...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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De Amores a Primera Vista..

>> jueves, 21 de enero de 2010




Imagina que nada más cruzar nuestras miradas me enamoro perdidamente de ti, del marco de tubos y personas del metro que te rodean, de tus ojos, de tu aliento, de tus flechas o de lo que fuera que tuvieras distinto al resto de mujeres en el vagón, en el mundo.... Imagina que, víctima de ese embrujo, tropiezo con tu archivero a propósito, entablo diálogo, bromeo y accedes a tomarte un café conmigo, una cerveza o una puesta de sol (aunque sólo fuera por la incertidumbre de mi tibieza). Que consigo descifrar y decirte lo que necesitas oír y manejar los tiempos según tu prisa. Que la primera cita se convierte en una segunda, y la segunda en quinta (en proporción directa al aumento en intensidad de nuestros ritmos cardiacos-como amo eso-).

Imagina que, tras los citados trámites, consigo que tú también te enamores de mí (aunque a un ritmo más lento), que aquel trayecto iniciático, al fin, se convierte en deseos (uno por cada estación, 13, de Hidalgo a Copilco). Que arriben sentimientos mutuos y un futuro convertible en presente perpetuo. Que acabamos viviendo juntos, compartiendo hipoteca, genes, bienes gananciales y champú. Que tenemos tantos hijos como tú quieras y tantos nietos como nuestros hijos quieran:

De la línea 2 a la 1, de la 1 a la 3, de la 3 de nuevo a la 2 y de ahí al panteón familiar.

Sólo quiero decir que la incertidumbre y el azar puede hacernos cambiar de vida en cualquier momento: Siempre hay que estar alerta, despiertos (incluso en sueños). Inyecciones de LSD en cada ojo. Como metáfora, claro.

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>> miércoles, 2 de diciembre de 2009

La vi y me vio, sonrió y sonreí. Sentí un golpe en el pecho, después, electricidad que bajo a mis pies y subió a mi cabeza. Cuando me percate que no había caído muerto…supe que no era un infarto.

Escrito en el metro, despues de que una musa desconocida me viese y sonriera...lo de mas, es otra historia.

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Con vos

>> lunes, 16 de noviembre de 2009

Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.
-:-Joaquin Sabina-:-



Tropecé de nuevo (de hecho me di en toditita la mía).

Ayer conocí en la línea uno a una chica que, desde la primera frase (cortesía del genio de Úbeda), encajó conmigo a la perfección. Fue una de esas conversaciones triviales sin fondo pero con forma: En sus matices deduje que ambos teníamos el mismo sentido del humor, la misma visión del mundo, las mismas preocupaciones y los mismos deseos (ella premédica, yo prebiólogo, ambos, preheridos). A lo largo de aquella .5 hora de trayecto fuimos dos auténticas gotas de agua verbales, el reflejo del espejo del otro. Fue un flechazo puramente humano; ni siquiera me fijé en su físico, en su edad (no muy mayor que la mía) o en su condición de mujer. Esta vez no, en ella no encontré sensualidad ni belleza, ¿cómo lo llama Rubén?...Feeling.

Palabra tras palabra, canción tras canción, deseo tras deseo, llegamos al túnel entre Salto del agua e Isabel la católica. Entonces, en un descuido cuidado, juntó sus labios con los míos…dejó depositado en mis comisuras el cariño y deseo que la había acompañado desde seis o siete estaciones atrás, mientras sus manos dejaban un papelito doblado en la bolsa de mi camisa. Su escape triunfal (de novela de las seis), se vio truncado por un repentino enfrenón del tren que nos dejo X minutos detenidos debajo de la calle. Mismos que aproveche para levantarme del lugar y prolongar el beso hasta la llegada a la estación, la apertura y cierre de las puertas y un adiós nunca pronunciado.

Una estación antes de la mía, quedo otra de esas personas tan afines (y que me besa) que sólo se cruzan en mi camino una vez cada mucho.

Ahora, a las doce y pico de la noche, estoy sentado en el tejado de mi casa, acompañado por una cajetilla de mentolados, un vaso de coca y mi lap. En mi mano derecha se encuentra el papel que me dejo anoche, entre las arrugas se asoma una dirección electrónica:ymorirmecontigo@hotmail.com.

Llevo ocho cigarros y una hora así, sin decidirme entre agregarla o no. ¿Se dará algo más o solo fue un amor de un viaje? No…no me habría dejado el correo… ¿me aceptara? Seguro…no se veía superficial, no con Sabina como puente entre ella y yo. ¿En verdad la quiero agregar? ¿en verdad YO quiero algo más?

Y así pasaran cien minutos más y terminaré con la cajetilla, sin decidirme. Hasta el momento en que, de una buena vez por todas, tecleé su correo, apague la computadora y me entregue a los brazos de mi cama, a la dulce acidez de mis sueños.

