...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Algo duele...

>> jueves, 15 de julio de 2010

Hoy estoy ultrasensible. No me toques. Me harás daño.

Hoy mi piel se dio la vuelta. Todas las heridas al aire. El aire son cuchillos.
Sladré cubierto, sólo de noche…el sol violaría.

Caminar sin tocar a nadie…hoy me dan miedo.

Y escuchar, quizás, alguna canción de los Rolling Stones, la que sea pero sólo una, siempre la misma, una y otra vez, y otra, y otra. No por su música, ni por sus letras, sino por su voz. La voz de Mike Jagers hoy encaja.

Y llorar suave aunque las lágrimas no me dejen ver el mar. Aquí no hay mar. Todo es mentira.

Que al llegar a casa estés dormida, por favor. Y me tumbe encima de las sábanas, sin cubrirme….dolerían.

Y ahí quieto respirar lo justo para no despertarte. No sabría qué decir si despiertas con ganas de abrazos o palabras. Hoy todo duele. Como si las paredes del corazón fueran de velcro y las costillas también, macho y hembra, y en cada palpitación sonara kkkkjjjjjjasssshhhh. Una sensación rarísima.

No es que hoy no te quiera, amor. Es que hoy no me soporto.

No me apetece ser yo. Tal vez mañana. O el día quye sigue. O el mes/ año entrante. Quiza en otra vida.

PD: No, no hay nadie en cama, sólo una moneda fría, pedazos de piel, yo y ahí abajo la soledad.
PD2: Cada día duermo más tarde si es que duermo....eso no va bien XP

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I Do It (homenaje gatuno a Lennon)

>> martes, 8 de diciembre de 2009

"Mi rol en la sociedad, o la de cualquier artista o poeta, es intentar expresar lo que sentimos todos. No decir a la gente cómo sentirse. No como un predicador, no como un líder, sino como un reflejo de todos nosotros."
"Probablemente seré baleado por algún lunático"
John Winston Ono Lennon. (1940-1980)



Mi nombre no importa, sólo importa mi historia, sólo quiero que alguien lo sepa a 29 años de que sucediera, a casi tres décadas de que murió.

Vivía en ese entonces en Brodway Avenue, esquina con The 69 street, ¿qué mejor lugar para un dramaturgo emergente y amante de las artes? Para un inmigrante mexicano joven con ansias de vivir su sueño. Sabía que él vivía en el edificio Dakota, que quedaba a unos metros caminando del sótano donde me hospedaba. Ya sabía que él vivía con Yoko y con Sean, también que salía con el pequeño a dar una vuelta por Central Park. Sabía que había dejado todo por atender a su pequeño hijo. Sabía que tenía problemas con Yoko, pero que se rehusaba a hacerlos mayores. Era una celebridad y vivíamos estúpidamente cerca, yo era un fiel seguidor de su obra, un muchacho tímido de 23 años que añoraba platicar con el hermano Lennon. Era el año de 1980.

Ese fue el invierno más crudo de toda mi estancia en New York, no había día que no saliera con el abrigo de pana y los guantes de lana. El ocho de diciembre salí para entregarle una adaptación de Emilio Carballido a un director Rumano que quería teatro mexicano en Brodway. Eugene leyó mi adaptación, sonrió y me dio la paga inicial. Con una sonrisa en los labios, satisfacción por mi trabajo, y dinero en el bolsillo camine hacia el parque central.

La tarde comenzaba, seria cerca de las tres y media cuando llegue a las afueras del edificio Dakota. No podía creer mi suerte, yo llegaba y Lennon salía del portón del edificio, aunque tal suerte no duro demasiado. Apenas asomo las gafas por el marco de la puerta, decenas de personas que estaban en los alrededores se aglomeraron en torno a él. Yo me acerque, aunque quede a unos diez metros de John. Recuerdo claramente el ultimo, si no es que el único, autógrafo que dio. Era un “Double Fantasy”, propiedad de un chico no mayor que yo, con un par de lentes enormes, sobrepeso, vestido con una chaqueta y un sombrero, características que lo hacían ver ridículo. Al acercarme más choque con este tipo, vi en sus ojos una inocencia infantil apareada con un ansia que no logre identificar, “es sólo un fan emocionado” me dije en un pensamiento. No podía estar más equivocado.

