar una prótesis que compense el muñón de ese error. Aprende a vivir con tu cojera: hazla sexy. Empieza de cero si es lo que quieres, pero asegúrate de que tu nuevo entorno sepa que la nueva Eva no es la costilla de ningún Adán, sino la que mató a la serpiente de su pasado. Tampoco trates de evitar que esos lindos ojos rojos te delaten. Las lágrimas te sientan bien. Hacen juego con la sangre que baña el suelo y mi camisa (los peritos rodearán con gis las gotitas de lágrimas, como si fuesen pequeños cadáveres junto al mío).

Supongo, ahora que tengo el puzzle resuelto (o que creo tenerlo, realmente, pero dado el poco tiempo que tengo diré que está resuelto), que al haberme afectado cometiendo ese error creíste que disparándome, el error se limpiaría de tus antecedentes. Espero no ser ahora el parte aguas de un mal inicio. Corre, las luces titilan en la calle de junto y los policías comienzan a bajarse de las patrullas. Suerte. Adiós.

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Ese beso...

>> lunes, 15 de noviembre de 2010

Eliminados ya los momentos más propicios por cobarde (y pendejo), el adolescente al fin cerró los ojos, se armó de valor y besó a la adolescente por primera vez en el asiento longitudinal del metro. Giró la cabeza hacia ella y, al ver que ella no giraba la suya dobló su cuerpo hacia sus labios y la besó. Al primer contacto ella se mantuvo quieta, erguida (no lo esperaba o al menos no ahí, no en el túnel entre Zapata y Coyoacán), pero luego se dejó besar, abriendo un poco la boca, sólo un poco, a la espera tal vez de su lengua, la primera lengua ajena en contacto con la suya.

Rara sensación pero a su vez excitante, como toda novedad mitificada en los juegos de la escuela, en las películas, en la televisión o en las canciones. Así pues, en el instante del beso, ambos sabían lo que tenían que hacer aun sin haberlo hecho nunca: Pegar sus labios y dejarse llevar él por ella y ella por él. Tantear luego el terreno sacando tímidamente la lengua, como sin querer, buscar la opuesta al otro lado de la frontera de sus dientes y que las lenguas se rocen y se ablanden si están tensas y se muevan lentas; que nadie interpreta la urgencia en el otro.
Después es cierto que cuesta saber cuándo dejar de besarse. Ellos dos lo hicieron sin más, quedó algo frío: Separando él su boca de ella y apartando ambos, casi al instante, la mirada. Tampoco hablaron. No sabían qué decir.

Se detuvo el convoy al fin en Copilco, ella se bajó con un simple y tembloroso “adiós” y luego el pitido del metro anunció el cierre de puertas y el consiguiente avance.

Biopsiando a través de mi libro su cara de bobo, imaginando el monólogo de sus pensamientos (“¡Wuaa!¡ La besé, wey! Muy bien. Ya chingaste. ¿Muy brusco? Naa… Estuvo bien. Se notaba que ella también quería besarme. Y además, abrió la boca y movió la lengua, carnal. Ufff… cuando se lo cuente al José… ¡Chingón! mañana la beso otra vez. Después de clase, al despedirnos. O de camino, en el parque…¿Se dio cuenta el wey del libro? ¡A la chingada el wey del libro! Yo creo que no. Anda con la nariz metida en esa cosa y los audífonos puestos. Seguro que está en su pedo…” )

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Consecuencia (Secuencia)

>> viernes, 8 de octubre de 2010

Hoy sólo quiero apoyar la cabeza sobre el vientre de una mujer cualquiera mientras ella lee o mira la tele sin hacerme caso, buscar su sexo y que ella chiste y me diga no, y cierre las piernas y me aprisione la mano y me duela tanto la mano que acabe en urgencias, examinado por un traumatólogo bizco (amigo de mi amigo Federico, amigo imaginario). Que el traumatólogo se confunda y me vende la otra mano (por la situación de sus ojos), la que no me duele, la izquierda, y yo no le diga nada por no molestar (sí, así soy….almenos cinco inutos al mes) y salga del hospital con el brazo erróneo en cabestrillo y entre a mi coche y maneje el volante con la mano mala (que aún huele al sexo de la mujer cualquiera que cerró las piernas) y se monte otra mujer tan guapa como me dé la gana y me indique otra ciudad como destino y luego me pregunte por el vendaje y yo mienta y diga que me mordió Jacinto, mi koala, al robarle un par de chicles de bambú.

