...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Puta + Taxi.

>> martes, 25 de mayo de 2010

La puta, literal, se quedó dormida en el asiento trasero del taxi, pero justo antes de cerrar los ojos y dejarse violar por Morfeo, dijo:


- Las putas son ellos.

Sharon (nombre falso, como sus senos) no era una puta de libro, sino un puto libro abierto: Filosofía urbana en estado puro. Lo supe desde el primer momento, cuando nada más subirse a mi taxi me dijo:

- Al velatorio más próximo, por favor.

- ¿Nicho, urna, cremación, ataúd? - pregunté yo.

- No. Estoy muerta, pero no es para tanto. Sólo quiero tomarme un café. A estas horas no conozco otro lugar donde lo sirvan - (jueves, tres, treinta de la mañana).

Mientras nos dirigíamos al velatorio militar, nuestras miradas se cruzaron a través del espejo retrovisor. Entonces me dijo:

- Sí, soy puta.

- Sí, soy taxista – respondí yo.

- ¿Y te llamas?

- Alejandro.

- Yo me llamo Sharon, pero mis clientes más íntimos me llaman "la hija bastarda de Dios" - dijo tendiéndome la mano desde su asiento trasero.

- Dios no existe - dije yo.

- Yo tampoco. Después de cada cogida mágica, desaparezco.

- ¿Mucha magia hoy?

- Cinco casados empeñados en encontrarme el truco.

- ¿Lo consiguió alguno?

- No. Sólo tú.

- Yo no soy tu cliente. Es más, te pienso cobrar por esto.

- Y harás bien. De algún modo yo también soy taxista aunque, en mi caso, sólo que de cintura para abajo. Mi taxímetro se acciona con la bisagra de mis piernas.

Llegamos al velatorio militar y me invitó a un café a modo de paréntesis para llevarla después a su casa.

- Los velatorios son cabarets sin música - me dijo mientras echaba dos de azúcar en su café.

Luego me contó su historia. Era puta militante, licenciada en filosofía.

- Tengo 32 años, pero aparento lo que mis clientes quieran pagar - me dijo al tercer sorbo.

Me habló de las mafias y de las mujeres forzadas a ejercer la prostitución. Al decir esto su cara se tornó más seria:

- Yo soy puta porque quiero. Ellas, no. Y cambia de tema, que se me amarga el café…amargo.

Pagué yo los cafés. Luego volvimos al taxi y continuamos el trayecto hasta su casa. Ahí fue cuando se quedó dormida. Al despertarla y pagarme el trayecto ("Toma, puta", me dijo tendiéndome un billete) me pidió mi número de teléfono:

- Quiero que seas mi taxista de cabecera.

Y yo, obviamente, lo acepté.


PD: Hoy me toco viaje en taxí, de los cuartos para aca, traía la lap, no la pondría en riesgo a lo wey. Como la mayoria de los taxistas que me he topado, el de hoy me siguio la plática. Me conto de un accidente en la carretera (por eso lo del velatorio), que hay una vecina que es prostituta (por eso aquello de la puta), y que él pertenece al turno nocturno (por eso la hora del encuentro).

Enjoy

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Desnudos (Dos mundos, una cama)

>> domingo, 18 de abril de 2010

Desperté antes que ella. El cuarto, tan desordenado como lo dejamos anoche, me parecía cálido. Ella dormía acurrucada bajo mi brazo, bajo mi humana protección. Mis ojos viajaron de nuestras mochilas a la factura del hotel y de ahí a nuestras ropas. Contrastantes y combinadas ahí, regalaban una imagen única; la suya, de marcas y centros comerciales reconocidos, la mía, de tiendas de saldos que presento como “con efecto, no defecto”.

En fin, ella adinerada, yo clasemediero. Mezclilla y mink, Mixcalco y el Palacio de Hierro bajo nuestros pies. Dos mundos y una cama...¡no!, dos mundos en una cama.

Sé, que la amo, sé que me ama, y sé que es lo mas cursi que he escrito en mi vida. Estamos juntos y eso me importa. El dinero no es una razón fuerte para separarnos, ¿no lo creen? Ni su padre que quiere un ejecutivo como yerno, ni el mío que insiste en ser yo el “superior” en una relación, lo han logrado. Estoy feliz, no por estar aquí, no por retar a alguien, no por lo que hicimos, sino por lo que somos.

