...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Caminante

>> miércoles, 5 de enero de 2011

Gabardina negra, un sombrero de ala ancha y los zapatos del trabajo. Un paquete iniciado de cigarros, el encendedor y el cuchillo sujeto en el cinturón. Caminata nocturna.

La colonia sumida en silencio logra que te hundas más en la molestia, en la violencia y demencia...en la impotencia existencial. Lo único que acompaña tu andar es el eco lejano de tus pasos y alguna nota navideña de las luces con que adornan tu calle. Continúas, inicias el primer cigarro y calas hondo, lastimándote la garganta y esas viejas cicatrices. No importa, sigues, te consumes y caminas. El tiempo no importa, el tiempo no es algo que te interese ahora, son las tres y media de la mañana y sólo quieres dar salida a esas ansias. Miras tu sombra burlándose de ti, caricaturizando tu andar ondeando la gabardina que otrora perteneció a tu abuelo. Tu caminar sin sentido, el sombrero y el mango del cuchillo destacando de tu pantalón, te produce disgusto.

¿Dónde quedaste? ¿Dónde está el muchacho orgulloso e imponente? Oculto entre las sombras del pasado y la locura, encadenado cual Prometeo por dar la luz a un ser despreciable que se revuelca en oscuridad. Reptando por las calles vacías, buscando una víctima para saciar su arranque de furia y así poder descansar tranquilo esta noche.

No pasa más de veinte minutos cuando una silueta se descubre bajo un poste del lado izquierdo de la calle. Ha llegado un afortunado. Por impulso, abres la gabardina y acaricias el mango del arma. Él camina hacia ti cuando tu sombra lo alcanza, tiras el cigarro, sonríes, saca una pequeña navaja y se abalanza contra ti. Groso error. Tu arma sale del cinturón con un movimiento limpio y entra completa en el abdomen del asaltante. La mueca de dolor en su cara te divierte, giras el cuchillo para provocar un daño aún mayor. Se retuerce, deja caer su arma, sus piernas se colapsan y caé al suelo hecho un ovillo. Notas que toma aire para gritar, tu mano libre aprieta la faringe para impedirlo. Está aterrado. Te burlas en su cara mientras la desfiguras con los dedos. El cuchillo juega en el pavimento junto a su oído izquierdo. Un perro ladra, decides que es el momento final y golpeas la cara del sujeto. Se protege el rostro y entonces haces la jugada final: pasar el cuchillo por su cuello, de izquierda a derecha en un degüelle perfecto. Tres perros más se han unido al coro. Debes irte. Aprovechas un fallo en la calle que da una pequeña barranca para tirar el cuerpo.

Caminas de regreso, la paz invade tu cuerpo a pesar del cansancio. Tarareas las notas navideñas. Ahora tu sombra es benevolente contigo. Ha llegado un suplente en cuanto a grandeza en tu porte. Ve a casa, toma un baño para quitarte el sudor y la sangre, descansa.

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Las costillas rotas de Adán

>> lunes, 3 de enero de 2011

Te escucho en silencio, cada palabra es un ariete en mi cabeza y cada sollozo son cientos de flechas dando contra mis sienes. Asesino mis cuerdas vocales por respeto a tu duelo antecediendo al mío (la calle no importa, la sangre tampoco, sólo estás tú, lo que me interesa eres tú). Te veo entre nuestras lagrimas y sólo alcanzo a escupir uno que otro “ajá, ajá” junto a borbotones de sangre. ¿Qué puedo decir ahora que parezca reconfortante?

Aquí, viendo la lluvia de estrellas sobre el callejón, no puedo engrapar las fisuras de tu pasado (ni del mío, ni del nuestro), pero sí tenderte un cachito del tiempo que me resta, el tiempo que duren las pulsaciones, o lo que tarden las sirenas en llegar, lo que pase primero pero que prolongue a su vez tus palabras.

Y siguiendo el hilo ahora comprendo por qué me lo estás contando precisamente a mí, un nuevo desconocido debido a los años apartados. Ahora sé que todo tu entorno está implicado, que todos forman parte del problema sin saberlo. Cometiste un error que no te perdonaría nadie de los que dicen quererte… Tal vez te pese más comenzar de cero y huir que afrontarlo o negarlo o esconderlo bajo siete llaves. Aunque ciertas cajas fuertes acaben por oxidarse por dentro y lo pudran todo.

El paso del tiempo cura heridas pero no regenera las mutilaciones del alma. La memoria no siempre actúa como la cola de una lagartija, sino como un miembro que se pierde y nunca crece.

No puedo decirte nada que te reconforte, pero si proponerte algo:

Usar una prótesis que compense el muñón de ese error. Aprende a vivir con tu cojera: hazla sexy. Empieza de cero si es lo que quieres, pero asegúrate de que tu nuevo entorno sepa que la nueva Eva no es la costilla de ningún Adán, sino la que mató a la serpiente de su pasado. Tampoco trates de evitar que esos lindos ojos rojos te delaten. Las lágrimas te sientan bien. Hacen juego con la sangre que baña el suelo y mi camisa (los peritos rodearán con gis las gotitas de lágrimas, como si fuesen pequeños cadáveres junto al mío).

Supongo, ahora que tengo el puzzle resuelto (o que creo tenerlo, realmente, pero dado el poco tiempo que tengo diré que está resuelto), que al haberme afectado cometiendo ese error creíste que disparándome, el error se limpiaría de tus antecedentes. Espero no ser ahora el parte aguas de un mal inicio. Corre, las luces titilan en la calle de junto y los policías comienzan a bajarse de las patrullas. Suerte. Adiós.

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De amores sangrantes...

>> lunes, 31 de mayo de 2010

Déjalos, son sólo perros rabiosos en una cama. Únicamente quieren desahogar su ira y frustración en forma de rasguños y mordiscos.Me perdio y te perdio. Entre gemidos y bramidos se odian, se matan, se lastiman físicamente…psicológicamente ya están crucificados. Dejalos morir en su charco de inmundicia. Déjalos.




Ven, bésame, olvídate de él y yo me olvidaré de ella.


Ven, abrázame, ya los mataremos mañana.


Ven, siénteme, gime cuando te rasguñe.




Ven…


córtame…


hiéreme…


muérdeme…


cúrame…


comencemos a amarnos.

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Escupiendo Corazones

>> miércoles, 7 de abril de 2010

Lloroso, encorvado y herido de amor caminaba entre calles céntricas desiertas. La historia anterior no es de interés, él solo es un apasionado que se toma las cosas en serio…y al que las cosas en serio lo lastiman. Realmente estaba mal.

Cerca de Palmas, cerca de la media noche, unas nauseas enormes lo invadieron de golpe. Cayó de rodillas y renqueo, ¿qué podía vomitar si no había comido nada en tres días?