- ¿Tienes un koala?
- Sí. Lo heredé de mi padre.
- ¿Tu padre murió?
- No. Fue una especie de herencia en vida – (tampoco es cuestión de matar a mi padre, no?).

Que luego paremos en un Oxxo y que, tras el tercer Red Bull, la mujer me confiese estar huyendo de la policía por un asunto de tráfico de almas (roba almas de gente con alma y luego se las vende a políticos, a empresarios y a escritores de libros de autoayuda) y yo reaccione diciendo que no me importa, que sólo quiero apoyar mi cabeza en su vientre, por favor, y ella acepte y me arrastre hasta el aseo de la tienda, se tumbe sobre el mugriento suelo, se suba la blusa y yo me tumbe formando una “T” con su cuerpo y plante mi oreja a la altura de su ombligo y luego busque con mi mano mala, la que duele, su sexo y ella cierre las piernas y…

(…sigue tú la secuencia)

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Algo duele...

>> jueves, 15 de julio de 2010

Hoy estoy ultrasensible. No me toques. Me harás daño.

Hoy mi piel se dio la vuelta. Todas las heridas al aire. El aire son cuchillos.
Sladré cubierto, sólo de noche…el sol violaría.

Caminar sin tocar a nadie…hoy me dan miedo.

Y escuchar, quizás, alguna canción de los Rolling Stones, la que sea pero sólo una, siempre la misma, una y otra vez, y otra, y otra. No por su música, ni por sus letras, sino por su voz. La voz de Mike Jagers hoy encaja.

Y llorar suave aunque las lágrimas no me dejen ver el mar. Aquí no hay mar. Todo es mentira.

Que al llegar a casa estés dormida, por favor. Y me tumbe encima de las sábanas, sin cubrirme….dolerían.

Y ahí quieto respirar lo justo para no despertarte. No sabría qué decir si despiertas con ganas de abrazos o palabras. Hoy todo duele. Como si las paredes del corazón fueran de velcro y las costillas también, macho y hembra, y en cada palpitación sonara kkkkjjjjjjasssshhhh. Una sensación rarísima.

No es que hoy no te quiera, amor. Es que hoy no me soporto.

No me apetece ser yo. Tal vez mañana. O el día quye sigue. O el mes/ año entrante. Quiza en otra vida.

PD: No, no hay nadie en cama, sólo una moneda fría, pedazos de piel, yo y ahí abajo la soledad.
PD2: Cada día duermo más tarde si es que duermo....eso no va bien XP

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Sobre amores, metafísica amorosa y estadística Iansiana

>> martes, 13 de julio de 2010

Todas las parejas que pasan frente a mis ojos encajan, pegan, cual Guanina y Citocina. Su unión no es casual. Todas guardan un lógico equilibrio: Las novias o mujeres de los chicos, señores (hasta niños) guapos son guapas, de los gordos, gordas, de los adinerados, niñas bien (de esas con perlas en las orejas y ombligos y modales maristas), de los pocacosa, mujeres de cuidado. Los novios o maridos de las sumisas son cabrones machistas, de las hippies, naturistas que andan en bici de cabello largo y ojos claros. Y si a través del físico no encajan, habrá una historia oculta o cierta pulsión psicológica o casual que seguro te hará comprender por qué encajan.

La cajera fea del Soriana seduce al agente de seguridad, y la guapa se coje al gerente (aun esté casado, según se dice). La guapa e inteligente directiva, hastiada de acostarse con guapos, buscará al de “belleza exótica”: feo pero atractivo, de marcada personalidad, seguro de sí mismo, misterioso, ecléctico, triunfador (ni puta idea de quien pueda ser así, pero los debe de haber, no?).

A los hombres viejos con mujeres jóvenes y guapas sólo los he visto en Polanco, Coyoacan o Lomas: ahí en restaurantes de moda o a elegantes mansiones. Nunca, jamás de los jamases los he visto en La Lagunilla, Tepito, El Centro, Tacuba, Azcapo, etc. (no son prejuicios, sino pura estadística).

