...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Daniela (Uno de tantos)

>> lunes, 11 de abril de 2011

Esta historia tiene a un personaje que ha rogado mil veces por ser de papel y tinta, y no vivir lo que escribo para ustedes esta noche. Esta historia satisfacerá a unos cuantos, molestará a otros tontos y será comprendida por unos pocos.

Mi historia nos retorna cinco años y unos meses en ésta vida. 2006, problemas, un acceso a educación media, una huida de la casa paternal, drogas, deudas, un amor pilar, asesinatos, huidas, una muerte que hirió. Una muerte que mató. Los cimientos de la vida hechos polvo en un fin de semana.

Él ya no quería nada, se sentía conforme con lo que había logrado en la vida. Por un par de problemas dejó de vivir con su familia y se fue con un amigo. Estudiaba y trabajaba. Vivía e estancado. Él jugaba, esperando a que de una vez por todas un disparo se decidiese a arrancarle la vida en un suspiro de pólvora, nicotina y plomo. Vivía sin un vivir real. Hasta una noche de octubre.

Entró al lugar como en tantas ocasiones, tomó el mismo lugar en una esquina de la planta superior donde no se escuchaba música, zona desierta la mayoría de las noches. Esta perteneció a la minoría. Esta noche marcaría un cambio, un golpe irreparable en la vida de nuestro muchacho. El procedimiento para seducir a una chica en un bar puede enlistarse: ver la zona, acercarte, hablar, reír, invitar tragos, decir estupideces elegantes e interesantes…una lista realmente larga. Pero por esta vez, las instrucciones quedaron liadas en una mente sofocada por ella. Tez clara, poco más de metro y medio, delgada, cabello negro enmarañado, nariz respingada, lentes de pasta, ojos cafés, labios rosas, nada de maquillaje. Quiza nada especial, a los ojos de muchos, una diosa griega para él. Se sentó frente a ella y la vio por lo que pudieron ser horas...unos minutos en la vida real. Ella se alejó naturalmente asustada. Él reparó en lo que hacía y ofreció disculpas, atropelló palabras, enrojeció y ella, aún cubierta por aquel libro, dejó salir un par de risas. Ambos rieron.

Se enteró, junto a un café, que ella vivía cerca, que no le gustaba salir, pero que ese día tenía que ver a su hermano mayor en aquel bar para que lo acompañara a visitar a una tía enferma, que sus papás estaban tramitando el divorcio, que no estudiaba, pero que leía bastante para no sentirse inculta, que no había tenido pareja en años, pues quitaban el tiempo y que se mantenía soltera, que ella cumplía años en abril, que le gustaban los tulipanes, que su hermano ya había tardado mucho. Que se sentía vacía. Los temas fluyeron, pero desafortunadamente el tiempo también lo hizo. El hermano de ella llegó llamándola por su nombre “¡Daniela!” lo que rompió la atmosfera de ese sentimiento inexplicable que se mantenía en el solitario piso. Antes de irse, deslizó una servilleta con unos números garabateados y un croquis. Él no cabía de gozo.

Salieron un par de veces en el transcurso de ese octubre. Salas de exposiciones, librerías, cafés, bares silenciosos, Reforma. Se besaron por primera vez un cinco de noviembre. De regresó a casa de ella, vio el libro que la cubría cuando se conocieron: Rayuela, de Julio Cortazar. Ella se lo dio a leer, y fue quien lo ayudo a crecer, a salir de ese estanque. Utopía. Era un sentimiento más grande que la felicidad, que no debe ser nombrado.

La relación avanzaba tan rápido como las exhalaciones del universo. Comenzaron a tener amigos en común, a comer y dormir en casa de ella cuando los padres no estaban, con el consentimiento del hermano. Vivir para ellos. Todo iba sobre ruedas, la pareja perfecta se vislumbraba a una edad lo suficientemente tierna como para vivir una perpetuidad más grande.

Él se cegó, él se mintió. Ella necesitaba un pilar, un árbol donde detenerse durante la tormenta que vivía. Él lo fue, y nunca se perdonará por ello.

Daniela, nombre maldecido, lo convenció de pasara la época decembrina con sus seres queridos, que olvidara los problemas y que abrazara a sus papás, a su hermana. Él alimentaba la idea de que ella era la elegida. Para su siguiente cumpleaños, ella le ofreció el mejor regalo que él ha recibido en toda la vida: su virginidad y la promesa de estar eternamente unidos. Pasaron los meses, los problemas de ella aumentaban pero siempre estaba él. El pobre tonto se volvió su roble y protector. Su guerrero de sangre. Él mismo no podía cuidar su vida y se comprometió a salvar la de ella.

Llegó Abril y con él el desequilibrio en la vida de ambos: los padres de la chica se divorciaron finalmente, un amigo del chico había matado a una persona y necesitaba toda la ayuda posible. El muchacho hizo demás, se dejó llevar y llenó de sangre sus manos. Ideó un plan, irse de la capital del país un tiempo en lo que las cosas se calmaban, o morir donde nadie lo conociera, no generar habladurías y perderse en una fosa común. No quería irse y lastimarla con ello, por lo que tomó la peor decisión en su vida: dejarla. Fue unos días después de su cumpleaños, inventó una mentira, ella lloró y agradeció. Lo despidió en la puerta, cuando él dio la vuelta, tuvo un presentimiento que no supo razonar. Groso error. Al siguiente día, él pisaba Guadalajara junto a su amigo. Pasaron quince días sin que él supiera algo. Y quizá habría preferido eso.

Cuando volvió y la buscó, quince días después, se dio de frente con una fría lápida de metal y ninguna cara amiga. Los amigos en común le daban la espalda, los padres de ella volvieron a unirse sólo para hacerlo sentir como una porquería mayor. Él único dispuesto a darle información fue el hermano de ella, a cabio de una rotura de nariz y vomito sanguinolento.

Daniela había tomado una sobredosis de tranquilizantes un día después de que él se fuera a Guadalajara, la intentaron ayudar, pero murió el domingo a las once de la noche y enterrada el lunes a medio día, el momento favorito de ella. Le había dejado una carta y una lista de canciones. Un amor eterno conservado por la muerte. Él quería matarse, quería reunirse con ella y enmendar su error. Una jeringa llena de heroína parecía ser el camino, hasta que una de las amigas que le había dado la espalda lo hizo reaccionar, le hizo abrir los ojos a la realidad de la dependencia de ella hacia él y los ataques que le habían costado la vida. Lo convenció de dejar los intentos de suicidio y comenzar a vivir sin ella. Pero el daño estaba hecho, y él aun en día los intenta curar, al parecer sin mucho éxito.

