...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Soledad / Introspectiva

>> miércoles, 18 de enero de 2012

Levanto la mirada y miro en sus ojos la triste y agónica necesidad de sentirse acompañado. Les miro enganchados al celular, les veo mirando el reloj impacientemente, mirando inquietos el paso de las estaciones. Todos necesitan que exista alguien al otro lado del teléfono, o esperándolos en la salida del metro, o llenando cada hueco de su agenda para no estar nunca solos y poder evitar el silencio...o quizá el vacío. 
Se tapizan de planes, de eventos, de muros… y terminan exhaustos, rendidos, y duermen tranquilos por las noches (o por que se cansan o por las pastillas del buró). Entonces, a la mañana siguiente, amanecen temprano porque tienen mil cosas que hacer, una vida social frenética más allá del muro de facebook. Una vida calibrada milimétricamente para que cuadre el corte de cabello, el gimnasio, las clases de inglés, de yoga o de cocina, las compras, lavar el coche, hacer zapping en la TV, emborracharse, jugar el Gears of War, sacar al perro, sacar a la pareja, sacar a los hijos.
Y así día tras día, semana tras semana y un mes tras otro y año con año. Hasta que, por pura coincidencia, consiguen su objetivo: no se escuchan, descartar un contacto íntimo o introspectivo con ellos mismos. Cortan el cordón umbilical que dejaron a un lado los médicos en su nacimiento.
Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior –a ti te estoy hablando a ti-, qué podría decir si la escucharan –que nunca sigues mis consejos- . Tal vez no quieren sorpresas por miedo al abismo –a ti te estoy hablado a ti-, al fracaso del YO, al indomable potencial que todos llevamos dentro -que vives dentro de mi pellejo-.
Imagina que un buen día amaneces pensando que el puto mundo es relativo, y de golpe, comienzas a cuestionar tus rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente te es placentero aquello. Imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda (sí, también los traumas), y empiezas de cero en otra parte, muy lejos de todo pero muy cerca de ti. Imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres. Imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti mismo. ¿Apoco no da miedo?

A ti que no te debo, más que empujón que anoche me llevó…

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Caminante

>> miércoles, 5 de enero de 2011

Gabardina negra, un sombrero de ala ancha y los zapatos del trabajo. Un paquete iniciado de cigarros, el encendedor y el cuchillo sujeto en el cinturón. Caminata nocturna.

La colonia sumida en silencio logra que te hundas más en la molestia, en la violencia y demencia...en la impotencia existencial. Lo único que acompaña tu andar es el eco lejano de tus pasos y alguna nota navideña de las luces con que adornan tu calle. Continúas, inicias el primer cigarro y calas hondo, lastimándote la garganta y esas viejas cicatrices. No importa, sigues, te consumes y caminas. El tiempo no importa, el tiempo no es algo que te interese ahora, son las tres y media de la mañana y sólo quieres dar salida a esas ansias. Miras tu sombra burlándose de ti, caricaturizando tu andar ondeando la gabardina que otrora perteneció a tu abuelo. Tu caminar sin sentido, el sombrero y el mango del cuchillo destacando de tu pantalón, te produce disgusto.

¿Dónde quedaste? ¿Dónde está el muchacho orgulloso e imponente? Oculto entre las sombras del pasado y la locura, encadenado cual Prometeo por dar la luz a un ser despreciable que se revuelca en oscuridad. Reptando por las calles vacías, buscando una víctima para saciar su arranque de furia y así poder descansar tranquilo esta noche.

No pasa más de veinte minutos cuando una silueta se descubre bajo un poste del lado izquierdo de la calle. Ha llegado un afortunado. Por impulso, abres la gabardina y acaricias el mango del arma. Él camina hacia ti cuando tu sombra lo alcanza, tiras el cigarro, sonríes, saca una pequeña navaja y se abalanza contra ti. Groso error. Tu arma sale del cinturón con un movimiento limpio y entra completa en el abdomen del asaltante. La mueca de dolor en su cara te divierte, giras el cuchillo para provocar un daño aún mayor. Se retuerce, deja caer su arma, sus piernas se colapsan y caé al suelo hecho un ovillo. Notas que toma aire para gritar, tu mano libre aprieta la faringe para impedirlo. Está aterrado. Te burlas en su cara mientras la desfiguras con los dedos. El cuchillo juega en el pavimento junto a su oído izquierdo. Un perro ladra, decides que es el momento final y golpeas la cara del sujeto. Se protege el rostro y entonces haces la jugada final: pasar el cuchillo por su cuello, de izquierda a derecha en un degüelle perfecto. Tres perros más se han unido al coro. Debes irte. Aprovechas un fallo en la calle que da una pequeña barranca para tirar el cuerpo.