Siguió tosiendo y retorciéndose unos minutos más hasta que un dolor punzante en el pecho lo obligo a cerrar los ojos y gritar. Tosió una vez más, sintió la garganta despejada, pero ahora salió algo. Entre lagrimas y los ojos a medio abrir, vio un bulto moverse entre fluidos negruzcos y rojizos , parecía…latir? Se limpio la vista y lo vio ahí, tirado entre adoquines y publicidad política: un corazón humano latiendo. La realidad se volvió un sueño surreal en un segundo. Volteo buscando al dueño del corazón, a algún idiota que lo dejará ahí mientras él vomitaba, una ambulancia, una hielera. Nada. Nadie. Al parecer, el corazón era suyo, cayó de espaldas sin entender nada.

Al cabo de unos minutos se dio cuenta que se sentía bien, que comenzaba a tener frio y que la casa no podía esta sola tanto tiempo. Así que se encamino hacia Bellas Artes, no sin antes haber recogido el corazón y cubrirlo instintivamente con la chamarra.

Llegó al departamento, encontró un frasco grande de cristal y metió el corazón en solución salina, por si acaso.

No podía ser su corazón, no, busco su pulso sin éxito; improviso un estetoscopio con una hoja y un popote, no se oía nada; corrió y salto para agitar su corazón, nada, era como estar muerto. Comenzó a darse cuenta que lo que hace unas horas le hacía sufrir ahora no surtía efecto, comenzó a bendecir aquello aunque no lo comprendiese, fue genial… Guardo el corazón bajo la cama y lo saca de vez en cuando a que le dé el sol, o inclusive a hablar con él, a contarle lo que hacía y no sentía.

¿Qué cómo lo sé? ¿Calles solas? Si, no había nadie…jaja, ¿no comprendes? ¿Tienes un estetoscopio a la mano? Te invito a sorprenderte un poco.

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Llamando...

>> jueves, 25 de marzo de 2010

Recuerdo las revistas y artículos que vanagloriaban a Graham Bell y su invento…yo lo odio, lo odio porque inventó la tentación de poder tenerte aquí y ahora cada vez que el instinto lo nubla todo. En cualquier momento, en cualquier lugar, en mi mismo mundo.

Saco el celular de la bolsa, acaricio el teclado. El 1 y el 3 son tus ojos. El 4 y el 6, tus pezones. Acerco el 8 a mi boca: lo huelo, lo beso. Levanto con la uña el asterisco de tu zapato izquierdo. Mantengo intactas las flechas de dirección, por si te da por usarlas para ahogar tus gemidos.

Pienso en marcar tu secuencia, en pulsar tu esternón dos veces, luego tu parpado derecho, tu pubis, tu sexo, 5, 5, 1, 8... pero mis dedos no saben guardar un secreto: ya están pulsando los números que deseo pulsar. Y al concluir la nemotecnia de tu cuerpo, cuando ya estoy a un paso de darle al botón verde, el verde clorofita de tu voz me llama, me chasquea los dedos una maestra de rostro blancuzco y abrigo de imitación de ming, y en medio de ese brain collapse en lugar de presionar el botón verde me confundo y le doy end a mis pies.
La profesora habla, sus manos revolotean y me dice que caminemos hacia el Amoxcali, para ver el tema de mi exposición, y ahora en lugar de presionar ATP y glucosa en mis músculos, me confundo y presiono el botón verde, y al instante ya está sonando tu voz a través del altavoz del Nokia:

- Estaba pensando en lo mismo - dices nada más descolgar.
- Ahora - te digo yo.
- ¿Has vuelto a romper el teclado del móvil? - me preguntas.
- Sip. Menos las flechitas de….
- ¡Genial! Mis vecinos. Ya sabes...-me interrumpe
- No entiendo nada - interrumpe ahora Josefina.
- Afortunadamente - respondo.

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>> domingo, 24 de enero de 2010

Sabanas tibias, edredón de plumas y mi cuerpo debajo de ellos, solo. Es medio día, abro con pesadez los ojos y me levanto por inercia. Me siento en el borde del colchón, veo mi departamento. Piso de duela, sillones de terciopelo negro, escritorio de acero y cristal, telones a modo de cortinas, un par de palabras escritas con labial en el espejo de la cómoda. Por una ventana se cuela la imagen del Parque América, uno de los pulmones favoritos de Polanco.

Salgo de la cama y me tropiezo con el almohadón turquesa, el que Nelia prefería morder para ahogar gemidos. Lo lanzo sobre la cama, matrimonial, carmesí, deshecha…hogar de besos, caricias, palabras…nido de orgasmos.

Entro a la ducha, el agua bajando por mi cuerpo hace que los recuerdos fluyan, la inundación del sótano, las copas después de cada representación, mi cuerpo y el de Nelia fundiéndose dentro de esta misma tina…Nelia, mi ex novia, con quien terminé en noviembre dos años de relación…las gotas de agua me recuerdan sus lágrimas. Toda referencia a ella me trae recuerdos tormentosos…sexo con llanto, esperma y lágrimas.
Un flash back casi me ahoga.

Era casi el final de la relación, estaba sobre ella, penetrándola. Iba a besarla, tenía los ojos cerrados, pero con mis labios pude sentir su cara húmeda. Lloró y lloró…
-¿Qué pasa?- Pregunté asustado.
-Demasiados sentimientos- Contesto, evitando mi mirada.
La acaricié, seguí con la monotonía del misionero y termine…no se enojo, no se corrió, nada.

Dos semanas después, termine en la cama con un compañero del reparto. Al término de una obra y su subsecuente fiesta, lo invite a tomar un trago. Puse el último disco de Sabina, de ahí a Serrat, y después a Páez. A las cuatro de la mañana fingimos cansancio. Cerca de las once despertamos, la cabeza de Daniel descansaba sobre mi pecho, él despertó antes que yo y escuchaba mi corazón. Se acerco y me beso, Me dijo que desde los ensayos quiso estar conmigo, que el beso en los camerinos lo hizo desearme, pero que la pena se lo impedía. Con un movimiento seco se sentó sobre mi pelvis y se inclino para besarme. Estuvimos así veinte minutos, desnudos, extasiados. Se comenzó a mover sobre mí, lleve mis manos a su cadera…después lo penetre, se masturbaba, termine en media hora y él en seguida. Se rindió sobre mí, y el sueño nos sorprendió de nuevo, uno sobre el otro.

Despierte esa mañana y deje a Daniel durmiendo, Se me hacia tarde para el ensayo de la obra nueva. En la recepción de la escuela veo a Katia. Ella me llama la atención, no es su físico, ni su belleza, es su inteligencia que me mueve algo por dentro. Ser bisexual no es ser homosexual, no es ser oportunista, mucho menos pervertido y raro.