De esto hace ya varios años. Ya cambiaron la lápida, hay un tulipán muerto junto a ella; los padres de ella volvieron a unirse en lo que duró el velo, después volvieron a separarse y están en paz; el hermano ganó una beca en Canadá, y parece que no volverá; el amigo que vivía en Guadalajara murió hace un año debido a problemas relacionados con el narcotráfico; nuestro personaje volvió a casa de sus padres y estudia una carrera profesional ahora; no ha sabido nada de la mujer que fue su voz de la razón el tiempo en que duró la tempestad; nuestro antihéroe vive, pero a veces se tropieza y teme levantarse, tanto como teme el volver a abrir esa carta y la lista de canciones que conserva en el rincón más recóndito de su habitación.
Y no, esta historia no es una invención, yo lo ví todo desde mi azotea nocturna, mi vida anclada a la de él.

-Le Chat Noir-

PD: Anónimo, disculpa mi terrible ausencia, pero como bono, te regalo un poco de la vida del muchacho con quien comparto cuerpo. 

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Anticuerpo.

>> domingo, 23 de enero de 2011

Procuro no participar en las conversaciones privadas que mantienen entre sí los doctores para los que trabajo, pero dada la estrechez del lugar tampoco puedo evitar escuchar lo que dicen.
La charla de ese día versaba sobre enfermedades, de virus y de fármacos raros. Dado su alto conocimiento técnico (Cinco doctorados, quince artículos publicados en revistas nacionales y uno en Science, en total) apenas conseguí entender palabras sueltas: plaquetas, hematíes, rinovirus, anticuerpos…

Anticuerpos…anticuerpos…‘curiosa palabra’, pensé. Anti, prefijo que significa “en lugar de”, o “contra de”, seguido del lexema “cuerpo”. Sumados, compondrían algo así como “en lugar del cuerpo”, o “contra el cuerpo” (no olvido las lecciones de Latín en CCH después de todo).

¿Contra el cuerpo? ¿qué puede haber contrario al cuerpo? Sé de gente acomplejada con su físico, que no le gusta, lo rechaza o lo hace mutar a base de dinero, bisturís y comidas reducidas. En tales casos, podría decirse que la mente estaría en contra del propio cuerpo. Que el anticuerpo sería, esencialmente, su cabeza.

Pero también, si a mí me dieran a elegir, “en lugar de” mi cuerpo prefiero su cuerpo. Disfruto más de su piel que de la mía. Sus curvas, sus poros, su vientre, sus pechos, su cuello… ¿Sería ella mi anticuerpo?

Nada más tomar un descanso del trabajo, le llame.

- Eres mí anticuerpo - le dije. Y colgué.

Minutos después recibí un mensaje de texto suyo:
“No he podido evitar encerrarme en un baño del colegio para tocarme tu anticuerpo mientras pienso en ti”.

Sonreí y volví al laboratorio, esperando escuchar otra palabra que me inspirará un nuevo sustantivo para dedicarle a ella.

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Discusiones.

>> viernes, 18 de junio de 2010

No se puede hacer nada, no, ya no ya, ya, ya. No lo quiero, no mi fin, no ahora. Que sea rápido, que termine de una vez, que entierre el acero en mi corazón y lo ofrezca a los dioses. No, no puede hacerlo. Quiero que lo haga. No tienes ningún derecho! Tengo el mismo que tú. No, no, no, no, yo no moriré contigo, yo merezco vivir. Si yo muero tú lo haces, tarde o temprano, pero mueres. No, no, no, me ayudará a superarlo, a vivir en paz, a seguir adelante, ven hermano, ella es nuestra esperanza, ella es.... Ella es la causante. ¡No! Lo sabes, abre los ojos por Dios. ¡No! De acurdo, no veras como morimos, entonces. No lo hagas, no hay otro camino. Lo hay…debe….debe de haberlo. Muéstramelo y lo seguiré. No…no puedo ahora. Ven vámonos.



Hermano por favor, la temperatura desciende. Caronte nos espera, no olvides las monedas. Tendrá plomo, las monedas valen menos. Bien dicho. ¡No! Vamonos. No, por favor. No querras estar aquí, ella te abandono. No, regresara, debe regresar, no puede hacerlo no…Sí, si puede, abre los ojos, ya lo hizo. No…esa maldita, esa…esta ahí, con la guadaña lista, con…con…con esa aura de tranquilidad. Te lo dije. No es lo correcto. No, no es. ¿Por qué lo haces? Porque es lo mejor que tenemos a la mano. No, yo, ya….me rindo. Gracias, ven siéntate. ¿Listo? Yo….yo…sí. Cierra los ojos, descansemos.


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Flashbacks (+ Zapping + Tu Espalda)

>> martes, 16 de febrero de 2010

Pienso en ti cuando hago zapping. En los cruces de peatones, en Las Islas, en las vías del Sub Urbano, en las calles de San Pedro. Tres veces al día, con mis ojos clavados en el rastro de tiza de un cadáver bajo la lluvia. Pienso en ti a cachos, por partes. Tú eres piedra, yo soy papel y mis manos tijeras. Trato de recortarte con miedo… o quizá párkinson. Difícil tarea para un niño venido a menos.

Son flashsbacks de tu espalda pixeleada. Momentos comprimidos, y en promoción de tres por dos. Tu pubis como el rostro de Dios. Tus pies rabiosos. Tu sangre de savia. Los toldos de tus párpados dando sombra a un Camaro. Tu aliento sin-cero (no, no es sincero). Tus migrañas. Tu goma del pelo ahorcando el cuello de mi orgullo. Tus besos suaves como un boletín de Gandhi entre mis labios. Pensar en ti es morder con las encías un jersey de mezclilla.

No es tu tacto, sino el recuerdo que tengo de tu tacto, la imagen mental de tu tacto. El sabor de las yemas de mis huellas sobre tu tacto. El olor a tierra fértil de tu tacto. Las ganas de emitir sonidos indescriptibles a través de tu tacto, de ser un cerdo en el reino de los dedos. Un cerdo pequeño y valiente, un cerdito vietnamita, pero un cerdo al fin y al cabo.