Tendemos todos, pues, a aspirar (en cuestiones de amor) a lo afín, a la oferta que gire en torno a las posibilidades físicas, económicas o sociales de cada uno. El amor es clasista. El amor está condicionado. El amor es mentira. Buenas Noches =).

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Razones

>> jueves, 8 de julio de 2010

¿Los insectos tienen frio?

Ahora me pregunto yo hasta qué punto me interesa conocer la esencia de las cosas, su ciencia o el mecanismo de la misma vida: Que vengamos de la tierra o seamos como palomitas de maíz disgregadas por ese gran microondas (que necesita un doble piso) que es el útero de Dios. O si Dios estuvo al principio y luego se fue de putas (las mismas putas que él creó: ¿eso es incesto?) y nos dejó con las nalgas al aire, a nuestro libre albedrío. O si Dios no es más que un concepto creado por el hombre, el comodín que usamos cuando nos faltan respuestas.

O puede que la vida no sea más que un mero trámite, burocracia, el típico espacio en blanco de un formulario a rellenar por ti que lees esto ahora. Yo en mi espacio ya escribí la palabra “Biología” con tinta negra y papel carboncillo (la otra copia es para Alfonso Luis Herrera), y en mi futura lápida haré que pongan un botón grande rojo, que diga “no oprimir”, para que todo aquel que venga a llorarme o a escupirme pueda picarlo y reirse.

Y por mucho tiempo que viva, nunca será el suficiente. Y jamás querré conocer el mecanismo de mil cosas: porque las drogas son tan parecidas a las sustancias que el cuerpo secreta, y a ambas te vuelves adicto, como buen ejemplo. Quiero seguir pensando que es por arte de magia, la misma magia de la que está hecha la vida, o el amor (el que se atreva a descubrir la fórmula matemática que cuantifique el amor, LO-MATO). No quiero llenar mi cabeza de datos, sino de emociones: me interesan más los poemarios que los libros de Geografía (¿por qué saber el nombre de un río, si el agua fluye?).

(Jaja, amo mi carrera, pero tanta exactitud a veces me abruma.)

Quiero que el sexo sea sexo y sea rico. Que las paletas de sandía me refresquen en un aguacero, y que saltes junto a mi en los charcos. Sólo quiero que el dolor duela y que una sola caricia tuya consiga que se me ericen las vellosidades intestinales (proyecciones diminutas con aspecto de pelo que cubren el interior del intestino delgado. Contienen vasos sanguíneos y ayudan a absorber los nutrientes, provecho). Sólo quiero esa esencia pura, de las cosas, sólo eso, y disfrutar el purificarlas.


PD: Agente N, gracias por hablar de la polilla/mariposa con frio. Jaja, yo obtengo oro de las cenizas XP

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El salón de los heroes

>> miércoles, 30 de junio de 2010

Sé que sabes acerca de las historias medievales, sé que has leído o visto algo acerca de ellas y te has maravillado con las imágenes, los paisajes, las armas, las historias (y por qué no? Las doncellas y guerreros), y que has fantaseado con formar parte de una de ellas. Un imponente guerrero de brillante armadura y despiadada espada? Un omnipresente hechicero de barba blanca y conocimientos insuperables? Un líder de gran valentía e inquebrantable temple? Una elfo de exuberante belleza y habilidad proporcional? Un o una mercenario que quiere volverse rico o rica? Todo es posible.


Pues esta noche, con la luna observándome desde lo alto, con Caelum mi halcón sobrevolando la noche lluviosa y mi caballo Vladimir galopando sobre la hierba. Te invito con nosotros a escribir la historia, a formar parte de un foro de rol y vencer a las oleadas de muertos vivientes que azotan las tierras de Iserboir. Con tu ayuda podremos hacerlo, te nos unes?

El salón de los heroes, nuestra historia comienza.


Isaac Bahadur
Cetrero y hechicero al servicio de nadie.

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Metamorfosis (Primeras Mariposas Estomacales)

>> viernes, 25 de junio de 2010

Levante la cara y les vi. Tres humanitos, dos chicos y una señora (mamá de ella, nomas porque quise). La pequeña no tan pequeña Alejandra, en el centro, entre su madre y su amigo Saúl. Los niños no tan niños (compañeros de clase, me gritaron sus uniformes) tendrían 11 ó 12 años; la madre tendría unos cuarenta y pocos años.