Y no hace falta que me lo digas tú: Sí. Estoy bien güey

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Labios compartidos

>> domingo, 27 de septiembre de 2009

Marlen me sigue amando, yo…yo sigo jugando con ella. Sus amigos lo saben, los míos también, podría tener la certeza de decir que ella también, entonces…¿porqué el masoquismo de seguir conmigo? Mónica insinuó muchas veces que lo más seguro era que segregaba tolueno con olor a buganvilias, o mis labios producían cannabinoides, pero esa es historia antigua.

Sábado 26 de septiembre 2009
En el hoy y ahora…realmente ayer sábado, vi a Marlen; preciadas ocho horas tiradas a la basura, sin más que un beso de saludo y uno en el andén del metro(bastante malos, comparados con los de Andrea). El plan era sencillo: ir a aquel parquesillo detrás del monumento a la madre y pasar un buen rato, pero claro, los planes no siempre salen según lo previsto. Desde la terminal sentí que algo no iba bien, pues solo me saludo y entro al metro sin buscar conversación y cortando las que yo iniciaba. Bajamos en Revolución y caminamos sobre insurgentes para llegar. Todo el trayecto permanecimos en silencio, separados, como dos más de los ocho millones en la capital. Llegamos y se sentó, me senté junto a ella y nos quedamos viendo a un cachorro que jugueteaba en el pasto, de nuevo en silencio. Después de un par de insufribles minutos inicie una conversación banal, que por suerte concluyo en una ida al oxxo, por algún tentempié para pasar el rato. De regreso, el cansancio me tiró en el pasto, ella hizo lo mismo, pero invertida y a treinta centímetros de mí, no como yo lo esperaba: a ella acurrucada bajo mi brazo o sobre mi pecho. Finalmente el sueño me sorprendió ante la indiferencia de ambos y me desconecte del mundo por poco más de veinte minutos. Al incorporarme ella leía, hice lo mismo y parece que le molesto, se fueron cuarenta respiraciones. Un par, literalmente, de palabras después decidi terminar con esto e iniciar el camino de vuelta. En el metro contadas palabras cruzamos y a la hora de la separación se fue al paradero sur y yo al norte. De no ser por que yo hubiera buscado el beso de despedida, no habría habido tal…El pequeño problema de la ecuación es que no lo hice, y (supongo) ninguno volteo hacia atrás. En el camión de regreso a casa me llego un mensaje de ella: “Prdn x no hablar, esperaba que fueras tú el q iniciara todo, Bss”. ¡Como si yo lo hiciera asi o mé conformara con los besos virtuales!

Domingo 27 de septiembre 2009, 8:35 A.M.
Visto el deprimente resultado de la salida de ayer (y aunque otro hubiera sido el panorama), hoy toca el turno de Diana, iremos a Parque Hundido, en Insurgentes. A esto es a lo que me refería cuando decía jugar con Marlen, ella y Diana son amigas desde el bachillerato, Diana y yo somos…amantes, desde hace dos meses. La historia es larga y se me hace tarde, espero que me vaya mejor que ayer. Deséenme suerte.

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Andén

>> martes, 28 de julio de 2009

Recuerdo la historia y un escalofrió me recorre la espalda, en mi boca siento el sabor a oxido de su sangre y vuelvo a escuchar el golpe sordo con el que abandono este mundo.

El día había sido peculiar, reprobaba mi primer parcial de química en la facultad, el día del pago de la renta había llegado y no tenía un mísero centavo, no había dormido en lo que va de la semana, del amor mejor ni hablemos. Pero es entonces cuando una fuerza mayor te enseña, con métodos poco ortodoxos, que tu vida no es tan mala como tú insistes, y que hay gente cuya vida aspira a convertirse en su propio infierno terrenal.

Eran casi las once de la noche, caminaba a lo largo de la estación Hidalgo, en la línea 3, preguntándome como iba a pagar el alquiler de este mes sin un solo peso en la bolsa. Me senté en la orilla del pasillo al final del corredor, solo entre decenas de personas que se miraban sin observarse, entonces fue cuando llego. Era un hombre delgado, de no más de veinticinco años, cubierto de tobillos a cuello por una gabardina beige varias tallas mayor a la suya y un soplo de tristeza sobre esta, el chico se sentó a mi lado.

No digas nada, solo escúchame, no te vayas, por favor, no serán más de cinco minutos…
Voltee para buscar su rostro, (costumbre propia de los capitalinos, por aquello de la inseguridad) pero estaba cubierto por una palestina negra y un sombrero de copa. Si fuese un criminal no haría nada frente a tanta gente, y está lo suficientemente lejos para reaccionar si decide hacer algo. Decidí escucharlo, ¿qué más da? Un minuto más o uno de menos mientras llega el metro a la estación.