Tengo ganas de tenerte ganas. Ganas de resucitarte de entre los recuerdos muertos, asesinados a cabezazos y machetazos en el pecho. Ganas de desempolvar los píxeles de tu espalda.

Pero hoy no. No me encuentro bien. La puta AH1N1, supongo.

PD: He leído oído en la radio que si tienes asma, estás embarazada y/o estás viejo es mas probable que contraigas la enfermedad…yo fui asmático, ¿eso cuenta?
PD2: Puta mierda! Como puedo sacarte de mi cabeza si insistes en no salirte…y aparte eres necia chinga!
PD3: Buenas noches =)

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()

>> lunes, 11 de enero de 2010

No puedo dormir...me siento inquieto, quiero saltar (la ventana no es opción), fgritar...quiero matar a alguien, esto lo escribi hace tiempo, temo que si escribo algo en mis condiciones haga sangrar las teclas. Perdonen las palabras "feas", pero sin ellas no son posibles textos como estos

Resulta extraño cojer con alguien que deseas.

Que físicamente deseas y sin embargo no te puedes permitir querer, ahora no, no después de lo que hizo, no.

Y acariciarle los senos con lujuria contenida pero con rabia, con ganas de provocar en ella y con tus propias manos un dolor físico proporcional al dolor que ella misma te ha creado por dentro.

Intentando pensar con la cabeza, con la verga, aunque el corazón quiera abrirse camino por cualquier rendija, aunque ella se muestre entregada, sumisa y te diga “haz conmigo lo que quieras”.

Aunque hoy, ahora, puedas permitirte realizar todas tus fantasías con la mujer de tus sueños, una mujer perfecta, de senos perfectos, de curvas perfectas, de movimientos perfectos, coordinada y sumisa sólo para ti y en tu misma cama, sin prisas, pero que bien podría clavarte un puñal por la espalda en cuanto cerraras los ojos, ya lo hizo una vez.

O volver a romperte un corazón que ahora intenta recomponer a base de gemidos y besos y movimientos pélvicos, aunque te diga al oído que te quiere justo antes de meterte la lengua, como si con ello quisiera humedecer sus palabras, “te quiero” y de repente un gemido, “te quiero” y otro gemido y otro y otro para acabar diciendo “voy a correrme, ()” y no querer que se corra ni ahora ni nunca porque no se lo merece, no se merece disfrutar de ti, tan sólo de tus uñas, de tus dientes...¡de mis uñas y mis dientes chinga!
Parar en seco y que te diga que ahora no, que siga, “sigue, por favor”, que te implore continuar penetrándola y aun así parar, justo en ese mismo instante, apartarte de su lado y decir “lárgate”, y que ella te diga “no me hagas esto ()”, y tú insistas en que se marche de tu cama, de tu casa y de tu vida: Largo de aquí.

Suena un portazo y entonces comienzas a masturbarte para acabar lo que nunca tenía que haber empezado.

Piensas en ella, en su mismo cuerpo desnudo que hace apenas unos segundos gemía y se retorcía debajo de ti. Pero no puedes evitar sollozar, lloras mientras te masturbas

y sin embargo consigues correrte, ahora sí, y te limpias con el mismo pañuelo las lágrimas de tus mejillas y el semen de tu vientre y lo miras y en su mezcla encuentras, al fin, la esencia de tu vida, lo que siempre ha sido tu vida.

Sólo eso.

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3:45

>> domingo, 27 de diciembre de 2009

Hoy le toca turno a Sandra, la veré a las seis de la tarde en punto, en el ángel de la independencia. Como es mi costumbre, llegue a la avenida treinta minutos antes, para dar alguna vuelta, hojear algún libro, sonreírle a alguna chica, pasar algún rato sólo. En cierto momento vi a un chico que arrastraba (llevaba) a una chica completamente ebria a la avenida, lo conozco, trabaja en un bar cercano, la conquista de esta noche, supuse. En la otra acera, delante de mí, la chica de hace dos meses. La del Kahlúa Bar…que ojos…que labios…que pechos…que error. Es transexual…..con aluna piedra debí tropezarme algún día, ¿no?

Así, caminando sobre Insurgentes, a la altura de la zona rosa escuche una canción que ha sido mía desde Rebeca: “Con alguien mejor”, de Los Estrambóticos.

Es toda una historia, y sé quienes me leen la conocen, así que no será necesario agregarla a esto. Solo diré que se resume en cuatro minihistorias, en cuatro llantos, en un intento de suicidio y en incontadas (si, escribí “incontadas”, no “incontables”, contar sexo es de mala educación) noches en hoteles, departamentos, casas e incluso ríos…Lo cual termino creando una duda en mi cabeza. ¿En verdad hay alguien mejor? ¿Sí? ¿En qué?

Recuerdo a un chico, atleta, adinerado, de buen andar…”bonito pero estúpido”, con quien me quiso olvidar la chica S, él me odiaba y yo lo sabía. Un día, en una fiesta en la que coincidimos, ella me vio, yo no. El pinchador comenzó a mezclar canciones de La Cuca, La lupita, Los Estrambóticos, El Gran Silencio, Panteón… aunque algo más pincho mi espalda después de cuarenta minutos.

Reconocí la canción en los primeros versos y reí al recordarla, ya tenía a cuestas dos historias con ella, nunca creí que esa noche se sumaría una más.

En pleno trago de Red Label sentí una presión en mi zona lumbar, al darme la vuelta reconocí los risos de ella, las esclavas de oro de él, los ojos almendrados de ella, aderezados con ternura, que me veían como en nuestros tiempos (había culpado a los tres whiskies de la noche, hasta las tres cuarenta y cinco de la mañana).