A lo largo de mi vida 9 mujeres y cuatro hombres…se podría decir que no está mal.

Anoche no hubo ensayo y fuimos a algún bar, baile con Flor y la invite al departamento a tomar una copa, el whisky dio paso a los besos, estos a las caricias…después le fui quitando la ropa. Morena, de caderas antojables, y cabello tan negro como el terciopelo del sillón donde la desnudaba, se sentó sobre mi y llevo mi sexo hacia el suyo, bailo sobre él. Cantaba bossa-nova en mi oído mientras gemía. Le gustó como me movía, me gustó como gemía. Llego al orgasmo mientras yo estaba arriba, clavo sus uñas en mi espalda y la penetré por completo, grito, me vine dentro de ella.

Desperté hoy, mire el departamento y tome una ducha…El día es largo, y he perdido ya mucho tiempo acostado. Hay ensayo y volveré a ver a Flor, parece que quiere repetir la experiencia, según lo que leo en el espejo.

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Llueve (en mi cabeza lo hace)

>> sábado, 9 de enero de 2010

Llueve. Se forma un cuello de botella, las llantas de los autos se extrangulan contra el cemento, las manos de los conductores lo hacen contra los volantes y pierden la ronda. Sigue lloviendo.

No puedo moverme pero la lluvia se mueve, me mueve por dentro sin mojarme por fuera del interior de este auto: La lluvia cae, mi piel seca y mis adentros encharcados, ¿alguien puede explicármelo?¿ Es cómo la ley de los vasos comunicantes pero entre mis Nike y el hule del tapete?, ¿no? es eso, ¿verdad?

Acciono el limpia-parabrisas y trago a la vez. La lluvia está fría y duele al pasar por la garganta. Las gotas no se mezclan al juntarse (como si fuesen “aguas distintas”, violadoras de la lógica de los enlaces), no, sólo chocan entre ellas como si fueran de cristal, y algunas se rompen, sí, y me desgarran la tráquea y la sangre me ahoga, no puedo respirar, ¿quiero respirar? ¿necesito respirar? y pienso en llamarte pero mis dedos son mucho más orgullosos que yo, y grito tu nombre pero solo salen pompas sordas de sangre cuajada que, por supuesto, no te llegan, nada te
llega aunque no seas sorda, ni ciega.

Nada te llega porque la vida me ha hecho tímido, arrogante, hermético, desconfiado… pendejo. No has sido tú. No he sido yo. Ha sido la vida, ¡no! ha sido la lluvia. Valiente excusa (puta excusa).

Y de seguir así, ahogándome sin llamarte, sabrás de mí por mi obituario (¿qué diría mi obituario?...mentiras, supongo), o por mis comentarios de detectives. Porque te reemputan mis libros de detectives, ¿verdad?, parece repelente cuando nombro a Holmes, a Belascoarán, a Burçak, o a cualquier otro pendejo o deductivo, o inductivo, o terco ¿verdad? Por eso no puedo ni quiero dejar de llamarte, y te llamo:

- ¿Dónde estás?
- En el metro, camino a Chabacano
- ¿A qué hora llegas?
- A las dos y cuarto.

Ni siquiera son las doce. ¿Podré aguantar sin ahogarme hasta entonces? ¿se pondrá mi cara azul? ¿me seguirás queriendo aun transformado en un puto pitufo de un metro setenta? ¿serás capaz de tragarte el agua de mi lluvia? ¿querrás ser el filtro de mis impurezas? ¿será tu sonrisa el sumidero que necesito?

¿Llegarás a perdonarme todo el lodo acumulado?

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I Do It (homenaje gatuno a Lennon)

>> martes, 8 de diciembre de 2009

"Mi rol en la sociedad, o la de cualquier artista o poeta, es intentar expresar lo que sentimos todos. No decir a la gente cómo sentirse. No como un predicador, no como un líder, sino como un reflejo de todos nosotros."
"Probablemente seré baleado por algún lunático"
John Winston Ono Lennon. (1940-1980)



Mi nombre no importa, sólo importa mi historia, sólo quiero que alguien lo sepa a 29 años de que sucediera, a casi tres décadas de que murió.

Vivía en ese entonces en Brodway Avenue, esquina con The 69 street, ¿qué mejor lugar para un dramaturgo emergente y amante de las artes? Para un inmigrante mexicano joven con ansias de vivir su sueño. Sabía que él vivía en el edificio Dakota, que quedaba a unos metros caminando del sótano donde me hospedaba. Ya sabía que él vivía con Yoko y con Sean, también que salía con el pequeño a dar una vuelta por Central Park. Sabía que había dejado todo por atender a su pequeño hijo. Sabía que tenía problemas con Yoko, pero que se rehusaba a hacerlos mayores. Era una celebridad y vivíamos estúpidamente cerca, yo era un fiel seguidor de su obra, un muchacho tímido de 23 años que añoraba platicar con el hermano Lennon. Era el año de 1980.

Ese fue el invierno más crudo de toda mi estancia en New York, no había día que no saliera con el abrigo de pana y los guantes de lana. El ocho de diciembre salí para entregarle una adaptación de Emilio Carballido a un director Rumano que quería teatro mexicano en Brodway. Eugene leyó mi adaptación, sonrió y me dio la paga inicial. Con una sonrisa en los labios, satisfacción por mi trabajo, y dinero en el bolsillo camine hacia el parque central.

La tarde comenzaba, seria cerca de las tres y media cuando llegue a las afueras del edificio Dakota. No podía creer mi suerte, yo llegaba y Lennon salía del portón del edificio, aunque tal suerte no duro demasiado. Apenas asomo las gafas por el marco de la puerta, decenas de personas que estaban en los alrededores se aglomeraron en torno a él. Yo me acerque, aunque quede a unos diez metros de John. Recuerdo claramente el ultimo, si no es que el único, autógrafo que dio. Era un “Double Fantasy”, propiedad de un chico no mayor que yo, con un par de lentes enormes, sobrepeso, vestido con una chaqueta y un sombrero, características que lo hacían ver ridículo. Al acercarme más choque con este tipo, vi en sus ojos una inocencia infantil apareada con un ansia que no logre identificar, “es sólo un fan emocionado” me dije en un pensamiento. No podía estar más equivocado.

Después de chocar con aquel muchacho me acerque a la limosina sólo para ver como Lennon y Yoko se despedían de nosotros. Un poco frustrado sólo levante la mano y sonreí ligeramente. Tenía tiempo de sobra, unos dólares en el bolsillo y la disposición a hacer todo por un autógrafo de aquel ídolo. Por lo tanto, camine a un costado de Central Park hasta llegar a un local de comida cantonesa. Comí, escribí un par de cuentillos en una servilleta, escuche música, salí del lugar y camine sin rumbo a lo largo y ancho del parque…así se fueron siete horas de mi vida. Sabía que Lennon gustaba de regresar temprano a casa, para contarle un cuento a Sean y verlo dormir. Regresé al Dakota a las diez veinte de la noche.