Después de chocar con aquel muchacho me acerque a la limosina sólo para ver como Lennon y Yoko se despedían de nosotros. Un poco frustrado sólo levante la mano y sonreí ligeramente. Tenía tiempo de sobra, unos dólares en el bolsillo y la disposición a hacer todo por un autógrafo de aquel ídolo. Por lo tanto, camine a un costado de Central Park hasta llegar a un local de comida cantonesa. Comí, escribí un par de cuentillos en una servilleta, escuche música, salí del lugar y camine sin rumbo a lo largo y ancho del parque…así se fueron siete horas de mi vida. Sabía que Lennon gustaba de regresar temprano a casa, para contarle un cuento a Sean y verlo dormir. Regresé al Dakota a las diez veinte de la noche.

Prendí un cigarrillo, camine en la acera del frente, siempre bajo la luz de un farol de la calle. Entonces distinguí algo entre las sombras del edificio. Era el mismo chico obeso de la tarde. En un principio su presencia me provoco inquietud, aunque después relacione su estadía con un fanatismo típico de un seguidor empedernido de John. Volví a equivocarme.

La limosina de Lennon llego al edificio a las once menos diez de la noche. Guarde la moneda con la que me entretenía en lo que él aparecía. Yoko ya había entrado al Dakota cuando yo terminaba de cruzar la calle y aquel chico salía de su escondite.

Lo que a continuación ocurrió, duro más tiempo que el que había pasado esperando para verlo. Salté a la banqueta flanqueando un parquímetro y levante la vista cuando el muchacho grito “Señor Lennon”. Vi el arma levantarse junto a su mano. Tire él cigarrillo que tenía en los labios, grité, corrí en dirección al chico de la chaqueta para evitar que disparara, muy tarde. Para cuando llegué a su lado ya había hecho dos tiros, mismos que dieron en el hombro izquierdo de John, haciendo saltar sangre al tapete de la recepción. Mi respiración se detuvo, sentí escalofríos, intente golpear al tipo (más por defensa propia que por ayudar a Lennon). Tome el arma con la mano derecha, y por equivocación metí el dedo medio en el guardamontes, entre su dedo y el gatillo. Forcejeé con él, sin pensarlo, cerré la mano para quitarle el arma. Dos ruidos sordos más rompieron el intervalo de silencio. Un tercer y cuarto disparos salieron del cañón del revolver e impactaron en el abdomen de Lennon que cayó de frente contra una ventana del edificio.

El chico (que horas más tarde sabría su nombre: Mark David Chapman), me empujo y dio un puñetazo en la boca, perdí el equilibrio y él, arrebatándome el arma, dio otro tiro que reventó una ventana del lugar. Vi a Lennon entrando a la recepción, a Chapman caminando hacia mí con la culata del arma levantada. Me levante y corrí calle abajo, sólo corrí. En unas cuantas zancadas llegue al sótano donde vivía, cerré la puerta y me desplome tras ella. Temblaba y sudaba frío, mil voces invadieron mi mente: “Asesino a su ídolo” “Lo hizo a sangre fría” “ARTISTRA BRITANICO ASESINADO POR ARTISTA MEXICANO ¿ENVIDIA?” “No es mi hermano, él no haría eso” “El chico de lentes lo intento salvar, pero al final mato a John Lennon”… Encabezados de periódicos, fotos de revistas, imágenes de amigos y familiares desfilaron por mi cabeza. No podía respirar, me arrastre hasta la mesa de centro, todo se oscureció, comenzaba a desmayarme. Mi sistema nervioso colapso junto a mi cuerpo.

Desperté a las 12:21 de la madrugada, el llanto de todo New York fue el responsable de arrancarme del profundo sueño. Salí a la calle y vi a Eugene caminando hacía mi entrada

-Mataron a Lennon hermano.

Se soltó a llorar. Sentí nauseas y ganas de correr, un miedo atroz a un linchamiento a mitad de Brodway recorría cada célula, entonces el rumano se acomodo en mi hombro y siguió llorando. Me sorprendió que no me atacara o gritara algo como “¡Aquí está el asesino!”. No me hizo falta preguntar…mucho menos declarar lo ocurrido, el director me explico todo.

-Fue un fanático de Lennon, tiene problemas psicológicos, no ha madurado, nos quito algo muy valioso. Lo espero a la entrada del Dakota y disparo cinco balas expansivas contra John, cuatro le dieron. Una destrozo su aorta, esa bala lo mato.

Sentí una paz insoportablemente inquietantante en mi, aunque mi cabeza comenzó a llenar los espacios vacios. ¿Por qué no inculparme a mí, si yo hice tres de los disparos? ¿Por qué prefirió quedarse ahí? ¿Por qué nadie me buscaba? ¿Por qué parecía qué yo no había estado ahí? La respuesta era muy simple: Chapman no estaba dispuesto a compartir su noticia con alguien más, menos aun si ese alguien más era el verdadero causante de la muerte de John Lennon.