-Es tu canción Vícto…- Lo único que escuche antes de que los labios de él asesinaran a la R de mi nombre en los labios de ella. Se fueron juntos, él con esa hermosa sonrisa estúpida en los labios, ella con los ojos viéndome a través de los parpados. Sentí un par de manos que jalaban las solapas del saco hacia mi derecha- No te preocupes cariño, yo te daré lo que esa perra no te d…- otra frase agonizante y un par de labios tintados de azul sobre los míos. No me costó trabajo encontrar a alguien…pasaron tres horas, risas, bailes, un par de besos subidos de tono y debajo del cuello…(supongo que el morado se notara cuando lave el azul sobre mi piel)

Terminamos la botella, me despedí de los amigos, y de la chica de nombre desconocido que bese esa noche. Llegue a casa, me desvestí, lo único que quedo sobre mi fue el collar de conchas y el dolor de cabeza. Cuando estaba por acostarme vi luces intermitentes en el celular, que indicaban un mensaje en el buzón de entrada. Eran las tres cuarenta y cinco, el mensaje de las dos de la mañana, media hora después del teatrito arriba descrito.

“Prdnam hectr staba muert d cls, no soprta q habl d ti, t vio y m dijo q keria q te nclara, me obligo a hacr sto, qando salimos disqtims, c enojo, m grito, lo trmine y fue peor, c fue y m dejo ahí fuera, tom 1 taxi para llegar a ksa, t ncsito a ti t kiero, llamam X favor”

-Es muy tarde, ya debe estar dormida, la llamare a primera hora de la mañana, espero no haga una tonteria. Ahora sólo quiero dormir y quitarme el labial azul de la boca, del cuello y del pecho- Dije a mi pared antes de tirarme sobre la cama y apagar la luz.

Y entonces, cuando me llega un mensaje de texto (una llamada, un golpe en la puerta) entre las tres y cinco de la mañana, es cuando sé que el otro no era mejor; que no dejo de ser “ella” por mi, simplemente se complemento; que le sigue importando esa tarde; más importante que las últimas dos: que me sigue extrañando.

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Recuento

>> martes, 8 de diciembre de 2009

Por alguna extraña razón, cuando fuimos pareja nuestros horarios nunca coincidieron. Pero hace una semana, después do otras cinco de haber terminado “en paz”, nuestros caminos se cruzaron en el camino a metro Copilco.

-¡Joaquín!- Escuche a mis espaldas cuando le daba una calada más al ultimo camel de la cajetilla- Si viniste.
-¿Perdón?- pregunté confundido.
-Te mande un correo esta mañana, te dije que quería verte en mi casa…bueno, en mi facultad o el metro y de ahí a mi casa.
-Karen, tú sabes que leo los correos sólo en la noche, y anoche…no estaba en casa- Sí, me había acostado con otra en un hotel de mala muerte, pero…no tiene porque enterarse, ¿no?

Hubo un silencio bastante incomodo, busque otro cigarrillo, mismo que me había fumado apenas salía de C.U. Ella fue quien prosiguió la plática

-Es cierto, pero…ya estás aquí ¿Tienes algo que hacer en la tarde? También sé que no llegas a la clase de los viernes y que no te importa mucho.
-Yo…
-Anda vamos…
-Vale, el metro es hacia allá.

Recuerdo que abordamos cuando aun había luz, que la hice prometer no morderme hasta Centro Médico, que pase a comprar una nieve de limón “made in USA”, que “jugamos” infantilmente en el piso del vagón, que llegamos a la estación Tacuba y ella me hizo bajar ahí, que la oscuridad anunciaba las 9 o 10 de la noche.

-El camión sale en la calle de atrás.
-Si, lo sé, fui en una ocasión a tu casa, ¿lo recuerdas?
-Cierto, perdón
-No importa, ven, sígueme.- Camine hacia la izquierda de la salida de la estación.
-Pero por ahí no se llega.- Replico, viendo hacia la dirección que nos llevaría a los camiones de San Pedro.
-Te dije que ya sé, no voy hacia la parada.
-¿Adonde me llevas?- Pregunto relajada, esperando a que le contestara algo que ella esperara.
-Alan me debe varios favores, que me preste un auto y te acerco a tu casa.
Ah- dijo en tono automático, frustrado.

Llegué con mi viejo amigo de la infancia. Adinerado y poderoso gracias al tráfico de ciertas sustancias ilegales, podía permitirse tener los lujos que yo sólo soñaba. Me prestó un Mini Cooper negro, él sabe que ese auto me gusta, lo que no sabe es que a ella también le gusta. Ella buscaba indicarme el camino, sólo me daba indicaciones para entrar por callejuelas solitarias, desconfié más de lo que dudaba ya.

-Es mejor por las avenidas principales, no nos perderemos.
Silencio de cuatro cuadras. Trafico a menos de vuelta de rueda a espaldas del CCH Azcapotzalco.
-Quería verte en un lugar más…intimo, por eso dije lo de mi casa, está sola.
-¿Intimo? Lo hubieras dicho antes.

Saqué de la mochila varitas de incienso de lavanda, un par de velas aromáticas en forma de gato, otra de manzana, otra en forma de corazón y las acomode en el tablero del coche, encendí todo. Una botella de Absolut se asomo por el cierre principal, junto a una charola de sushi que compre en la facultad. Baje el termostato y con el vaho de mi aliento empañe las ventanillas hasta volverlas blanquizcas. Más intimidad en el momento era imposible. Comimos y bebimos con las luces navideñas sobre nosotros y un coro nada angelical de claxons que aumentaba cada que los autos de adelante avanzaban. Alcochol de $200 sin vasos, con la botella puramente empinada.

Entonces, a unos metros de habernos incorporado a periférico, cerca de Santa Mónica me ladeo la cara y me dio un beso disfrazado de mordida en mi labio inferior.

-Te dije en el metro que te mordería- Dijo en tono provocador mientras reía a lo cual, obviamente, respondí con una mordida sobre sus dos labios. La llama de un gato se había consumido antes de hacerle mucho daño, el segundo gato, negro, estaba decapitado, la manzana…parecía que se la habían comido al revés, del centro hacia fuera, el corazón…poco a poco se separaba en dos mitades. Me salí de periférico y orille en la lateral. Antes incluso de apagar el motor, ella levanto las rodillas, se abrazo a si misma, se saco el corazón por la tráquea y me dijo:
-Quiero volver a intentarlo.
-¿Hace cuanto que no hablamos?...hablar en serio, sin tapujos, sin evasiones ni cerrando los ojos.
-Desde aquella entrada, ¿la recuerdas? – Eso me asusto, lo reconozco.
-¿Qué es lo que quieres?
-No lo sé, un abrazo, un cobijo
- Diste dos respuestas después de ese “no lo sé”. O realmente no lo sabes, y no sé como esperas que yo lo sepa; o lo sabes y no tienes el valor para decirlo, sabes bien que eso me causaba frustración y lo sigues haciendo.
- Vas empezar.
-No, ahora son sólo anécdotas más, quizá te sirvan para arreglar algo, quizá no. Quizá encuentres a alguien que se adapte a ti y no busque ayudarte a crecer. Quizá …quizá no quiero que sepas que es lo que pienso, creo o siento, para evitar que me hieras de nuevo, no abrirme el esternón a lo pendejo mientras tu juegas con un bisturí en los atrios donde habitabas.