Prendí un cigarrillo, camine en la acera del frente, siempre bajo la luz de un farol de la calle. Entonces distinguí algo entre las sombras del edificio. Era el mismo chico obeso de la tarde. En un principio su presencia me provoco inquietud, aunque después relacione su estadía con un fanatismo típico de un seguidor empedernido de John. Volví a equivocarme.

La limosina de Lennon llego al edificio a las once menos diez de la noche. Guarde la moneda con la que me entretenía en lo que él aparecía. Yoko ya había entrado al Dakota cuando yo terminaba de cruzar la calle y aquel chico salía de su escondite.

Lo que a continuación ocurrió, duro más tiempo que el que había pasado esperando para verlo. Salté a la banqueta flanqueando un parquímetro y levante la vista cuando el muchacho grito “Señor Lennon”. Vi el arma levantarse junto a su mano. Tire él cigarrillo que tenía en los labios, grité, corrí en dirección al chico de la chaqueta para evitar que disparara, muy tarde. Para cuando llegué a su lado ya había hecho dos tiros, mismos que dieron en el hombro izquierdo de John, haciendo saltar sangre al tapete de la recepción. Mi respiración se detuvo, sentí escalofríos, intente golpear al tipo (más por defensa propia que por ayudar a Lennon). Tome el arma con la mano derecha, y por equivocación metí el dedo medio en el guardamontes, entre su dedo y el gatillo. Forcejeé con él, sin pensarlo, cerré la mano para quitarle el arma. Dos ruidos sordos más rompieron el intervalo de silencio. Un tercer y cuarto disparos salieron del cañón del revolver e impactaron en el abdomen de Lennon que cayó de frente contra una ventana del edificio.

El chico (que horas más tarde sabría su nombre: Mark David Chapman), me empujo y dio un puñetazo en la boca, perdí el equilibrio y él, arrebatándome el arma, dio otro tiro que reventó una ventana del lugar. Vi a Lennon entrando a la recepción, a Chapman caminando hacia mí con la culata del arma levantada. Me levante y corrí calle abajo, sólo corrí. En unas cuantas zancadas llegue al sótano donde vivía, cerré la puerta y me desplome tras ella. Temblaba y sudaba frío, mil voces invadieron mi mente: “Asesino a su ídolo” “Lo hizo a sangre fría” “ARTISTRA BRITANICO ASESINADO POR ARTISTA MEXICANO ¿ENVIDIA?” “No es mi hermano, él no haría eso” “El chico de lentes lo intento salvar, pero al final mato a John Lennon”… Encabezados de periódicos, fotos de revistas, imágenes de amigos y familiares desfilaron por mi cabeza. No podía respirar, me arrastre hasta la mesa de centro, todo se oscureció, comenzaba a desmayarme. Mi sistema nervioso colapso junto a mi cuerpo.

Desperté a las 12:21 de la madrugada, el llanto de todo New York fue el responsable de arrancarme del profundo sueño. Salí a la calle y vi a Eugene caminando hacía mi entrada

-Mataron a Lennon hermano.

Se soltó a llorar. Sentí nauseas y ganas de correr, un miedo atroz a un linchamiento a mitad de Brodway recorría cada célula, entonces el rumano se acomodo en mi hombro y siguió llorando. Me sorprendió que no me atacara o gritara algo como “¡Aquí está el asesino!”. No me hizo falta preguntar…mucho menos declarar lo ocurrido, el director me explico todo.

-Fue un fanático de Lennon, tiene problemas psicológicos, no ha madurado, nos quito algo muy valioso. Lo espero a la entrada del Dakota y disparo cinco balas expansivas contra John, cuatro le dieron. Una destrozo su aorta, esa bala lo mato.

Sentí una paz insoportablemente inquietantante en mi, aunque mi cabeza comenzó a llenar los espacios vacios. ¿Por qué no inculparme a mí, si yo hice tres de los disparos? ¿Por qué prefirió quedarse ahí? ¿Por qué nadie me buscaba? ¿Por qué parecía qué yo no había estado ahí? La respuesta era muy simple: Chapman no estaba dispuesto a compartir su noticia con alguien más, menos aun si ese alguien más era el verdadero causante de la muerte de John Lennon.

Los días pasaron, el mundo entero estaba en luto…¡Maldita sea! ¡Hasta Jesús estaba de luto!. Mis amigos y primos me hablaron desde México para preguntarme que sabía. En cada llamada se me formaba un nudo en la garganta que me impedía hablar. El diez de diciembre quemaron su cuerpo, en la noche de ese día yo quemaba mi garganta en algún bar de mala muerte del Bronx. Seguí trabajando, seguí creciendo, y seguí bebiendo cada 8 de diciembre en su nombre…hasta el día de hoy, que cuento por primera vez que paso esa noche fría de diciembre, en la ciudad de Nueva York, entre el edificio Dakota y el Central Park.

¿Que hicieron estudios al arma y no aparecían mus huellas dactilares? Recuerda que ese invierno había sido muy crudo, que nunca me sacaba los guantes de lana ni el abrigo de pana. Que el recepcionista estaba hablando con Yoko y que la calle estaba vacía. Que Chapman buscaba protagonismo y que yo no debía estar ahí en ese momento…


Para quien no lo sepa (que espero no sean muchos) hoy se cumplen 29 años del deceso de John Lennon a manos de David Chapman. Este es una especie de homenaje realmente extraño, con mi firma incluida, espero les guste, y una aclaración importante: ESTO NO FUE LO QUE OCURRIO. Sin más por el momento, me retiro.

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>> sábado, 5 de diciembre de 2009

Tú sólo escribe mi corazón de grafito,
que sé que lo que salga de tu sangre de tinta
sera digno de ser recordado por tu fanática número uno.
-:-Tessaiel/Teresa-:-



Gracias pequeña, almenos así me impulsan a seguir escribiendo, ya que no es tan en vano, aunque los comentarios sean escasos

Dejé de saber de ella desde hace poco más de un año, cuando supe, por cortesía de Hi5, que se había encontrado un novio mucho más guapo, más responsable y más monógamo que yo. Nada más enterarme, en un estúpido arranque de celos estúpidos e irracionales, borré su cuenta de mi lista de amigos.

Se llamab… se llama Patricia. Tenía (almenos en nuestro tiempo) la piel apiñonada, suave, despierta y feliz. Tenía un lunar a un lado de la nuca, una manchita oculta debajo del tirante del bra (recuerdo que una noche despertó cuando intentaba robárselo), y las cejas más simétricas que he visto en mi vida.