Acaricie su cabello desacomodado, bese su frente, arrulle su sueño. Ella despertó, se desemperezo en mi pecho y beso mis labios “buen día, amor” “el mejor que he tenido en años, cariño”. Sonrío y me beso, la abrace y acerque a mi cuerpo.

Desnudos, sin tapujos, piel vs. piel y sin marcas que nos distinguieran, éramos dos seres en comunión. La perfecta amalgama de dos cuerpos coincidiendo en todo sentido.

Bajó la mano por mi vientre, mis dedos jugaron en sus caderas.
Iniciábamos de nuevo.

P.D.: Para este pequeño gato, una de las expresiones del eros mas potente, es compartir nuestra desnudes con esa persona, así como no nos conocen ahí fuera, como somos, tan imperfectamente humanos.
P.D.2: Escrito durante mi reciente estancia en el hospital.

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Frío/Calor

>> domingo, 4 de abril de 2010

Me inquietan las mujeres bellas que vienen del frío, del norte de Europa quizá del este. Cuando encuentro a alguna en el comedor, en la biblioteca o cualquier rincon de la universidad, con su rostro de cristal de Bohemia y mirada antibalas, ojos gélidos, inexpresivos, de color azul hielo, rubias casi siempre, serias casi siempre, trato de mirar pero con miedo a ser visto. Me resultan, como digo, bellísimas, de perfección casi objetiva, pero a su vez me parecen distantes, ajenas, como si todas ellas escondieran un muro grueso y electrificado que no te deja saltar al otro lado de sus costillas. Me atraen, pero me dan miedo. Quizás por eso me atraen, supongo.

Imposible compararlas con las amazonas de esté lado del charco, las de genoma cálido: mexicanas, colombianas, , venezolanas, cubanas, de belleza distinta a la nórdica pero bellas también y sin embargo, al contrario de las del frío, expresivas al máximo, con esos ojos que siempre parecen buscar alimento, gestos ardientes, sentimientos que se escuchan desde fuera por la potencia de sus latidos. Son tan bellas y tan ardientes que me atraen, pero me dan miedo. Quizás por eso me atraen, supongo.

Y así ando, entre el frío y el calor, entre atracciones y miedos distintos que no son más que una misma atracción matizada y un mismo miedo a lo desconocido. Y lo desconocido está en mí, supongo…supongo que soy atérmico.

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(Sintitulo...por ahora)

>> sábado, 3 de abril de 2010

Charla sobre amores frustrados, decepciones, arrebatos, sufrimiento.
La acompañée a la terminal del metro.
Despedida, acerque mis labios a su mejilla, la roce, ella hizo lo mismo.
Apagada.
Entonces me miro de frente, sus ojos a través de los cristales lloraban, me recriminaban,
sufrían. Me dio una cachetada, me beso los labios y volvió a bofetearme.
Se dio la vuelta, paso los torniquetes, no volteo a verme, no la seguí. Me sentí desnudo frente a decenas de personas que me observaban. Detuvimos una arteria de la ciudad por una fracción de segundo

¿Qué hice?

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Llamando...

>> jueves, 25 de marzo de 2010

Recuerdo las revistas y artículos que vanagloriaban a Graham Bell y su invento…yo lo odio, lo odio porque inventó la tentación de poder tenerte aquí y ahora cada vez que el instinto lo nubla todo. En cualquier momento, en cualquier lugar, en mi mismo mundo.

Saco el celular de la bolsa, acaricio el teclado. El 1 y el 3 son tus ojos. El 4 y el 6, tus pezones. Acerco el 8 a mi boca: lo huelo, lo beso. Levanto con la uña el asterisco de tu zapato izquierdo. Mantengo intactas las flechas de dirección, por si te da por usarlas para ahogar tus gemidos.

Pienso en marcar tu secuencia, en pulsar tu esternón dos veces, luego tu parpado derecho, tu pubis, tu sexo, 5, 5, 1, 8... pero mis dedos no saben guardar un secreto: ya están pulsando los números que deseo pulsar. Y al concluir la nemotecnia de tu cuerpo, cuando ya estoy a un paso de darle al botón verde, el verde clorofita de tu voz me llama, me chasquea los dedos una maestra de rostro blancuzco y abrigo de imitación de ming, y en medio de ese brain collapse en lugar de presionar el botón verde me confundo y le doy end a mis pies.
La profesora habla, sus manos revolotean y me dice que caminemos hacia el Amoxcali, para ver el tema de mi exposición, y ahora en lugar de presionar ATP y glucosa en mis músculos, me confundo y presiono el botón verde, y al instante ya está sonando tu voz a través del altavoz del Nokia:

- Estaba pensando en lo mismo - dices nada más descolgar.
- Ahora - te digo yo.
- ¿Has vuelto a romper el teclado del móvil? - me preguntas.
- Sip. Menos las flechitas de….
- ¡Genial! Mis vecinos. Ya sabes...-me interrumpe
- No entiendo nada - interrumpe ahora Josefina.
- Afortunadamente - respondo.