-¡Ash!- Soltó mientras abría la portezuela y corria hacia la parada de camiones, alcance a ver que abordaba uno y que este se alejaba lentamente de donde yo estaba. De tres soplidos apague el gato decapitado, la manzana y el corazón dividido.

Lo volvió a hacer, se volvió a cerrar de corazón y de mente cuando yo planeaba hablar con el alma desnuda…ella lo pierde y ella me hiere, que en un futuro no le sorprenda que en un futuro la tome como una cosa más. “Las cicatrices se vuelven corazas” leí en el blog de un amigo de mi hermano, de un chico de CCH que dejo de escribir cuando entro a la universidad.

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>> domingo, 29 de noviembre de 2009

Esa noche llego totalmente ebrio. En la casa no estaban los padres, ni los hermanos menores, solo él, tres botellas más de Vodka y un par de invitados especiales más. Tomó un CD y lo puso con dificultad en el reproductor…dos botones a la derecha, teclear una vez, presionar el quinto, darle a la tecla triangular, esperar a que corra la primera canción y girar la perilla a la derecha, hasta que tope y el sonido tire el pisapapeles del escritorio.

Los requintos del maestro Satriani destapan la botella de alcohol ruso, Jean se tira a un lado del sofá y bebe directamente, más de medio litro, más de cien en efectivo, más de media vida…quema. Su estomago hace una revolución y escupe la mitad del alcohol ingerido. De rodillas en el suelo, arrojando Vodka por boca y nariz, con los ojos llorosos; golpea el buró metálico dañándose los nudillos. Éstos sangran, escupe sobre ellos y resiste el dolor que provoca la bebida en su carne abierta. Esto es una mierda. Baja la cabeza, llora.

And if I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time, all the time.


“¿Qué ha hecho el alcohol por ti?”
“Nada.”
“¿Por qué sigues bebiendo?”
“No lo sé.”
“Eres patético…”
“¡Déjame tranquilo!”
“¡Escoria! ¡Me avergüenza ser tú!”
“¡No te avergonzabas cuando era el primero de la clase, el más querido, el niño modelo!”
“Valla que lo hacía. Vivías una vida vacía, por ello te impulse a vivir una vida real que te per…”
“¡Eso hice!”
“¡Claro qué no! Te fuiste por los excesos, alcohol, mujeres, drogas…esa no era la vida que esperaba para ti.”
“¿Y?”
“Estas atascado, estas hasta el fondo del pozo…y estas hasta el fondo solo.”

…Down in a hole, losing my soul
down in a hole, losing control
I'd like to fly,
but my wings have been so denied…


Levanta la cabeza, se intenta incorporar y se tambalea. No puede con su alma, se sabe decepcionado de sí mismo, se sabe la mierda más grande del mundo. Grita, pero su voz se difumina entre una canción que apenas reconoce. Toma de nuevo la botella y descarga su contenido en su estomago…vuelve a quemar, castigo justo para un ser despreciable como él, piensa.

Cae el al suelo, no suelta la botella vacía…hace días que no ha comido, hace días que bebe y el equilibrio no está de su parte ahora. Su frente da de lleno contra la esquina de la cómoda, abriendo una de las puertas de madera y su ceja derecha, la sangre nubla la vista de ese ojo. Se lleva la mano libre a la herida y de ahí a su boca.

…I’m so tired of being here
suppressed by all my childish fears
and if you have to leave

I wish that you would just leave
cause your presence still lingers here
and it won’t leave me alone
These wounds won’t seem to heal
this pain is just too real
there’s just too much that time cannot erase…


Se incorpora y apoya contra el mueble. Da un vistazo dentro de la gaveta como dentro de su cabeza: el chaleco que tejió la abuela, el dinero que debe a Martin por la pérdida del rush en el último rave, la gorra que regalo Nora, el último encuentro con Nora, el perfume barato de la ultima boda, él teniendo sexo con la novia de su mejor amigo, las pañoletas, el reciente asesinato de su hermana, el ácido muriático de las bombas caseras, la última salida.

This is the end
beautiful friend
this is the end
my only friend, the end.

Of our elaborate plan, the end
of everything that stands, the end
no safety or surprise, the end
ill never look into your eyes… again…


Lanza la botella que se destroza contra el marco del espejo. Gateando, alcanza el frasco translucido, aquel liquido amarillento de corrosivas propiedades. Realmente no lo piensa mucho, lo abre, lanza la tapa y el tapón de seguridad detrás de la cama. “Ahora o nunca, si te detienes a pensarlo no lo harás”

Inclina la botella noventa grados, el ácido llena rápidamente su boca, carcome sus mucosas y disuelve su dentadura. Traga, ¡rápido!, de no hacerlo pronto dolerá y no matara, de no hacerlo pronto se enclaustrara en una vida que ya no quiere. Segundos después la botella de medio litro se estrella contra la ventana, cuando cae los gritos de Jean inundan el cuarto. No hay vuela atrás.

El dolor es insoportable, Jean se retuerce sobre la madera del piso, llorando. Ni siquiera el alcohol ayuda a controlar tanto sufrimiento. “No importa, no tarda mucho en terminar”, piensa antes de arrodillarse y vomitar sangre negra…la hemoglobina se convierte en hematina, sus vísceras se disuelven poco a poco.

El llanto y el vomito siguen, uno continuo y otro intermitente. Más gritos. Pasa una eternidad en cinco minutos, la mitad del cuarto está llena de sangre: paredes, televisión, escritorio, cómoda, cama… Entre los últimos respiros Jean se aferra al cobertor verde, vuelve a vomitar y a derramar lagrimas sobre el. Se limpia la boca y nariz. Solloza, comienza a sentir frio, ligereza, el dolor disminuye, su cuerpo comienza a caer, jala el cobertor. Tirado en medio de sangre y ácido, lagrimea por última vez, aprieta los puños, cierra los ojos y piensa en quienes deja en este mundo. Sin abrir los ojos, respira profundo, pronuncia un “perdón” y su corazón deja de latir.