Nos dimos el primer beso en junio del 2007 y el último en octubre o noviembre del mismo año. El último mes incluso llegué a tener mi propio cepillo de dientes en su cuarto de baño y un paquete de “goma” de reserva en el segundo cajón de su mesita de noche.

Nos prometimos amor eterno, pero la eternidad duró mucho menos de lo esperado.

Por aquel entonces yo vivía obsesionado con mi novela. Escribía de día y de noche, a cualquier hora. En cuanto me asaltaba alguna idea más o menos buena, lo dejaba todo y corría al cuaderno a teclear las palabras o a la computadora a garabatear mis ideas. Reconozco que esta obsesión mía no fue fácil de digerir para ella.

Un día, Patricia se despertó pero yo no estaba. Tras buscarme por toda la casa me encontró en la azotea, sentado en el tanque de gas con la lap sobre las piernas, titiritando de frio aquella mañana de octubre o noviembre. Se acercó y, cerrándome con furia la pantalla me dijo:

- O tu novela, o yo.

Y ahí se jodio todo.

____________________________________________________________________________

Cuento esto porque ayer se subió al metro un tipo más guapo, más responsable y más monógamo que yo. Antes incluso de darme tiempo a apagar el reproductor de música, me miro sobre el hombro de un contador y me dijo:

- ¿Eres Jean? ¿Jean Macías?
- Sí - respondí.
- ¿El ex de Patricia Fonseca?
- Amm... sí.

Y sin más, tacleando al hombre que nos separaba, se abalanzo sobre mí y me dio un puñetazo en la cara. Cuando intenté reaccionar ya había corrido y las puertas del metro se cerraban frente a mi adolorido rostro.

Ahora tengo un labio hinchado (como haciendo berrinche, como molesto), una sonrisa en la parte intacta de la boca (que convierte mi cara en un cuadro digno de Van Gogh), y una certeza: Patricia, dos años después de aquello, se sigue acordando de mí =).

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>> domingo, 29 de noviembre de 2009

Esa noche llego totalmente ebrio. En la casa no estaban los padres, ni los hermanos menores, solo él, tres botellas más de Vodka y un par de invitados especiales más. Tomó un CD y lo puso con dificultad en el reproductor…dos botones a la derecha, teclear una vez, presionar el quinto, darle a la tecla triangular, esperar a que corra la primera canción y girar la perilla a la derecha, hasta que tope y el sonido tire el pisapapeles del escritorio.

Los requintos del maestro Satriani destapan la botella de alcohol ruso, Jean se tira a un lado del sofá y bebe directamente, más de medio litro, más de cien en efectivo, más de media vida…quema. Su estomago hace una revolución y escupe la mitad del alcohol ingerido. De rodillas en el suelo, arrojando Vodka por boca y nariz, con los ojos llorosos; golpea el buró metálico dañándose los nudillos. Éstos sangran, escupe sobre ellos y resiste el dolor que provoca la bebida en su carne abierta. Esto es una mierda. Baja la cabeza, llora.

And if I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time, all the time.


“¿Qué ha hecho el alcohol por ti?”
“Nada.”
“¿Por qué sigues bebiendo?”
“No lo sé.”
“Eres patético…”
“¡Déjame tranquilo!”
“¡Escoria! ¡Me avergüenza ser tú!”
“¡No te avergonzabas cuando era el primero de la clase, el más querido, el niño modelo!”
“Valla que lo hacía. Vivías una vida vacía, por ello te impulse a vivir una vida real que te per…”
“¡Eso hice!”
“¡Claro qué no! Te fuiste por los excesos, alcohol, mujeres, drogas…esa no era la vida que esperaba para ti.”
“¿Y?”
“Estas atascado, estas hasta el fondo del pozo…y estas hasta el fondo solo.”

…Down in a hole, losing my soul
down in a hole, losing control
I'd like to fly,
but my wings have been so denied…


Levanta la cabeza, se intenta incorporar y se tambalea. No puede con su alma, se sabe decepcionado de sí mismo, se sabe la mierda más grande del mundo. Grita, pero su voz se difumina entre una canción que apenas reconoce. Toma de nuevo la botella y descarga su contenido en su estomago…vuelve a quemar, castigo justo para un ser despreciable como él, piensa.

Cae el al suelo, no suelta la botella vacía…hace días que no ha comido, hace días que bebe y el equilibrio no está de su parte ahora. Su frente da de lleno contra la esquina de la cómoda, abriendo una de las puertas de madera y su ceja derecha, la sangre nubla la vista de ese ojo. Se lleva la mano libre a la herida y de ahí a su boca.

…I’m so tired of being here
suppressed by all my childish fears
and if you have to leave

I wish that you would just leave
cause your presence still lingers here
and it won’t leave me alone
These wounds won’t seem to heal
this pain is just too real
there’s just too much that time cannot erase…


Se incorpora y apoya contra el mueble. Da un vistazo dentro de la gaveta como dentro de su cabeza: el chaleco que tejió la abuela, el dinero que debe a Martin por la pérdida del rush en el último rave, la gorra que regalo Nora, el último encuentro con Nora, el perfume barato de la ultima boda, él teniendo sexo con la novia de su mejor amigo, las pañoletas, el reciente asesinato de su hermana, el ácido muriático de las bombas caseras, la última salida.

This is the end
beautiful friend
this is the end
my only friend, the end.

Of our elaborate plan, the end
of everything that stands, the end
no safety or surprise, the end
ill never look into your eyes… again…


Lanza la botella que se destroza contra el marco del espejo. Gateando, alcanza el frasco translucido, aquel liquido amarillento de corrosivas propiedades. Realmente no lo piensa mucho, lo abre, lanza la tapa y el tapón de seguridad detrás de la cama. “Ahora o nunca, si te detienes a pensarlo no lo harás”

Inclina la botella noventa grados, el ácido llena rápidamente su boca, carcome sus mucosas y disuelve su dentadura. Traga, ¡rápido!, de no hacerlo pronto dolerá y no matara, de no hacerlo pronto se enclaustrara en una vida que ya no quiere. Segundos después la botella de medio litro se estrella contra la ventana, cuando cae los gritos de Jean inundan el cuarto. No hay vuela atrás.

El dolor es insoportable, Jean se retuerce sobre la madera del piso, llorando. Ni siquiera el alcohol ayuda a controlar tanto sufrimiento. “No importa, no tarda mucho en terminar”, piensa antes de arrodillarse y vomitar sangre negra…la hemoglobina se convierte en hematina, sus vísceras se disuelven poco a poco.