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Distancias

>> miércoles, 10 de marzo de 2010

Menos de un kilometro...

¿Qué pasaría si una cinta métrica rigiera nuestra vida?
Lo hace un "reloj", que es un instrumento de medición...¬¬...me cagan los relojes. "Te quedan 28,000 km de vida, disfrútalos y no corras la mayoría". Muchas veces los humanos (entre todos los seres vivos) mueren por cosa de distancias. Una bala que dio en el corazón y no sólo paso al lado, tres centímetros de montaña de la que el alpinista no se pudo aferrar, deshidratarse a punto dos metros de un pozo de petróleo, una trozo de navaja viajando por el esófago y dividiéndolo a su paso...

Hoy casi muero, me salvaron unos frenos deficientes pero resistentes...y unos treinta centímetros de separación. A casi 15 kilómetros de mi casa. Yo quiero morirme en la línea (la que existe entre tu pantalón y tu piel, entre otras) no en un hospital, no quiero que me lloren, que no me dejen ir, y no les perdonaré que no pongan música en un velorio donde usen mi ataúd como mesa de centro, no quiero que mi ultimo viaje sea sobre una limusina sin asientos. Quiero darle la vuelta al mundo antes.

¿Por qué ese "Menos de un kilometro"? Son las palabras de un suicida calculando la distancia que lo separa del lugar donde quiere morir, una habitación sola y fría, una cama que se conservará caliente mientras él viva...la soledad que en su vida lo ha acompañado

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>> viernes, 5 de marzo de 2010

Realmente no sé cual sea tu necedad, sí, ni siquiera yo. Llevo casi veinte años aquí dentro y con los dedos puedes contar las veces que me has hecho caso. Hoy la viste, sabes que mañana se va a una fiesta a la cual no iras por la escuela. La celas. Con una necedad increíble la quieres saber tuya. Con una necesidad increíble imploras que te ame. Un beso se alarga a la oreja, de ahí baja al cuello. La pasión aumenta gracias a la penumbra. En un momento tus dientes juegan con su piel, sobre ese lunar que te vuelve loco. La muerdes, ella gime y se retuerce, se estrecha contra ti. La muerdes, la marcas. Ella pierde la cabeza fácil, se excita con sencillez, lo sabes bien. ¿Crees que a un tipo le importará ese moretón en el cuello cuando la desnude y se la coja? Ja! No, no le importará, y tú te morirás de angustia en el salón de teoría, y querrás llamarle pero no lo harás y yo me irritaré de nuevo. Después me culparás por tu torpeza.. No me haces caso, pero me escuchas, he ahí el problema.

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El complice de mis sueños (Morfeo)

>> lunes, 1 de marzo de 2010

Tienes sueño pero no quieres dormir, no te puedes dormir ahora. No en el asiento incomodo del metro, no en un trayecto tan corto como este. Me lo dicen tus párpados a través del rabillo del ojo. Tus párpados luchando en contra de su propia voluntad... unos párpados que ahora pesan mucho más que tú... mucho más que el mundo que te rodea... como si las pestañas que los adornan fueran de plomo... o polos opuestos a las pestañitas de abajo (¿tienen nombre las pestañitas de debajo del ojo?)

Te debates entre dos mundos, en esa estrecha línea que te hace ser sin estar, confundirlo todo, mirar los andenes, y a los vagoneros, y la gente, y a mi, pero vin ver nada. Ahora intentas espabilarte. Cruzas las piernas o golpeas los vidrios para que sea tu propio cuerpo o el mismo viento o el ruido de los rieles quien te mantenga alerta. Yo, por mi parte, también trato de ayudarte (soy un profesional de la vigilia). Hago ruido con el libro, con el celular y el iPod, hago que la gente tropiece copntigo, para para que no caigas en los brazos de un Morfeo al que no has llamado.