…you float like a feather
in a beautiful world
I wish I was special
you’re so fucking special
but I’m a creep
I’m a weirdo
what the hell am I doing here?
I don’t belong here...

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Entrada escrita y publicada en un hotel (no de paso). Inspiración y animo cortesía de Mónica, los sábadomingos dedicados surten efectos extraños, positivos pero extraños. Amm, la madrugada es joven y soy joven...y menos inocente XD. Espero les guste la entrada.

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(1992-2007)

>> miércoles, 11 de noviembre de 2009

La vida que vivimos juntos camino frente a mí de la mano de una intérprete de blusa verde. En tan solo hora y media, el veneno y el dolor de la nostalgia recorrieron mi cuerpo, alojándose en mis lagrimales, pecho y cabeza. ¿Qué paso? pocos conocen ese trauma.

Se cumplieron ya dos años de la decisión que más repudio en toda mi existencia, y así se irán cumpliendo más y más y, al parecer, no podré superar las consecuencias que unas pocas palabras dieron como resultado. Amigos, psicólogos y familiares lo han dicho “No fue tu culpa” ellos saben que así no lo creo, así no lo siento. Sé que es una especie de enfermedad mental el seguir mandando sms’s a su teléfono cuando nadie los contestara, o enviar correos a un correo que me sigue respondiendo como falla…como inexistente….suspendido.

Hoy te recordé por n número de canciones que me dedicaste y que me cantabas. Hoy recordé el remordimiento de decir “Puedo sin ti y tú puedes sin mi”. Hoy intente dormir…soñé contigo de nuevo, desperté y el insomnio me ha acompañado desde entonces. Hoy vuelvo a decir esto: Te extraño.

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Corvus corax (pequeño homenaje a E.A.P.)

>> lunes, 2 de noviembre de 2009

Lo encontró en una salida de campo a Hidalgo un 19 de enero del 2003. En la quinta y última caminata, logró ver dos cadáveres de cuervo común al pie de un árbol, muertos por heridas de bala. Los recogió y revisó. “¡Gente estúpida!”. Cuando estaba por irse escucho un leve graznido…ahí en lo alto, ahí en ese encino, un nido. Subió hasta la copa del árbol y lo encontró: un polluelo de apenas quince centímetros, con unas pocas plumas y los ojos cerrados. Alrededor, cascarones azulados y avecillas muertas de inanición. Regresó al campamento con el pequeño cuervo escondido en el pecho, a tiempo para alcanzar el primer autobús de la facultad. Emprendió el camino a casa junto a un pequeño polizonte.

-¿Cual será tu nombre?...¿Cómo querrás llamarte?...¡lo tengo! ¡Profeta!

Así comenzó la historia, así Profeta llegó a su nuevo hogar, así Edgar decidió especializarse en aves dentro de su carrera. Destinó una habitación como voladero, improntó al cuervo, lo entrenó para que volase cuando y como él quería, y por medio de una grabación le enseño a decir “Nunca más” como la historia de algún hombre que leyó en la secundaria. Cinco años más tarde se titulo como ornitólogo y el ave se convirtió en un ejemplar de exposición.

Una vida de cuento…popular, adinerado y docente dentro de la facultad, Edgar vivía en la opulencia y tranquilidad…o al menos eso aparentaba. La última visita al psiquiatra había arrojado resultados poco alentadores… principio de esquizofrenia y paranoia, cortesía de la genética de su madre. “No importa, no dejare que trunque mi vida”.

-Nunca más.
-¡Cállate Profeta!
-Nunca más.


Transcurrieron cinco meses, al principio todo era una imagen, una respuesta inexistente, una mirada sospechosa, después de más de unos doscientos días…las cosas se volvieron insufribles, palabras susurradas por el silencio, letras congruentes que atormentaban su cabeza y miradas muertas que en él se centraban. “Isabela…su corazón, su sangre”. El cabello faltante en su cabeza era debido a tantos ataques de locura de los que era frecuentemente víctima.

7 de octubre 2009 23:00 horas. Edgar llegó a casa abatido, cansado de las voces y las vistas, cansado de esta vida. El portazo grito “muere de una vez”; aquel gato negro, junto a aquel árbol, lo seguía con la vista, esperando el momento para saltar sobre él.

-Nunca más.- Gritó profeta desde su cuarto en el extremo anterior de la casa.
-¡Calla!- Respondió Edgar arrancándose de un tirón algo del cabello que aun tenia.
-Nunca más.-el mismo graznido rompió la voz del ornitólogo.
-¡Ya!
-Por tu culpa.
-¿Qué?
-Por tu culpa.
-No fue mi culpa, nunca ha sido mi culpa. No debí…no quería.
-Tu mataste a Isabela.

Como un flash llego a su cabeza aquel día. El coñac había sido el anfitrión de la noche e Isabela había aceptado la invitación de terminan la velada en casa de Edgar. Antes de cerrar la puerta, la mitad de sus prendas colgaban de su piel trémula, y en medio de la sala cayeron las últimas piezas de ropa y sus cuerpos se acoplaron. Al principio con la torpeza de la cual dota el alcohol, después, la pasión fue tomándolos como rehenes, hasta que la secuestradora provoco la muerte de uno.

Besos, mordidas, abrazos y rasguños…todos tan deliciosamente placenteros, todos tan deliciosamente mortales. Edgar estaba sobre ella y excitado cuando llegaron dos cosas: su orgasmo y la muerte de Isabela. Eyaculo dentro de ella, a la par que sus colmillos se encajaban en su yugular. La sangre comenzó a fluir, ella estaba en una especie de trance y el, excitado y extasiado por el momento, comenzó a beber el liquido carmesí, hasta que dejo de sentir el pulso de la chica, y de escuchar su corazón.