El llanto y el vomito siguen, uno continuo y otro intermitente. Más gritos. Pasa una eternidad en cinco minutos, la mitad del cuarto está llena de sangre: paredes, televisión, escritorio, cómoda, cama… Entre los últimos respiros Jean se aferra al cobertor verde, vuelve a vomitar y a derramar lagrimas sobre el. Se limpia la boca y nariz. Solloza, comienza a sentir frio, ligereza, el dolor disminuye, su cuerpo comienza a caer, jala el cobertor. Tirado en medio de sangre y ácido, lagrimea por última vez, aprieta los puños, cierra los ojos y piensa en quienes deja en este mundo. Sin abrir los ojos, respira profundo, pronuncia un “perdón” y su corazón deja de latir.

…you float like a feather
in a beautiful world
I wish I was special
you’re so fucking special
but I’m a creep
I’m a weirdo
what the hell am I doing here?
I don’t belong here...

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Entrada escrita y publicada en un hotel (no de paso). Inspiración y animo cortesía de Mónica, los sábadomingos dedicados surten efectos extraños, positivos pero extraños. Amm, la madrugada es joven y soy joven...y menos inocente XD. Espero les guste la entrada.

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Palabras

>> jueves, 19 de noviembre de 2009

No puedo parar de leer mientras me muevo (o mientras cierro los ojos, duermo, beso…). No puedo evitar transformarlo todo en palabras, en un código grafico que entendemos en esta y otras regiones del mundo. La gente que se atraviesa en mi camino tiene letras tatuadas en sus rostros (diferentes fuentes, múltiples colores, diferentes trazos, algún borrón, pero siempre letras). No los miro; los leo. Los cristales de mis lentes son escaners analógicos.

Alzo la vista al cielo y aparecen mensajes subtitulados entre el horizonte y las nubes. Escribo un sms, con la palabra CIELO, al 61111: "¿Subes o bajo?", y al rato aparece mi mensaje en blanco pachon, con fondo azul. Y ahora, la "o" final de mi mensaje está siendo violada por una avioneta de un partido politico. Y me cago en la estela del intrusismo literario.

Imagina que todos tuviéramos una palabra tatuada en la frente. Imagina una palabra que fuera sólo tuya, irrepetible, que te persiguiera hasta el fin de tus días. Una palabra cuya lectura te definiera, o dijera todo cuanto necesitaras demostrarle al mundo sobre ti y a simple vista.

Mi palabra sería: Apasionado (en todos los sentidos, claro)
¿Y la tuya? Dame cinco!!!

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(1992-2007)

>> miércoles, 11 de noviembre de 2009

La vida que vivimos juntos camino frente a mí de la mano de una intérprete de blusa verde. En tan solo hora y media, el veneno y el dolor de la nostalgia recorrieron mi cuerpo, alojándose en mis lagrimales, pecho y cabeza. ¿Qué paso? pocos conocen ese trauma.

Se cumplieron ya dos años de la decisión que más repudio en toda mi existencia, y así se irán cumpliendo más y más y, al parecer, no podré superar las consecuencias que unas pocas palabras dieron como resultado. Amigos, psicólogos y familiares lo han dicho “No fue tu culpa” ellos saben que así no lo creo, así no lo siento. Sé que es una especie de enfermedad mental el seguir mandando sms’s a su teléfono cuando nadie los contestara, o enviar correos a un correo que me sigue respondiendo como falla…como inexistente….suspendido.

Hoy te recordé por n número de canciones que me dedicaste y que me cantabas. Hoy recordé el remordimiento de decir “Puedo sin ti y tú puedes sin mi”. Hoy intente dormir…soñé contigo de nuevo, desperté y el insomnio me ha acompañado desde entonces. Hoy vuelvo a decir esto: Te extraño.

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Corvus corax (pequeño homenaje a E.A.P.)

>> lunes, 2 de noviembre de 2009

Lo encontró en una salida de campo a Hidalgo un 19 de enero del 2003. En la quinta y última caminata, logró ver dos cadáveres de cuervo común al pie de un árbol, muertos por heridas de bala. Los recogió y revisó. “¡Gente estúpida!”. Cuando estaba por irse escucho un leve graznido…ahí en lo alto, ahí en ese encino, un nido. Subió hasta la copa del árbol y lo encontró: un polluelo de apenas quince centímetros, con unas pocas plumas y los ojos cerrados. Alrededor, cascarones azulados y avecillas muertas de inanición. Regresó al campamento con el pequeño cuervo escondido en el pecho, a tiempo para alcanzar el primer autobús de la facultad. Emprendió el camino a casa junto a un pequeño polizonte.

-¿Cual será tu nombre?...¿Cómo querrás llamarte?...¡lo tengo! ¡Profeta!

Así comenzó la historia, así Profeta llegó a su nuevo hogar, así Edgar decidió especializarse en aves dentro de su carrera. Destinó una habitación como voladero, improntó al cuervo, lo entrenó para que volase cuando y como él quería, y por medio de una grabación le enseño a decir “Nunca más” como la historia de algún hombre que leyó en la secundaria. Cinco años más tarde se titulo como ornitólogo y el ave se convirtió en un ejemplar de exposición.

Una vida de cuento…popular, adinerado y docente dentro de la facultad, Edgar vivía en la opulencia y tranquilidad…o al menos eso aparentaba. La última visita al psiquiatra había arrojado resultados poco alentadores… principio de esquizofrenia y paranoia, cortesía de la genética de su madre. “No importa, no dejare que trunque mi vida”.

-Nunca más.
-¡Cállate Profeta!
-Nunca más.


Transcurrieron cinco meses, al principio todo era una imagen, una respuesta inexistente, una mirada sospechosa, después de más de unos doscientos días…las cosas se volvieron insufribles, palabras susurradas por el silencio, letras congruentes que atormentaban su cabeza y miradas muertas que en él se centraban. “Isabela…su corazón, su sangre”. El cabello faltante en su cabeza era debido a tantos ataques de locura de los que era frecuentemente víctima.

7 de octubre 2009 23:00 horas. Edgar llegó a casa abatido, cansado de las voces y las vistas, cansado de esta vida. El portazo grito “muere de una vez”; aquel gato negro, junto a aquel árbol, lo seguía con la vista, esperando el momento para saltar sobre él.

-Nunca más.- Gritó profeta desde su cuarto en el extremo anterior de la casa.
-¡Calla!- Respondió Edgar arrancándose de un tirón algo del cabello que aun tenia.
-Nunca más.-el mismo graznido rompió la voz del ornitólogo.
-¡Ya!
-Por tu culpa.
-¿Qué?
-Por tu culpa.
-No fue mi culpa, nunca ha sido mi culpa. No debí…no quería.
-Tu mataste a Isabela.

Como un flash llego a su cabeza aquel día. El coñac había sido el anfitrión de la noche e Isabela había aceptado la invitación de terminan la velada en casa de Edgar. Antes de cerrar la puerta, la mitad de sus prendas colgaban de su piel trémula, y en medio de la sala cayeron las últimas piezas de ropa y sus cuerpos se acoplaron. Al principio con la torpeza de la cual dota el alcohol, después, la pasión fue tomándolos como rehenes, hasta que la secuestradora provoco la muerte de uno.