Me hace gracia verte despertar a intervalos pequeños y reaccionar disimulando que nunca llegaste a dormirte cada vez que el metro se sacude o te meto un dedo imaginario en la oreja. Reaccionas como si no quisieras que nadie te viera dormir aunque sepas que nadie te está mirando, ni siquiera yo, que te miro sin que sepas que miro. Pero el sueño vence al fin, sin remedio. Te duermes y entonces te veo tan plácida que me contagias: Ahora yo también tengo ganas de dormir, o al menos de soñar lo mismo que tú, participar en tu trama. Así que me cambio de lugar, tiro mi mochila al suelo, me acoplo en el asiento del pasillo, a tu lado, y cierro los ojos y convierto mis manos extendidas en almohada, como rezándome la mejilla derecha y me duermo a la de tres. Cuando nos despertemos trataré de explicarte mis motivos, cariño.

Nota onírica: Esta entrada nunca existió. Lo soñó ella. Yo sólo me metí en su sueño para transcribirlo.

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Y eso es...

>> martes, 23 de febrero de 2010

Tu cruce de piernas me atrajo más que la electronegatividad de cualquier atomo. Fue un cruce sin intenciones: el dorso de una rodilla encajando con la rodilla contraria, los muslos envueltos en un mayon negro como tu cabello (y quizá mis intenciones), y tu secreto a salvo bajo el telón de tu falda, de tu mínimo trozo de mezclilla. No querías seducirme ni mucho menos ser seducida. Solo era una tarde de estudio previa al examen de Química Orgánica, dos cabezas piensan mejor que una, aunque no exactamente lo mismo. Por eso, quizás, me atrajo tanto ese cruce de piernas: La belleza de los cuerpos está en sus movimientos cotidianos, en los gestos naturales de quien no se siente observada.

Y luego tu sweater grueso. El erotismo es eso: lo que escondes.

El deseo es querer conocer lo que escondes, compararlo con la imagen mental que ahora tengo de tu cuerpo desnudo. Tras eso, llámame hueco o insensible, no hay nada. No hay amor, ni intención por conocer de ti nada más allá de tu cuerpo desnudo. Sólo es y será siempre pura curiosidad. Curiosidad poderosa, frustrante y sin embargo apagada por la compostura, por el sentido que, todos los mentalmente sanos, tenemos del pudor.

Así que conmigo puedes aprender tranquila. En lo que dure el semestre (o la carrera, como tú decidas) no trataré de saciar las dudas que ahora, sin querer, me has provocado. Dudas sobre la exacta curvatura de tus pechos, o el diámetro en 3D de tus pezones, o el nivel de tensión de tu vientre, o la humedad relativa de lo que más escondes. O puede que algún tatuaje imprevisto o un piercing oculto que hiciera saltar las alarmas de cualquier centro comercial…o de cualquier muchacho curioso que se cuele bajo tu blusa.

Y nos darán las siete y correremos a Molecular III. Pasará la hora y media como el agua, me subiré al metro y entonces me olvidaré de ti, pero no de tu cuerpo, o de lo que habría sido tu cuerpo sin las ataduras de tu ropa precisa. Una ropa que, de haber sido otra, menos precisa, más amplia, de haberme invitado menos a la imaginación, habría logrado convertirte en una compañera más de estudio, en la aprendiz de su discípulo, en una sombra pasajera en mi vida.

...


Diez de la mañana, una hora para la primera clase del día. Desayuno algo, tomo el metrobus y para las once menos once llego a Ciencias. Fuera del comedor la veo…”Suerte con el examen Ephrian”…Los recuerdos de la tarde anterior llegan a mi cabeza de golpe, la textura de sus senos, la redondez relativa de sus pezones, la velocidad con la que su ropa cae al suelo, la temperatura del primer orgasmo, el punto de clímax de nuestra fusión…sus piernas cruzadas y finalmente, regresándome a la realidad: la sonrisa pícara que ahora ella esboza. “Nos vemos en la salida”.

Torpe, olvide por completo que hoy es viernes, que hoya la veria

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Invierno Anterosuperior

>> miércoles, 20 de enero de 2010

Estaciones de Tlalpan, monotonía en la vida, tristeza y pesadez en los ojos de tus compañeros de viaje. Observas el reloj de pulsera que ella te regalo cuando se amaban, cuando el verse era sinónimo de emoción y tranquilidad, cuando esta carrera valía la pena.