Se incorporo y buscó vestigios vida en sus ojos…nada, ni en sus ojos, ni en sus muñecas, ni en su pecho. La había matado, la había desangrado y bebido su sangre. ¿Qué hacer ahora? Volteo hacia su derecha y sintió los ojos de Profeta escudriñando su interior, desvió la vista y recogió el cadáver del suelo. “El voladero de profeta siempre huele a carne podrida debido a su comida, no es un mal escondite”. Destazó el cuerpo, separó la carne de los huesos y quemó en ácido clorhídrico partes del esqueleto. La ropa y objetos personales terminaron en el incinerador. Dejó la carne como comida al cuervo… este nunca la toco.

Antes solo en sueños y recuerdos, ahora minuto a minuto, dentro de su cabeza, en los ojos del vagonero del metro, en la ventana del apartamento. Ahí estaba Isabela.

-No.
-Por tu culpa.

-¡Calla ahora!- Abrió un cajón y tomo el Smith & Wesson (regalo número dieciocho de su abuelo) y corrió hacia el ave.- ¡Calla de una puta vez!
-Nunca más. Es tu culpa. Tú la mataste cobarde.

Accionó el gatillo cinco veces sin éxito.

-¿Que quieres?
No obtuvo respuesta, el cuervo solo lo observo con esos ojos tan negros como su plumaje.
- ¿Que acepte que la maté?
Un silencio siguió a su respuesta.
-¿La volveré a ver?
-Nunca más.- grazno el ave extendiendo las alas.
-¿Me perdonara?
-Nunca más.
-¿Merezco morir?

Un nuevo silencio, seguido esta vez por un grito de desesperación de Edgar, después, llanto.
-No quería hacerlo, lo juro, estaba tan descontrolado, tan ebrio, tan excitado…- Hablaba con la mirada perdida en la sala, el cuervo permanecía en una percha sobre él. La mano donde sostenía el arma se fue elevando hasta que el punto de mira se perdió en su cabello y el cañón acariciaba su sien.- Apenas la conocía y la mate…apenas la conocía y la amaba.
-¡Hazlo! – escucho Edgar desde el pico del ave, y en seguida: un estallido carmesí, sangre salpicada en las percheras, en el marco de la puerta y extendida hasta la sala de satín blanco.

8 de octubre 2009, pasada la media noche.
Algún vecino que escuchó los gritos y las seis detonaciones decidió llamar al número de seguridad pública, en unos cuantos minutos la cuadra estaba rodeada por patrullas y hombres a pie. Al entrar el olor a descomposición provoco el vomito de dos agentes y el asco general. En una habitación comunicada a la sala encontraron un par de cadáveres: el primero, de un famoso biólogo de treintaypocos años, suicido con arma de fuego; el segundo, de un cuervo que, según pruebas realizadas más tarde, murió de inanición hace aproximadamente un mes.

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Mon Petit Sheri

>> domingo, 25 de octubre de 2009

Tu fais tous ça pour être beaucoup plus populaire,
Pire qu’une allumette t’allumes pour faire souffrir,
Franchement si il savait, que penserais ton père?
Qu’tu chauffes les mec juste pour le plaisir?

Oui parce que chauffer les mec c’est ton passe temps,
t’adore les allumer, les faire devenir chaud bouillant,
Par msn ou le téléphone, mais jamais main dans la main
Parc’qu ‘au fond ta grave la trouille d’aller plus loin.

En plus t’a l’culot de choisir ceux qui pourrait te servir,
Même si il a déjà une nana, alors pourquoi pas l’webmaster
Juste pour pouvoir monter en grade.. si j’étais toi j’aurais peur,
Car une fille énervée, croit moi c’est ce qu’il y a de pire..

Pourquoi tu l’allumes comme sa? t’as des envies de pouvoir?
supprimer, choisir selon tes envies, dev’nir modérateur
Mais ma pauvre ta rien pigée, serieux arrête d’y croire
C’est pas en l’prennant pour un***qu’tu l’auras l’webmaster...

En plus tu brises le cœur des mecs qui t’on aimé,
Tu détruits des couples juste pour t’amuser,
t’es en train de t’faire de plus en plus d’énemie,
Et au final tu t’retrouvera seule dans ton petit lit...

Disculpen si se mé ha ido un verbo, si conjugue mal o si confundi palabras,
esto ha sido lo más grande que he hecho desde que estudiaba frances.

Pase bonne Nuit mon lecteurs!!!!

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Irracionalidad no. 2

>> sábado, 15 de agosto de 2009

Mi vida ha cambiado, he perdido cualquier indicio de que era un ser social, cultural y creo que alguno de mi estado mental. Tiene 21 días que sentí por última vez tu mano, helada en ese momento, acariciando mi mejilla derecha, mientras tus ojos vidriosos me miraban y se cerraban. ¿Por qué me dijiste que querías el fin? ¿En que falle? ¿Qué cosa no te di o te di de más? ¿No basto darte mi vida? ¿Por qué no te asfíxiate rápido?

Me tiro en medio quince gramos de cannabis, esperando ahogarme entre alucinaciones y psicodelia inducida, pero me esperas entre nubes azures. Ahí, entre mis malditas pesadillas, con hilillos de sangre en las comisuras de los labios; ahí, junto al cuyo que lancé por la ventana cuando me mordió a los ocho años; ahí, junto al pequeño Jesús que perdió la vista por un accidente que cometí con gusto; ahí, junto a mi padrastro y el cable de luz; ahí junto a mi madre ebria tirada en el porche de la casa; ahí, junto a mi cuerpo pululante de sangre y gusanos.

Me dijiste que no, que te aterraba, que por favor te dejara y olvidara que tuvimos algo en un tiempo. ¿No te diste cuenta que pedias lo imposible? Dependo de ti, de tu aroma, de tu presencia, completamente de ti. Por ello es que me dolió en el alma dejarte ahí tirada, debajo de un puente, mientras tu calor vital se dispersaba en aquella noche de agosto. Recuerdo que no gritaste, que solo pediste que te soltara cuando, entre lágrimas, te arrinconé contra el pilar de la estación, cuando exigí que no me dejaras. Busque tus labios, me los negaste, me enfade y rodee con las manos tú cuello…la presión no tardo en amoratar tus facciones. Si hiciste poco por salvarte o mi desesperación hacia que apretara más, sigo sin saberlo.

Lo único que se es que te extraño, que me detesto, y que tu silueta sale del noticiero de las 10:30 y se acuesta a mi lado, sin decir nada, mientras busco 300mg de heroína, y una jeringa para buscarte…en lo que quiera que siga.