Besos, mordidas, abrazos y rasguños…todos tan deliciosamente placenteros, todos tan deliciosamente mortales. Edgar estaba sobre ella y excitado cuando llegaron dos cosas: su orgasmo y la muerte de Isabela. Eyaculo dentro de ella, a la par que sus colmillos se encajaban en su yugular. La sangre comenzó a fluir, ella estaba en una especie de trance y el, excitado y extasiado por el momento, comenzó a beber el liquido carmesí, hasta que dejo de sentir el pulso de la chica, y de escuchar su corazón.

Se incorporo y buscó vestigios vida en sus ojos…nada, ni en sus ojos, ni en sus muñecas, ni en su pecho. La había matado, la había desangrado y bebido su sangre. ¿Qué hacer ahora? Volteo hacia su derecha y sintió los ojos de Profeta escudriñando su interior, desvió la vista y recogió el cadáver del suelo. “El voladero de profeta siempre huele a carne podrida debido a su comida, no es un mal escondite”. Destazó el cuerpo, separó la carne de los huesos y quemó en ácido clorhídrico partes del esqueleto. La ropa y objetos personales terminaron en el incinerador. Dejó la carne como comida al cuervo… este nunca la toco.

Antes solo en sueños y recuerdos, ahora minuto a minuto, dentro de su cabeza, en los ojos del vagonero del metro, en la ventana del apartamento. Ahí estaba Isabela.

-No.
-Por tu culpa.

-¡Calla ahora!- Abrió un cajón y tomo el Smith & Wesson (regalo número dieciocho de su abuelo) y corrió hacia el ave.- ¡Calla de una puta vez!
-Nunca más. Es tu culpa. Tú la mataste cobarde.

Accionó el gatillo cinco veces sin éxito.

-¿Que quieres?
No obtuvo respuesta, el cuervo solo lo observo con esos ojos tan negros como su plumaje.
- ¿Que acepte que la maté?
Un silencio siguió a su respuesta.
-¿La volveré a ver?
-Nunca más.- grazno el ave extendiendo las alas.
-¿Me perdonara?
-Nunca más.
-¿Merezco morir?

Un nuevo silencio, seguido esta vez por un grito de desesperación de Edgar, después, llanto.
-No quería hacerlo, lo juro, estaba tan descontrolado, tan ebrio, tan excitado…- Hablaba con la mirada perdida en la sala, el cuervo permanecía en una percha sobre él. La mano donde sostenía el arma se fue elevando hasta que el punto de mira se perdió en su cabello y el cañón acariciaba su sien.- Apenas la conocía y la mate…apenas la conocía y la amaba.
-¡Hazlo! – escucho Edgar desde el pico del ave, y en seguida: un estallido carmesí, sangre salpicada en las percheras, en el marco de la puerta y extendida hasta la sala de satín blanco.

8 de octubre 2009, pasada la media noche.
Algún vecino que escuchó los gritos y las seis detonaciones decidió llamar al número de seguridad pública, en unos cuantos minutos la cuadra estaba rodeada por patrullas y hombres a pie. Al entrar el olor a descomposición provoco el vomito de dos agentes y el asco general. En una habitación comunicada a la sala encontraron un par de cadáveres: el primero, de un famoso biólogo de treintaypocos años, suicido con arma de fuego; el segundo, de un cuervo que, según pruebas realizadas más tarde, murió de inanición hace aproximadamente un mes.

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Carta a () bajo su almohada

>> sábado, 31 de octubre de 2009

Señorita X...

Comienzo a buscarte defectos. No los encuentro. Te invento defectos. Me engaño para sobrevivir. Soy imperfecto. Eres perfecta. ¡No lo soporto!

No me gusta mi forma de ser tú antes que yo.

Necesito marcharme de ti y de mi tú y de mi otro yo.

Quiero correr.

Y enamorarme mil veces de dos mil medias mujeres que se parezcan a ti.

Y equivocarme mil veces con dos mil medias mujeres que se parezcan a ti.

Idealizarte y echarte de menos. Llorar retirando tu cabello del suelo de mi habitación.

Necesito pellizcos de realidad que me despierten del letargo de tu sueño.

Necesito buscarte y no encontrarte nunca.

Necesito sentirme muerto.
(quizá no muerto muerto, pero si de la vida que vivo contigo)

Necesito soñarme vivo (con la vida que me dabas)

No puedo ni quiero ni sé vivir así: siempre contigo.

No soporto que el futuro sodomice al presente.

No soporto vivir la misma muerte y morir la misma vida.

Comenzar la peli por el final.

La certidumbre.

Los libros leídos antes de ser escritos.

Las criptas familiares.

Las mismas siluetas marcadas en la misma cama de siempre. (cual escena del crimen…y que
crimen!)

Los mismos olores.

Los mismos besos.

Los mismos tactos.

Aunque esas siluetas, esos olores, esos besos y esos tactos sean perfectos y nunca más consiga la perfección de esas siluetas, esos olores, esos besos y esos tactos.

Ahora sólo te pido que te marches de mi casa y me devuelvas la vida de antes.

Quiero volver a salir a la calle con la misma ilusión de antes.

Quiero volver a conducir mi auto con la única ilusión de buscarte entre las calles del D.F. y de no volver a encontrarte nunca.

Lo siento.

Nota al pie importante: Con respecto a la “señorita X” y para aquellos que sepan (y/o conozcan) de mi sistema de nombramiento; no hay ninguna chica en mi vida, ni en mi cama, ni en mis sueños, ni en mi sopa que corresponda a la letra X, solo la use por ser la variable más famosa en el globo. Hablando de usar…quizá llégue a usar esto cuando (teóricamente hablando), encuentre a una chica tan perfecta, que me vuelva frágil e inútil a su presencia.

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Diagnostico de un 22 de octubre

>> viernes, 23 de octubre de 2009

Cuando estoy en vías de querer algo (no material) y no saber que, como hoy, busco motivos en la cartera, en los audífonos, en los ojos de alguna chica, en la calle o donde sea. Busco cintitas de corrector para las manchas negras de mi materia gris. Narcóticos naturales contra los bostezos de mi estrambótica alma. Orinar en el muro del dolor.

Hago un rolling en mi cabeza y escucho a Joaquín Sabina decirme: "Si nos hundimos antes de nadar no soñarán los peces con anzuelos" y me entran unas ganas de darle un batazo por ser capaz de decir lo que piensa sin pensar lo que dice y en la envidia de sus palabras comprendo que no puedo permitirme estar así, ahora no. No procede, nunca debería.