Los días pasaron, el mundo entero estaba en luto…¡Maldita sea! ¡Hasta Jesús estaba de luto!. Mis amigos y primos me hablaron desde México para preguntarme que sabía. En cada llamada se me formaba un nudo en la garganta que me impedía hablar. El diez de diciembre quemaron su cuerpo, en la noche de ese día yo quemaba mi garganta en algún bar de mala muerte del Bronx. Seguí trabajando, seguí creciendo, y seguí bebiendo cada 8 de diciembre en su nombre…hasta el día de hoy, que cuento por primera vez que paso esa noche fría de diciembre, en la ciudad de Nueva York, entre el edificio Dakota y el Central Park.

¿Que hicieron estudios al arma y no aparecían mus huellas dactilares? Recuerda que ese invierno había sido muy crudo, que nunca me sacaba los guantes de lana ni el abrigo de pana. Que el recepcionista estaba hablando con Yoko y que la calle estaba vacía. Que Chapman buscaba protagonismo y que yo no debía estar ahí en ese momento…


Para quien no lo sepa (que espero no sean muchos) hoy se cumplen 29 años del deceso de John Lennon a manos de David Chapman. Este es una especie de homenaje realmente extraño, con mi firma incluida, espero les guste, y una aclaración importante: ESTO NO FUE LO QUE OCURRIO. Sin más por el momento, me retiro.

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(1992-2007)

>> miércoles, 11 de noviembre de 2009

La vida que vivimos juntos camino frente a mí de la mano de una intérprete de blusa verde. En tan solo hora y media, el veneno y el dolor de la nostalgia recorrieron mi cuerpo, alojándose en mis lagrimales, pecho y cabeza. ¿Qué paso? pocos conocen ese trauma.

Se cumplieron ya dos años de la decisión que más repudio en toda mi existencia, y así se irán cumpliendo más y más y, al parecer, no podré superar las consecuencias que unas pocas palabras dieron como resultado. Amigos, psicólogos y familiares lo han dicho “No fue tu culpa” ellos saben que así no lo creo, así no lo siento. Sé que es una especie de enfermedad mental el seguir mandando sms’s a su teléfono cuando nadie los contestara, o enviar correos a un correo que me sigue respondiendo como falla…como inexistente….suspendido.

Hoy te recordé por n número de canciones que me dedicaste y que me cantabas. Hoy recordé el remordimiento de decir “Puedo sin ti y tú puedes sin mi”. Hoy intente dormir…soñé contigo de nuevo, desperté y el insomnio me ha acompañado desde entonces. Hoy vuelvo a decir esto: Te extraño.

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Corvus corax (pequeño homenaje a E.A.P.)

>> lunes, 2 de noviembre de 2009

Lo encontró en una salida de campo a Hidalgo un 19 de enero del 2003. En la quinta y última caminata, logró ver dos cadáveres de cuervo común al pie de un árbol, muertos por heridas de bala. Los recogió y revisó. “¡Gente estúpida!”. Cuando estaba por irse escucho un leve graznido…ahí en lo alto, ahí en ese encino, un nido. Subió hasta la copa del árbol y lo encontró: un polluelo de apenas quince centímetros, con unas pocas plumas y los ojos cerrados. Alrededor, cascarones azulados y avecillas muertas de inanición. Regresó al campamento con el pequeño cuervo escondido en el pecho, a tiempo para alcanzar el primer autobús de la facultad. Emprendió el camino a casa junto a un pequeño polizonte.

-¿Cual será tu nombre?...¿Cómo querrás llamarte?...¡lo tengo! ¡Profeta!

Así comenzó la historia, así Profeta llegó a su nuevo hogar, así Edgar decidió especializarse en aves dentro de su carrera. Destinó una habitación como voladero, improntó al cuervo, lo entrenó para que volase cuando y como él quería, y por medio de una grabación le enseño a decir “Nunca más” como la historia de algún hombre que leyó en la secundaria. Cinco años más tarde se titulo como ornitólogo y el ave se convirtió en un ejemplar de exposición.

Una vida de cuento…popular, adinerado y docente dentro de la facultad, Edgar vivía en la opulencia y tranquilidad…o al menos eso aparentaba. La última visita al psiquiatra había arrojado resultados poco alentadores… principio de esquizofrenia y paranoia, cortesía de la genética de su madre. “No importa, no dejare que trunque mi vida”.