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Andén

>> martes, 28 de julio de 2009

Recuerdo la historia y un escalofrió me recorre la espalda, en mi boca siento el sabor a oxido de su sangre y vuelvo a escuchar el golpe sordo con el que abandono este mundo.

El día había sido peculiar, reprobaba mi primer parcial de química en la facultad, el día del pago de la renta había llegado y no tenía un mísero centavo, no había dormido en lo que va de la semana, del amor mejor ni hablemos. Pero es entonces cuando una fuerza mayor te enseña, con métodos poco ortodoxos, que tu vida no es tan mala como tú insistes, y que hay gente cuya vida aspira a convertirse en su propio infierno terrenal.

Eran casi las once de la noche, caminaba a lo largo de la estación Hidalgo, en la línea 3, preguntándome como iba a pagar el alquiler de este mes sin un solo peso en la bolsa. Me senté en la orilla del pasillo al final del corredor, solo entre decenas de personas que se miraban sin observarse, entonces fue cuando llego. Era un hombre delgado, de no más de veinticinco años, cubierto de tobillos a cuello por una gabardina beige varias tallas mayor a la suya y un soplo de tristeza sobre esta, el chico se sentó a mi lado.

No digas nada, solo escúchame, no te vayas, por favor, no serán más de cinco minutos…
Voltee para buscar su rostro, (costumbre propia de los capitalinos, por aquello de la inseguridad) pero estaba cubierto por una palestina negra y un sombrero de copa. Si fuese un criminal no haría nada frente a tanta gente, y está lo suficientemente lejos para reaccionar si decide hacer algo. Decidí escucharlo, ¿qué más da? Un minuto más o uno de menos mientras llega el metro a la estación.

Dudo que me haya querido en algún momento, te juro que yo aun la amo con cada célula de mi cuerpo. Pero ella solo jugó conmigo, apenas estaba interesada en mi o mi vida, no quería nada duradero. Así se llevo casi dos años de mi vida. Ahora veo que cada “te amo” estaban tan vacios como el tonto que habla ahora a tu izquierda. Después de mi ya la esperaba otro, ¿sabes?, me lo dijo Ismael(¿Ismael? Pero si ese es mi nombre), un estudiante de arquitectura que le hablo bonito y al oído, como yo al principio. Y pensar que lloro cuando me dejo, o al menos lo fingió, pero…se veía un verdadero dolor en sus ojos, lo juro. Miente demasiado bien.

El número de personas en el andén disminuía a cada frase de mi atormentado emisor, dos trenes habían llegado y abandonado ya la estación, pero yo seguía ahí, abrazándome las rodillas, escuchando.

Deje mi trabajo por ella, era contador en Devlin, ganaba bien, muy bien. Ella tenía un problema respiratorio…no recuerdo el nombre, pero sus pulmones se estaban llenando de liquido, no tenia seguro y urgía una operación para sacarlo. Así que pedí mi liquidación, un cheque firmado a mi nombre con 100 de los grandes, la mayor parte fue a parar en la intervención, el resto se fue yendo con cada visita y capricho después del alta. De eso a la fecha cuentan ya tres meses.

Y hoy en la mañana la vi, ahí en el café de Bellas Artes que frecuentábamos tanto, me senté y lo soltó sin verme a la cara: “No puedo seguir, por favor déjame libre”.
A los cinco minutos de un silencio sepulcral se levanto y salió del local, dejándome perdido entre la espuma de media taza de café cappuccino… Así, acompañada por el tintineo de la campanita de la puerta, se fue la mujer a la que aun amo, llevándose casi dos años de mi vida en el rímel corrido…

Sé que iba a continuar, pero su voz se corto en la última frase. El quinto convoy naranja se veía en la boca del túnel. El chico se levanto y me extendió una cartera marrón, la cual tome un tanto extrañado. Me incorpore y seguí al muchacho para improvisar algunas palabras de consuelo, y regalarle con ellas algo de paz.

Fue entonces, cuando me faltaban unos pasos para llegar a él y al ten unos metros para estar frente a nosotros, que salto hacia las vías. El tiempo pareció detenerse, vi la gabardina ondearse en el aire, su cuerpo suspendido frente a la cabina del conductor, y el sombrero saltando de su cabeza. Una milésima de segundo después llegaba a mis oídos el golpe de lleno que recibió. Aun tenía yo la mano extendida que pensaba posar sobre su hombro cuando la sangre salpico sobre mi.

Entonces se desato el pandemonio: las personas lloraban y gritaban histéricas, una mujer mayor cayó desmayada junto a mis tenis, ahora manchados de sangre y con carne remolida. Yo seguía con la mirada perdida, con la mano extendida y la cartera bajo el brazo. En menos de cinco segundos llego una cuadrilla de policías para restaurar el orden. Alguien les dijo que yo estaba hablando con él antes de que se lanzara, y me llevaron al Ministerio Publico para declarar. Había olvidado ya la cartera, que solo eche al morral cuando me transportaban en la patrulla. Dije todo lo que sabía, que no conocía al hombre y que había llegado a hablar conmigo, que la decadencia de su vida lo había llevado a cometer suicidio. Me dejaron lavarme en la delegación y, al ver que no sabía más que ellos, dejaron que me fuera a casa.

Al llegar tire el morral al sillón, con tan mala puntería que reboto y todo su contenido se fue al suelo, incluyendo la cartera marrón que había recibido esta noche. La recogí y me senté en el sofá, al abrirla una pequeña nota amarillenta cayó
al suelo, la levante para leerla:

“Si estás leyendo esto es porque ahora estoy muerto. No te conozco y jamás te llegare a conocer, pero eres la persona que me brindo su hombro en mis últimos momentos. No busqué hablar contigo para evitar lo que hice, sino para irme tranquilo, sabiendo que alguien conocería mi historia, te lo agradezco infinitamente.
PD: La cartera es un regalo, por las molestias que te cometí, espero te sea útil”

Al abrir la cartera un fajo grande de billetes se asomo, los conté: 7,200 pesos en billetes de $200. El dinero esta en la mesa de centro, junto a mi bata manchada de sangre, frente a las incertidumbre de usarlo o no para cualquier cosa.

Recuerdo la historia y un escalofrió me recorre la espalda…

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Visitantes de otra jungla

Welcome To the Jungle

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