Regresaban de la escuela, con las mochilas en el suelo del vagón y el suéter en la cadadera. La madre de Alejandra se ofreció a regresar también a Saúl, en uno de esos favores que suelen hacerse los padres cuando no todos pueden (o quieren) acompañar a sus respectivos hijos.

Ella, la madre de Ale, miraba el túnel por el cristal mientras los nenes no tan nenes permanecían serios, formales y en silencio. Aunque nada más lejos que la realidad, una mentira más en la ciudad: De reojo y al menos durante un instante, me percaté también del dedo meñique de él tratando de rozarse a propósito el meñique de ella. Luego, siempre atentos a cualquier giro visual de la madre, se regalaron un par de miradas nerviosas, sonriendo con los labios apretados y las mejillas (al menos las de ella) en creciente sonrojo. Sin duda eran novios primerizos, clandestinos, de chocolate.

Intuí que ese miedo a ser sorprendidos por la madre era nuevo para ambos. “¿Miedo o morbo?” pensé. En lo que dura el primer amor todo es misterio, incertidumbre; pureza de un instinto desinteresado, no sexual (o al menos, por ahora, al menos así lo creí). Apenas aprendes a besar, y cada beso es un mundo. Y del roce entre dos dedos haces un mundo. Nunca sabes qué vendrá después o si lo sabes no te atreverás, por el momento, a dar el paso por miedo a tropezar y aparentar torpeza ante los importantísimos ojos de tu primer “Saúl” o tu primera”Alejandra”. El amor más puro es torpe y huele a nuevo. Como recién salido del paquete. Con el unicel que evita que se maltrate.

El segundo amor ya no es lo mismo. Está viciado: Arrastra la experiencia del primero. O al menos, yo así lo recuerdo.

PD: Cambié los primeros nombres imaginarios de ellos, respetando así su tranquilidad y anonimato, gracias.

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Discusiones.

>> viernes, 18 de junio de 2010

No se puede hacer nada, no, ya no ya, ya, ya. No lo quiero, no mi fin, no ahora. Que sea rápido, que termine de una vez, que entierre el acero en mi corazón y lo ofrezca a los dioses. No, no puede hacerlo. Quiero que lo haga. No tienes ningún derecho! Tengo el mismo que tú. No, no, no, no, yo no moriré contigo, yo merezco vivir. Si yo muero tú lo haces, tarde o temprano, pero mueres. No, no, no, me ayudará a superarlo, a vivir en paz, a seguir adelante, ven hermano, ella es nuestra esperanza, ella es.... Ella es la causante. ¡No! Lo sabes, abre los ojos por Dios. ¡No! De acurdo, no veras como morimos, entonces. No lo hagas, no hay otro camino. Lo hay…debe….debe de haberlo. Muéstramelo y lo seguiré. No…no puedo ahora. Ven vámonos.



Hermano por favor, la temperatura desciende. Caronte nos espera, no olvides las monedas. Tendrá plomo, las monedas valen menos. Bien dicho. ¡No! Vamonos. No, por favor. No querras estar aquí, ella te abandono. No, regresara, debe regresar, no puede hacerlo no…Sí, si puede, abre los ojos, ya lo hizo. No…esa maldita, esa…esta ahí, con la guadaña lista, con…con…con esa aura de tranquilidad. Te lo dije. No es lo correcto. No, no es. ¿Por qué lo haces? Porque es lo mejor que tenemos a la mano. No, yo, ya….me rindo. Gracias, ven siéntate. ¿Listo? Yo….yo…sí. Cierra los ojos, descansemos.


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Extracto

>> sábado, 5 de junio de 2010

...

Y entonces entonaste dulces gritos
comenzó el más viejo de los ritos
¿fuiste tu, fui yo o sencillamente fue algo superior?
y añadiste “si lo hacemos, tonto mío,
pues hagámoslo como es debido"
“y ¿cómo es eso?” pregunté y tú me dijiste “justamente así no”
y paraste, “me lo tengo prohibido”
yo protesté empapado y más que aturdido
y ahora sí que sí que yo...

me he perdido.

...

Me he perdido, de Nacho Vegas, está buena, no?

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Visitantes de otra jungla

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