Caminas de regreso, la paz invade tu cuerpo a pesar del cansancio. Tarareas las notas navideñas. Ahora tu sombra es benevolente contigo. Ha llegado un suplente en cuanto a grandeza en tu porte. Ve a casa, toma un baño para quitarte el sudor y la sangre, descansa.

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Flashbacks (+ Zapping + Tu Espalda)

>> martes, 16 de febrero de 2010

Pienso en ti cuando hago zapping. En los cruces de peatones, en Las Islas, en las vías del Sub Urbano, en las calles de San Pedro. Tres veces al día, con mis ojos clavados en el rastro de tiza de un cadáver bajo la lluvia. Pienso en ti a cachos, por partes. Tú eres piedra, yo soy papel y mis manos tijeras. Trato de recortarte con miedo… o quizá párkinson. Difícil tarea para un niño venido a menos.

Son flashsbacks de tu espalda pixeleada. Momentos comprimidos, y en promoción de tres por dos. Tu pubis como el rostro de Dios. Tus pies rabiosos. Tu sangre de savia. Los toldos de tus párpados dando sombra a un Camaro. Tu aliento sin-cero (no, no es sincero). Tus migrañas. Tu goma del pelo ahorcando el cuello de mi orgullo. Tus besos suaves como un boletín de Gandhi entre mis labios. Pensar en ti es morder con las encías un jersey de mezclilla.

No es tu tacto, sino el recuerdo que tengo de tu tacto, la imagen mental de tu tacto. El sabor de las yemas de mis huellas sobre tu tacto. El olor a tierra fértil de tu tacto. Las ganas de emitir sonidos indescriptibles a través de tu tacto, de ser un cerdo en el reino de los dedos. Un cerdo pequeño y valiente, un cerdito vietnamita, pero un cerdo al fin y al cabo.

Tengo ganas de tenerte ganas. Ganas de resucitarte de entre los recuerdos muertos, asesinados a cabezazos y machetazos en el pecho. Ganas de desempolvar los píxeles de tu espalda.

Pero hoy no. No me encuentro bien. La puta AH1N1, supongo.

PD: He leído oído en la radio que si tienes asma, estás embarazada y/o estás viejo es mas probable que contraigas la enfermedad…yo fui asmático, ¿eso cuenta?
PD2: Puta mierda! Como puedo sacarte de mi cabeza si insistes en no salirte…y aparte eres necia chinga!
PD3: Buenas noches =)

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>> domingo, 14 de febrero de 2010

Un sms me recordó hace unos minutos que es 14 de febrero (sé que día es, pero...saben a qué me refiero) y me reclamo una entrada que ni siquiera estaba planeada, y no, no es esta (si ya te decepcionaste puedes retirarte).

Será que este año no hay musa "positiva" que eche a andar los engranajes de mi esencia, de mi cabeza y de mis labios (o dedos en la computadora), no. Mis ultimas relaciones han sido todo menos relajadas/gratificantes/disfrutables, la entrada de hoy noche está dirigida para la otra parte, para los "desafortunados" que no tienen con un amor con quien derramar miel, pintar el mundo de rosa y regalar elipses cruzadas. Y mejor aún, no es una entrada escrita por mi...mucho menos, la canción la conocen y la han cantado. Y almenos a uno le recordará a aquella chica que los dejo o a la que dejarón y que desearían estuviese ahora con ustedes. Para ellos es esto.

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De Amores a Primera Vista..

>> jueves, 21 de enero de 2010




Imagina que nada más cruzar nuestras miradas me enamoro perdidamente de ti, del marco de tubos y personas del metro que te rodean, de tus ojos, de tu aliento, de tus flechas o de lo que fuera que tuvieras distinto al resto de mujeres en el vagón, en el mundo.... Imagina que, víctima de ese embrujo, tropiezo con tu archivero a propósito, entablo diálogo, bromeo y accedes a tomarte un café conmigo, una cerveza o una puesta de sol (aunque sólo fuera por la incertidumbre de mi tibieza). Que consigo descifrar y decirte lo que necesitas oír y manejar los tiempos según tu prisa. Que la primera cita se convierte en una segunda, y la segunda en quinta (en proporción directa al aumento en intensidad de nuestros ritmos cardiacos-como amo eso-).