Todo tiene un sentido, un objetivo, aunque el sentido o el objetivo de todo sólo sea buscar la belleza o el arte en las cosas. O pisar fuerte sobre las conciencias de la gente que camina con un origen y un destino prefijados (Zzz). O aprender de la gente que camina (¿dónde irán?, ¿por qué? ¿Qué piensan?). Objetivos, caminos, razones, motivos, etapas. Todo está ahí por algo: hasta las piedras se pueden fumar o apilar formando muros protectores del frío, o del calor... (o de la gente). O ser capaz de crearme mundos paralelos con cielos perpendiculares al eje de mis test..osterona. O enseñarle el dedo medio a una Luna y Júpiter de infarto. O aguantar la respiración…1…2…3…4…5…6… No podemos aguantar la respiración durante demasiado tiempo. El instinto de supervivencia nos lo impide.

Siempre que empiezo el día de diferentes maneras: feliz, valemadrista, cansado, harto, como ingenuo deprimido…como hoy. En estos dias, debo mencionar, acabo encontrando algún matiz que me lleva a acabarlo con una sonrisa en la boca. Y ahora, ya en la cama con la lap sobre las piernas (y con una par de musas a varios kilómetros de distancia durmiendo a verso suelto), Sidita (mi peluche del VIH) acaba de contarme un chiste genial, en serio, me acaba de hacer el día, y apenas tiene 15 minutos de comenzar.

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¿?

>> domingo, 11 de octubre de 2009

¿Cuánta gente me importa realmente? ¿Muchos? ¿Pocos? ¿5? ¿6? ¿Cuántos son muchos y cuántos pocos? (ya que 5 y 6 son…5 y 6) ¿Hasta qué punto me importan mis colegas o compañeros terminando un curso, semestre o año? ¿Y si supiera que alguno ha muerto varios días, meses o años después de haberle perdido de vista, me afectaría? ¿Cuánto tiempo necesito que pase para no sentirme afectado?

¿Me importan más las guapas?¿Me importan menos las feas? ¿Me importan mis parejas? ¿Qué hay de los amores de una noche? ¿Me importa menos un inmigrante ilegal que cualquier hijodelachingada (por los cuatro lados) que me pueda robar la cartera mañana?

¿Podría llegar a desear la muerte de alguien? ¿Podría no afectarme, o incluso alegrarme de la muerte de alguien?

¿Tiene que importarme la familia porque es familia, aunque me caiga mal?

¿Me importan mis lectores aunque conozca pocos en persona? ¿Me importa los que conozco en persona? ¿Me importan más unos lectores que otros en función del interés que me suscitan sus comentarios aun sin conocer su rostro, su profesión, su carrera, su vida, o su frecuencia sexual?

¿Tendemos a confundir la importancia con el interés?

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Notas dérmicas

>> domingo, 27 de septiembre de 2009

La ultima entrada fue criticada por diversos factores, asi que aqui viene otra con ese "toque" de realismo imaginario. ;P (Caray, y se supone debo estar estudiando, jaja)

No entiendo el mecanismo de tus curvas. No entiendo cómo tu silueta puede hacerme perder hasta es punto la cabeza. Por eso mismo, por mi temor a perder del todo la cordura, decidí escribir sobre tu piel, mientras dormías, el nombre de cada uno de tus miembros. Con un marcador anoté “brazo izq.” a lo largo de tu brazo izquierdo, “almohada” en tu vientre, o "muslo" en el interior de cada pierna (con flechas indicando el trayecto a seguir).
Al despertarte transformada enn un cuadernillo de notas dérmicas te conte mis motivos y tú también decidiste hacer lo mismo: Escribir en mi piel el nombre de cada parte de mi cuerpo para no caer en la enfermedad del olvido.

Luego, al ducharnos juntos, las palabras comenzaron a correrse y a caerse de su sitio. El nombre escrito de tu “hombro der.” ahora se encontraba en tu pecho izquierdo, y el de la “cadera” en una rodilla. El nombre de tus pies se los tragó el sumidero, y el nombre de mi espalda, al juntarla con la tuya, se pegó a tu piel invirtiendo el orden de sus letras. Salimos de la ducha y, sin secarnos siquiera, hicimos el amor con nuestros cuerpos completamente descolocados, envueltos ambos en un delicioso caos anatómico.

Horas más tarde, durante una practica de laboratorio, un compañero me preguntó por qué tenia escrita la palabra "codo" en mi muñeca.

- No lo sé. No lo recuerdo... - dije mientras levantaba la mano delante de mis ojos y sonreia.

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Irracionalidad no. 2

>> sábado, 15 de agosto de 2009

Mi vida ha cambiado, he perdido cualquier indicio de que era un ser social, cultural y creo que alguno de mi estado mental. Tiene 21 días que sentí por última vez tu mano, helada en ese momento, acariciando mi mejilla derecha, mientras tus ojos vidriosos me miraban y se cerraban. ¿Por qué me dijiste que querías el fin? ¿En que falle? ¿Qué cosa no te di o te di de más? ¿No basto darte mi vida? ¿Por qué no te asfíxiate rápido?

Me tiro en medio quince gramos de cannabis, esperando ahogarme entre alucinaciones y psicodelia inducida, pero me esperas entre nubes azures. Ahí, entre mis malditas pesadillas, con hilillos de sangre en las comisuras de los labios; ahí, junto al cuyo que lancé por la ventana cuando me mordió a los ocho años; ahí, junto al pequeño Jesús que perdió la vista por un accidente que cometí con gusto; ahí, junto a mi padrastro y el cable de luz; ahí junto a mi madre ebria tirada en el porche de la casa; ahí, junto a mi cuerpo pululante de sangre y gusanos.

Me dijiste que no, que te aterraba, que por favor te dejara y olvidara que tuvimos algo en un tiempo. ¿No te diste cuenta que pedias lo imposible? Dependo de ti, de tu aroma, de tu presencia, completamente de ti. Por ello es que me dolió en el alma dejarte ahí tirada, debajo de un puente, mientras tu calor vital se dispersaba en aquella noche de agosto. Recuerdo que no gritaste, que solo pediste que te soltara cuando, entre lágrimas, te arrinconé contra el pilar de la estación, cuando exigí que no me dejaras. Busque tus labios, me los negaste, me enfade y rodee con las manos tú cuello…la presión no tardo en amoratar tus facciones. Si hiciste poco por salvarte o mi desesperación hacia que apretara más, sigo sin saberlo.

Lo único que se es que te extraño, que me detesto, y que tu silueta sale del noticiero de las 10:30 y se acuesta a mi lado, sin decir nada, mientras busco 300mg de heroína, y una jeringa para buscarte…en lo que quiera que siga.

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Visitantes de otra jungla

Welcome To the Jungle

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