-Nunca más.
-¡Cállate Profeta!
-Nunca más.


Transcurrieron cinco meses, al principio todo era una imagen, una respuesta inexistente, una mirada sospechosa, después de más de unos doscientos días…las cosas se volvieron insufribles, palabras susurradas por el silencio, letras congruentes que atormentaban su cabeza y miradas muertas que en él se centraban. “Isabela…su corazón, su sangre”. El cabello faltante en su cabeza era debido a tantos ataques de locura de los que era frecuentemente víctima.

7 de octubre 2009 23:00 horas. Edgar llegó a casa abatido, cansado de las voces y las vistas, cansado de esta vida. El portazo grito “muere de una vez”; aquel gato negro, junto a aquel árbol, lo seguía con la vista, esperando el momento para saltar sobre él.

-Nunca más.- Gritó profeta desde su cuarto en el extremo anterior de la casa.
-¡Calla!- Respondió Edgar arrancándose de un tirón algo del cabello que aun tenia.
-Nunca más.-el mismo graznido rompió la voz del ornitólogo.
-¡Ya!
-Por tu culpa.
-¿Qué?
-Por tu culpa.
-No fue mi culpa, nunca ha sido mi culpa. No debí…no quería.
-Tu mataste a Isabela.

Como un flash llego a su cabeza aquel día. El coñac había sido el anfitrión de la noche e Isabela había aceptado la invitación de terminan la velada en casa de Edgar. Antes de cerrar la puerta, la mitad de sus prendas colgaban de su piel trémula, y en medio de la sala cayeron las últimas piezas de ropa y sus cuerpos se acoplaron. Al principio con la torpeza de la cual dota el alcohol, después, la pasión fue tomándolos como rehenes, hasta que la secuestradora provoco la muerte de uno.

Besos, mordidas, abrazos y rasguños…todos tan deliciosamente placenteros, todos tan deliciosamente mortales. Edgar estaba sobre ella y excitado cuando llegaron dos cosas: su orgasmo y la muerte de Isabela. Eyaculo dentro de ella, a la par que sus colmillos se encajaban en su yugular. La sangre comenzó a fluir, ella estaba en una especie de trance y el, excitado y extasiado por el momento, comenzó a beber el liquido carmesí, hasta que dejo de sentir el pulso de la chica, y de escuchar su corazón.

Se incorporo y buscó vestigios vida en sus ojos…nada, ni en sus ojos, ni en sus muñecas, ni en su pecho. La había matado, la había desangrado y bebido su sangre. ¿Qué hacer ahora? Volteo hacia su derecha y sintió los ojos de Profeta escudriñando su interior, desvió la vista y recogió el cadáver del suelo. “El voladero de profeta siempre huele a carne podrida debido a su comida, no es un mal escondite”. Destazó el cuerpo, separó la carne de los huesos y quemó en ácido clorhídrico partes del esqueleto. La ropa y objetos personales terminaron en el incinerador. Dejó la carne como comida al cuervo… este nunca la toco.

Antes solo en sueños y recuerdos, ahora minuto a minuto, dentro de su cabeza, en los ojos del vagonero del metro, en la ventana del apartamento. Ahí estaba Isabela.

-No.
-Por tu culpa.

-¡Calla ahora!- Abrió un cajón y tomo el Smith & Wesson (regalo número dieciocho de su abuelo) y corrió hacia el ave.- ¡Calla de una puta vez!
-Nunca más. Es tu culpa. Tú la mataste cobarde.

Accionó el gatillo cinco veces sin éxito.

-¿Que quieres?
No obtuvo respuesta, el cuervo solo lo observo con esos ojos tan negros como su plumaje.
- ¿Que acepte que la maté?
Un silencio siguió a su respuesta.
-¿La volveré a ver?
-Nunca más.- grazno el ave extendiendo las alas.
-¿Me perdonara?
-Nunca más.
-¿Merezco morir?

Un nuevo silencio, seguido esta vez por un grito de desesperación de Edgar, después, llanto.
-No quería hacerlo, lo juro, estaba tan descontrolado, tan ebrio, tan excitado…- Hablaba con la mirada perdida en la sala, el cuervo permanecía en una percha sobre él. La mano donde sostenía el arma se fue elevando hasta que el punto de mira se perdió en su cabello y el cañón acariciaba su sien.- Apenas la conocía y la mate…apenas la conocía y la amaba.
-¡Hazlo! – escucho Edgar desde el pico del ave, y en seguida: un estallido carmesí, sangre salpicada en las percheras, en el marco de la puerta y extendida hasta la sala de satín blanco.