Imagina que, tras los citados trámites, consigo que tú también te enamores de mí (aunque a un ritmo más lento), que aquel trayecto iniciático, al fin, se convierte en deseos (uno por cada estación, 13, de Hidalgo a Copilco). Que arriben sentimientos mutuos y un futuro convertible en presente perpetuo. Que acabamos viviendo juntos, compartiendo hipoteca, genes, bienes gananciales y champú. Que tenemos tantos hijos como tú quieras y tantos nietos como nuestros hijos quieran:

De la línea 2 a la 1, de la 1 a la 3, de la 3 de nuevo a la 2 y de ahí al panteón familiar.

Sólo quiero decir que la incertidumbre y el azar puede hacernos cambiar de vida en cualquier momento: Siempre hay que estar alerta, despiertos (incluso en sueños). Inyecciones de LSD en cada ojo. Como metáfora, claro.

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De divanes, pezones...perdones

>> miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ayer, en la mañana y en el hospital vi a mi antigua psiquitra. Por estas fechas, el año pasado, estaba sentado frente a ella ignorandola levemente "Ese muchacho tiene problemas con las figuras de autoridad, las reta demasiado, bla bla bla". No pude evitar escribir algo al respecto.
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Si me dices que el estornudo de un koala huele a eucalipto, ¿tengo que creerte?

Si te digo que soy claustrofóbico de mi mismo cuerpo, ¿tengo que creerme?

Si te creo más grande que yo, ¿tengo que crecerme?

Me hablas para que yo te hable. (Preguntas/Contesto a veces al revés). Tomas notas en un lenguaje distinto al mío. Te metes en mi cabeza cuando quieres y aprietas todos los botones con guantes de látex.

Cruzo las piernas como sólo saben cruzarlas los monjes del Tibet (y yo). A través de la mesa de cristal escribes mis gestos en folios blancos y alineados. Todo está limpio. El consultorio de un psiquiatra es el lugar más aséptico del mundo. Me miras y sueltas la pluma. Fijo la vista en tu escote. Para vivir de un diván tienes un par de pechos estupendos.

- ¿En qué piensas? - me preguntas.

- En koalas - te miento.

De repente estornudas y de tu boca sale volando un chicle que acaba pegado en una pluma de mi atrapa-sueños (de hoy en adelante se llamará atrapa-chicles también). Lo tomo, es de eucalipto.

- Perdón - me dices tomándolo de mi mano.

- ¿Pezón? ¿qué pezón? - suelto extrañado.

- He dicho "perdón". ¿Por qué has entendido "pezón"?, ¿en qué estabas pensando realmente, David?

- Anoche soñé que era un faquir tumbado en una cama de pezones.

- Te lo estás inventando. Acabas de morderte el labio.

- No te soporto.

(Silencio)

- Se está acabando tu tiempo por hoy. ¿Alguna cosa más?

- Sí. Últimamente me siento desproporcionado.

- Bien. Prosigue - me dices cogiendo de nuevo la pluma. Escribes.

- Mi carcasa nunca se amolda a mi maquinaria. O me siento grande por dentro y me
aprieta la piel, o me siento pequeño y me sobra pellejo. En cualquier caso creo que sufro de "claustrofobia corporal". ¿Eso existe?

- Ya son las ocho.
Saco de la cartera un billete de quinientos pesos y un par de cien, los dejo sobre la mesa y me levanto.

- Hasta el viernes, David. ¡Felices fiestas!

- Sí, claro.

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In a Virtual Life

>> lunes, 14 de diciembre de 2009

Esto del internet es una especie de droga, de una necesidad desesperante…¿o fue un virus que se coló en mi cabeza la última vez que me quede dormido sobre el teclado? ¿O la última vez que inicie sesión? No lo sé, pero lo que sé bien es que ahora manejo mi vida como si estuviera navegando por una red de calles con archivos adjuntos caminando por las banquetas…¿o circuitos?

Entro en la red subcibernetica del Ares y casi mando a la papelera a un archivo en formato PDF, y al teclear el “cancelar” se abre una ventana nueva que en realidad es un par de puertas, las del vagón…o código.