Dudo que me haya querido en algún momento, te juro que yo aun la amo con cada célula de mi cuerpo. Pero ella solo jugó conmigo, apenas estaba interesada en mi o mi vida, no quería nada duradero. Así se llevo casi dos años de mi vida. Ahora veo que cada “te amo” estaban tan vacios como el tonto que habla ahora a tu izquierda. Después de mi ya la esperaba otro, ¿sabes?, me lo dijo Ismael(¿Ismael? Pero si ese es mi nombre), un estudiante de arquitectura que le hablo bonito y al oído, como yo al principio. Y pensar que lloro cuando me dejo, o al menos lo fingió, pero…se veía un verdadero dolor en sus ojos, lo juro. Miente demasiado bien.

El número de personas en el andén disminuía a cada frase de mi atormentado emisor, dos trenes habían llegado y abandonado ya la estación, pero yo seguía ahí, abrazándome las rodillas, escuchando.

Deje mi trabajo por ella, era contador en Devlin, ganaba bien, muy bien. Ella tenía un problema respiratorio…no recuerdo el nombre, pero sus pulmones se estaban llenando de liquido, no tenia seguro y urgía una operación para sacarlo. Así que pedí mi liquidación, un cheque firmado a mi nombre con 100 de los grandes, la mayor parte fue a parar en la intervención, el resto se fue yendo con cada visita y capricho después del alta. De eso a la fecha cuentan ya tres meses.

Y hoy en la mañana la vi, ahí en el café de Bellas Artes que frecuentábamos tanto, me senté y lo soltó sin verme a la cara: “No puedo seguir, por favor déjame libre”.
A los cinco minutos de un silencio sepulcral se levanto y salió del local, dejándome perdido entre la espuma de media taza de café cappuccino… Así, acompañada por el tintineo de la campanita de la puerta, se fue la mujer a la que aun amo, llevándose casi dos años de mi vida en el rímel corrido…

Sé que iba a continuar, pero su voz se corto en la última frase. El quinto convoy naranja se veía en la boca del túnel. El chico se levanto y me extendió una cartera marrón, la cual tome un tanto extrañado. Me incorpore y seguí al muchacho para improvisar algunas palabras de consuelo, y regalarle con ellas algo de paz.

Fue entonces, cuando me faltaban unos pasos para llegar a él y al ten unos metros para estar frente a nosotros, que salto hacia las vías. El tiempo pareció detenerse, vi la gabardina ondearse en el aire, su cuerpo suspendido frente a la cabina del conductor, y el sombrero saltando de su cabeza. Una milésima de segundo después llegaba a mis oídos el golpe de lleno que recibió. Aun tenía yo la mano extendida que pensaba posar sobre su hombro cuando la sangre salpico sobre mi.

Entonces se desato el pandemonio: las personas lloraban y gritaban histéricas, una mujer mayor cayó desmayada junto a mis tenis, ahora manchados de sangre y con carne remolida. Yo seguía con la mirada perdida, con la mano extendida y la cartera bajo el brazo. En menos de cinco segundos llego una cuadrilla de policías para restaurar el orden. Alguien les dijo que yo estaba hablando con él antes de que se lanzara, y me llevaron al Ministerio Publico para declarar. Había olvidado ya la cartera, que solo eche al morral cuando me transportaban en la patrulla. Dije todo lo que sabía, que no conocía al hombre y que había llegado a hablar conmigo, que la decadencia de su vida lo había llevado a cometer suicidio. Me dejaron lavarme en la delegación y, al ver que no sabía más que ellos, dejaron que me fuera a casa.

Al llegar tire el morral al sillón, con tan mala puntería que reboto y todo su contenido se fue al suelo, incluyendo la cartera marrón que había recibido esta noche. La recogí y me senté en el sofá, al abrirla una pequeña nota amarillenta cayó
al suelo, la levante para leerla:

“Si estás leyendo esto es porque ahora estoy muerto. No te conozco y jamás te llegare a conocer, pero eres la persona que me brindo su hombro en mis últimos momentos. No busqué hablar contigo para evitar lo que hice, sino para irme tranquilo, sabiendo que alguien conocería mi historia, te lo agradezco infinitamente.
PD: La cartera es un regalo, por las molestias que te cometí, espero te sea útil”

Al abrir la cartera un fajo grande de billetes se asomo, los conté: 7,200 pesos en billetes de $200. El dinero esta en la mesa de centro, junto a mi bata manchada de sangre, frente a las incertidumbre de usarlo o no para cualquier cosa.

Recuerdo la historia y un escalofrió me recorre la espalda…

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Visitantes de otra jungla

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