8 de octubre 2009, pasada la media noche.
Algún vecino que escuchó los gritos y las seis detonaciones decidió llamar al número de seguridad pública, en unos cuantos minutos la cuadra estaba rodeada por patrullas y hombres a pie. Al entrar el olor a descomposición provoco el vomito de dos agentes y el asco general. En una habitación comunicada a la sala encontraron un par de cadáveres: el primero, de un famoso biólogo de treintaypocos años, suicido con arma de fuego; el segundo, de un cuervo que, según pruebas realizadas más tarde, murió de inanición hace aproximadamente un mes.

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Pronombres (Él y ella, solo una historia)

>> sábado, 24 de octubre de 2009

Un impulso lo hizo girar 169 grados, y vio como ella se alejaba con el pequeño y abultado paquete entre las manos, pasándolo nerviosamente entre ellas y tirándolo al cubo de basura más próximo…

La noche anterior había hablado con ella (si se le puede considerar “hablar” a teclearse bites con miles de metros de distancia), fue…fue…fue raro. Palabras dichas fuera de tiempo (muy lejos del tiempo en que se debieron haber dicho), evasiones fallidas, heridas expuestas, lagrimales apenas controlados, golpes en la pared, integridad recuperada,. Ahí, en lugar de amor, había un vacio; en lugar de calor, había frio húmedo en la terraza de él; en lugar de esa vieja coraza había un alma desnuda recibiendo arañazos con el fin de volverse inmune después de mil heridas.

Hacia el inicio del siguiente día todo estaba en calma, las gotas en el techo tocaban melodías naturales, la charla ya no le atormentaba, vivía una dimensión diferente, un grado de libertad diferente. Y, como a cualquier persona que trabaja o estudia en el día, el sueño lo termino venciendo cerca de las cuatro de la mañana.
Despertó junto a los rayos del sol y con algo atravesado en la cama. Buscó con la mano detrás de su espalda algo que pudiera estar ahí y que le moliera la espalda, no sintió nada. Salió de casa al filo de la hora. En el transporte siguió sintiendo algo, en el metro, al caminar, tenía algo en la espalda, lo sabía pero no lo podía ver ni tocar. Tomó clase con la misma sensación en la espalda. Al terminar, enfilo los pasos hacia la tercera facultad de la derecha con un paquete de volumen inversamente proporcional al objeto (material) que contenía. La llamó, entregó el paquete y se dio la vuelta.


…Él lo notó, por segunda vez dio la vuelta y comenzó a caminar hacia las escaleras, moviendo la cabeza de lado a lado con una sonrisa dibujada en los labios. Fue entonces, bajando las escaleras y caminando unos metros, cuando las vio: en aquel cristal de Arquitectura (el cuarto de izquierda a derecha, estrellado en el extremo superior derecho), era su reflejo…con un par de alas cafés manchadas de blanco en la espalda. Sonrió maravillado y las desplego, las tenía de nuevo. Corrió hacia un puente peatonal alto y se lanzo contra la corriente automovilística, elevando el vuelo antes de llegar a ella. Voló toda la tarde, gritó, rió, disfrutó cada minuto. Aterrizo en el metro, acicalo cada pluma y se cubrió con ellas en el viaje de regreso.

Epilogo:
Mientras él redescubría su libertad y volaba sobre las instalaciones, ella esperaba su partida. Una vez confirmado el hecho de que él no regresaría, se excuso y salió de clase. Camino hacia el cubo donde hace unos minutos había tirado aquel sobre amarillo e inicio la busqueda. Unos minutos ( y muchas manchas de mugre en el sueter) después, lo encontró, pero ya no se veía como cuando lo tiró, el peso era el mismo pero el volumen había disminuido, algo había salido. Al abrirlo descubrió un pedazo de tela enredada y un espacio que ya nada llena.

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Espiridion Cruz Palma (Q.E.P.D.)

>> sábado, 15 de agosto de 2009

Se que solo mis familiares que visiten el blog sabran quien es, pero que importa, hoy murio uno de los iconos del pueblo donde nacio mamá. Pues bien, esta mañana recibimos una llamada que entre lagrimas anunciaba su deceso "Ya murio Piri, vamos a Santa Ana, regresamos el lunes". Tenia ya nueve decadas en estastierras, le tocaba descansar,¿no?

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Visitantes de otra jungla

Welcome To the Jungle

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