El avatar toma asiento a mi lado y comenzamos a chatear mientras, a través del Google Earth, llegamos a nuestro destino. En esto selecciono el videochat de mi lente derecho. El usuario parece ;-), pero luego se detiene todo (por saturación de la red, supongo) y su rostro se torna :(

Abatido por su nuevo emoticono pulso Esc, pero el sistema no responde; seguimos atascados entre M.A. de Quevedo y Copilco. No me queda otra opción que apagarme y encenderme.
Apagarme es fácil. Sólo tengo que presionar ctrl.+yugular+un tecleo fuerte en mi quijada.

Pero pierdo el conocimiento.

Unos cuantos bytes después alguien me reinicia mediante un masaje cardiaco. Abro los ojos: Es el pingüino de Linux clickeando sus aletas sobre mi torso desnudo.

Estoy vivo gracias al Software libre.

Otra transfusión DOS, y a seguir ching...andando.
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Sí, el titulo es parecido al slogan de alguna marca de Vodka que saben que me gusta...no es mera coincidencia, quiero una botella!!! y ya mero es mi cumple he! jaja.

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Recuento

>> martes, 8 de diciembre de 2009

Por alguna extraña razón, cuando fuimos pareja nuestros horarios nunca coincidieron. Pero hace una semana, después do otras cinco de haber terminado “en paz”, nuestros caminos se cruzaron en el camino a metro Copilco.

-¡Joaquín!- Escuche a mis espaldas cuando le daba una calada más al ultimo camel de la cajetilla- Si viniste.
-¿Perdón?- pregunté confundido.
-Te mande un correo esta mañana, te dije que quería verte en mi casa…bueno, en mi facultad o el metro y de ahí a mi casa.
-Karen, tú sabes que leo los correos sólo en la noche, y anoche…no estaba en casa- Sí, me había acostado con otra en un hotel de mala muerte, pero…no tiene porque enterarse, ¿no?

Hubo un silencio bastante incomodo, busque otro cigarrillo, mismo que me había fumado apenas salía de C.U. Ella fue quien prosiguió la plática

-Es cierto, pero…ya estás aquí ¿Tienes algo que hacer en la tarde? También sé que no llegas a la clase de los viernes y que no te importa mucho.
-Yo…
-Anda vamos…
-Vale, el metro es hacia allá.

Recuerdo que abordamos cuando aun había luz, que la hice prometer no morderme hasta Centro Médico, que pase a comprar una nieve de limón “made in USA”, que “jugamos” infantilmente en el piso del vagón, que llegamos a la estación Tacuba y ella me hizo bajar ahí, que la oscuridad anunciaba las 9 o 10 de la noche.

-El camión sale en la calle de atrás.
-Si, lo sé, fui en una ocasión a tu casa, ¿lo recuerdas?
-Cierto, perdón
-No importa, ven, sígueme.- Camine hacia la izquierda de la salida de la estación.
-Pero por ahí no se llega.- Replico, viendo hacia la dirección que nos llevaría a los camiones de San Pedro.
-Te dije que ya sé, no voy hacia la parada.
-¿Adonde me llevas?- Pregunto relajada, esperando a que le contestara algo que ella esperara.
-Alan me debe varios favores, que me preste un auto y te acerco a tu casa.
Ah- dijo en tono automático, frustrado.

Llegué con mi viejo amigo de la infancia. Adinerado y poderoso gracias al tráfico de ciertas sustancias ilegales, podía permitirse tener los lujos que yo sólo soñaba. Me prestó un Mini Cooper negro, él sabe que ese auto me gusta, lo que no sabe es que a ella también le gusta. Ella buscaba indicarme el camino, sólo me daba indicaciones para entrar por callejuelas solitarias, desconfié más de lo que dudaba ya.

-Es mejor por las avenidas principales, no nos perderemos.
Silencio de cuatro cuadras. Trafico a menos de vuelta de rueda a espaldas del CCH Azcapotzalco.
-Quería verte en un lugar más…intimo, por eso dije lo de mi casa, está sola.
-¿Intimo? Lo hubieras dicho antes.

Saqué de la mochila varitas de incienso de lavanda, un par de velas aromáticas en forma de gato, otra de manzana, otra en forma de corazón y las acomode en el tablero del coche, encendí todo. Una botella de Absolut se asomo por el cierre principal, junto a una charola de sushi que compre en la facultad. Baje el termostato y con el vaho de mi aliento empañe las ventanillas hasta volverlas blanquizcas. Más intimidad en el momento era imposible. Comimos y bebimos con las luces navideñas sobre nosotros y un coro nada angelical de claxons que aumentaba cada que los autos de adelante avanzaban. Alcochol de $200 sin vasos, con la botella puramente empinada.

Entonces, a unos metros de habernos incorporado a periférico, cerca de Santa Mónica me ladeo la cara y me dio un beso disfrazado de mordida en mi labio inferior.

-Te dije en el metro que te mordería- Dijo en tono provocador mientras reía a lo cual, obviamente, respondí con una mordida sobre sus dos labios. La llama de un gato se había consumido antes de hacerle mucho daño, el segundo gato, negro, estaba decapitado, la manzana…parecía que se la habían comido al revés, del centro hacia fuera, el corazón…poco a poco se separaba en dos mitades. Me salí de periférico y orille en la lateral. Antes incluso de apagar el motor, ella levanto las rodillas, se abrazo a si misma, se saco el corazón por la tráquea y me dijo:
-Quiero volver a intentarlo.
-¿Hace cuanto que no hablamos?...hablar en serio, sin tapujos, sin evasiones ni cerrando los ojos.
-Desde aquella entrada, ¿la recuerdas? – Eso me asusto, lo reconozco.
-¿Qué es lo que quieres?
-No lo sé, un abrazo, un cobijo
- Diste dos respuestas después de ese “no lo sé”. O realmente no lo sabes, y no sé como esperas que yo lo sepa; o lo sabes y no tienes el valor para decirlo, sabes bien que eso me causaba frustración y lo sigues haciendo.
- Vas empezar.
-No, ahora son sólo anécdotas más, quizá te sirvan para arreglar algo, quizá no. Quizá encuentres a alguien que se adapte a ti y no busque ayudarte a crecer. Quizá …quizá no quiero que sepas que es lo que pienso, creo o siento, para evitar que me hieras de nuevo, no abrirme el esternón a lo pendejo mientras tu juegas con un bisturí en los atrios donde habitabas.

-¡Ash!- Soltó mientras abría la portezuela y corria hacia la parada de camiones, alcance a ver que abordaba uno y que este se alejaba lentamente de donde yo estaba. De tres soplidos apague el gato decapitado, la manzana y el corazón dividido.

Lo volvió a hacer, se volvió a cerrar de corazón y de mente cuando yo planeaba hablar con el alma desnuda…ella lo pierde y ella me hiere, que en un futuro no le sorprenda que en un futuro la tome como una cosa más. “Las cicatrices se vuelven corazas” leí en el blog de un amigo de mi hermano, de un chico de CCH que dejo de escribir cuando entro a la universidad.

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Con vos

>> lunes, 16 de noviembre de 2009

Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.
-:-Joaquin Sabina-:-



Tropecé de nuevo (de hecho me di en toditita la mía).

Ayer conocí en la línea uno a una chica que, desde la primera frase (cortesía del genio de Úbeda), encajó conmigo a la perfección. Fue una de esas conversaciones triviales sin fondo pero con forma: En sus matices deduje que ambos teníamos el mismo sentido del humor, la misma visión del mundo, las mismas preocupaciones y los mismos deseos (ella premédica, yo prebiólogo, ambos, preheridos). A lo largo de aquella .5 hora de trayecto fuimos dos auténticas gotas de agua verbales, el reflejo del espejo del otro. Fue un flechazo puramente humano; ni siquiera me fijé en su físico, en su edad (no muy mayor que la mía) o en su condición de mujer. Esta vez no, en ella no encontré sensualidad ni belleza, ¿cómo lo llama Rubén?...Feeling.

Palabra tras palabra, canción tras canción, deseo tras deseo, llegamos al túnel entre Salto del agua e Isabel la católica. Entonces, en un descuido cuidado, juntó sus labios con los míos…dejó depositado en mis comisuras el cariño y deseo que la había acompañado desde seis o siete estaciones atrás, mientras sus manos dejaban un papelito doblado en la bolsa de mi camisa. Su escape triunfal (de novela de las seis), se vio truncado por un repentino enfrenón del tren que nos dejo X minutos detenidos debajo de la calle. Mismos que aproveche para levantarme del lugar y prolongar el beso hasta la llegada a la estación, la apertura y cierre de las puertas y un adiós nunca pronunciado.

Una estación antes de la mía, quedo otra de esas personas tan afines (y que me besa) que sólo se cruzan en mi camino una vez cada mucho.

Ahora, a las doce y pico de la noche, estoy sentado en el tejado de mi casa, acompañado por una cajetilla de mentolados, un vaso de coca y mi lap. En mi mano derecha se encuentra el papel que me dejo anoche, entre las arrugas se asoma una dirección electrónica:ymorirmecontigo@hotmail.com.

Llevo ocho cigarros y una hora así, sin decidirme entre agregarla o no. ¿Se dará algo más o solo fue un amor de un viaje? No…no me habría dejado el correo… ¿me aceptara? Seguro…no se veía superficial, no con Sabina como puente entre ella y yo. ¿En verdad la quiero agregar? ¿en verdad YO quiero algo más?

Y así pasaran cien minutos más y terminaré con la cajetilla, sin decidirme. Hasta el momento en que, de una buena vez por todas, tecleé su correo, apague la computadora y me entregue a los brazos de mi cama, a la dulce acidez de mis sueños.

Y no hace falta que me lo digas tú: Sí. Estoy bien güey

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Reacciones etílicas (beber o no beber)

>> sábado, 7 de noviembre de 2009

El alcohol, en su cierta medida, humaniza. El alcohol, en exceso, deshumaniza lo previamente humanizado. Bajo sus efectos algunos seres humanos se vuelven pesados, o incluso violentos (como bien dijo Sabina: "me encantan las drogas y el alcohol, pero no soporto a los drogadictos ni a los borrachos"). Pero también los hay que se vuelven cultos, o audaces, o risueños, o cariñosos, o somnolientos, o reflexivos, o nostálgicos, o filosóficos.

Como aquel tipito de la semana pasada (regresando de la TNT de subida a mi pueblo):
- Mi amigo Jose me dijo que Dios existía, que estaba en todas partes, y esta noche lo busqué en el fondo de un New Mix. Catorce de esos después, era neta, lo encontré ahí flotando. Boca abajo, todo ahogado. ¡Hip! - me dijo embutido en su disfraz de koala (o eso parecía). Al finalizar el trayecto etiloteologico, me obsequio (según él) un paquetito de chicles sabor eucalipto.

Hay personas que simplemente se pierden:
- Oye ¿y Allan?
-No sé wey, bajo por un desodorante y luego se subió.
-¿Sabes lo que tenía el desodorante?
No…

¿Que tal los que confiesan su amor apoyados no solo de Bailey´s?:
“


“
(Las palabras sobran, los gemidos no puedo escribirlos y contar la historia haría una entrada erótica)

Otras personas…simplemente confiesan lo que jamás debió salir de sus bocas (o al menos no ese estado):
- Ssé que mi wey me loss essta poniendo con con la del labborratirio 2. Él sse cree que ssabe que yo no ssé que lo sssé. Pero lo que ssé que él no ssabe ess... lo mío con su primo el de contaduria - me dijo una chica de ojos cándidos de camino a un bar de conocido barrio universitario.

O les da por llorar:
- ¿Tienes algún problema? - le pregunté a un tipillo, después de las tres de la mañana, en plena eclosión llantil aderezada con tabaco y clavo (algún cigarro -supuse- de una marca –supuse- llamada black -ibidem-):
- Termino, snif, hace dos semanas, snif, con mi novia, snif, y estoy, snif, muy feliiiiz...
- Si estás feliz, ¿por qué lloras?
- Porque no es normaaal, snif, que no la eche de menos, snif, ni una mierdaa... Soy un monstruo, snif, sin, snif, sentimientooos - y en ese punto se rompieron del todo sus lacrimales hasta el final de mi paciencia.

Etc. Etc. Etc.

Y ante tal catálogo de reacciones etílicas, yo me pregunto: ¿Cuando bebemos nos convertimos en la exageración de nosotros mismos, o sencillamente somos otros?
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Agradecimientos a…muchos tipos desconocidos que conocí (fui redundante pero es la verdad) justo ayer, en casa de la chica D y que no leerán esta entrada (creo), gracias por la inspiración para la entrada de hoy. Y agradecimientos especiales al hermano de la chica D, por las facilidades otorgadas ( léase: "alcohol a tiro de tubo de ensaye"). Gracias!!!!

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Visitantes de otra jungla

Welcome To the Jungle

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