-¡Mierda!- 15:13, hace trece minutos debías estar en la terminal del metro, y aun te falta más de la mitad del recorrido en el tren ligero, suspiras, hechas la cabeza hacia atrás. ¿Por qué vas? Ya no sientes nada, no te mientas, hazlo con ella si quieres, pero no contigo.

¿Que es sólo sexo?...más te vale.

Matas el sonido del tren sobre los rieles con el iPod y el nuevo disco de Trovador que fueron a ver juntos, te pierdes en sus letras, piensas en otra…piensas en otra…¡Bien! ese es un paso, el siguiente…disfrutar de la piel sin involucrar químicos que no sean semen y fluidos vaginales. Todo fuera de tu cuerpo y no dentro de tu cabeza, nada de feeling, nada de sentimientos, quizá un “Te amo” fingido. Mentiras despiadadas, camuflajeadas entre besos.

Llegas a las tres veintinueve de la tarde, ella te espera bajo el reloj de la estación, te acercas y sonríe, le sonríes al piso. Estas a punto de detener el reproductor pero un impulso te detiene “que piense que aun le importas, no detengas el iPod, no te quites los audífonos”, te impulso a pensar, se levanta y te besa…se nota triste ¿importa?. “Que espere que una de esas canciones está dirigida a ella, que aun le importas, miente sin hablar”. Ella cae en mi trampa, cierra los ojos mientras termina el beso, observa los audífonos, te quita el izquierdo y te mira a los ojos, (no sientes nada…¡Bien!).

-¡Fernando Delgadillo!- Dice con el entusiasmo que se aferra dentro de ella, la esperanza de que aun la quieras- Este disco no lo conozco, ¿es nuevo?
-Si…Desde La Isla Del Olvido lo compre en…-¡Ja! “Olvido”…esto del destino es gracioso-…plaza Universidad- si, cuando saliste con Dafne…mmm...eso no se lo digas.
-¿Me lo prestas un día?
-Seguro- eso no es mentira, solo… no sé, pero no es una mentira.

Te toma de la mano, te aprieta, tú no lo haces. Caminas esbozando una sonrisa falsa hacia las puertas del metro, entran y la besas. Se sonríe, acaricias su mejilla, la despeinas y cierras los ojos, quisieras que todo este teatro termine cuando abras los parpados, que ya estén en un hotel, desnudos y en extremos opuestos de la cama…o de la habitación si es posible, pero todo tiene un precio, no siempre monetario, un balance en el intercambio.

El precio de hoy es una salida al parque. Te guía de la mano y busca tus labios, se topa con una carcasa automática, que aun así besa bien. Juegan, ligeramente pesado, no necesitas el cinturón para sujetar los pantalones tan ceñidos. Se queja con el primer golpe, se apena pero aun así ríe, te besa. Da gracia como intenta hacerte daño, sangras pero no duele, el dolor físico no llega a ser tanto como el interno. Pasan cuatro horas, son las 19:32. Mientras rasguña tu espalda lames su cuello, se excita, discretamente cuelas una mano bajo su blusa, se mueve, le gusta

-Vamos- dices y te levantas con un dolor en la zona baja del vientre.
-A un…-no lo dice, le apena.
-…Hotel- terminas la frase.

Caminan hacia la avenida y ven un hotel de tres estrellas, y con un rotulo en la fachada que anuncia una promoción “Noche $350, Televisión por cable, Jacuzzi, cama masajeadora, espejos en un costado”. Lo señalas con los ojos, te vuelve a besar y apretar la mano, entran, pagas, suben al tercer piso, al cuarto 312.
La recompensa llego, el producto adquirido.
Tiempo muerto.

Tres de la mañana, terminan en un estruendoso grito, caes rendido a su lado, te vuelve a besar (parece una extraña costumbre, ¿no? tomando en cuenta que sólo es una “amiga”). Acaricias su cabeza “pobre niña ingenua” piensas. Cierras los ojos, ella se recuesta sobre tu pecho buscando el latir de tu corazón, esperando ser ella quien lo impulsa a moverse. Ella no lo sabe, pero hace meses que te abriste el esternón con un hacha, que sacaste el corazón, lo lanzaste por la ventana para que se lo tragaran los perros y anudaste las arterias para no morir por una hemorragia interna.

La noche es fría, el invierno más extraño que has visto en tu corta vida, el viento gélido se cuela por una ventana rota y se anida en la cama. Ella tiembla, no por la corriente helada, sino por el invierno crudo que ahora es tu interior.

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50 errores

>> sábado, 26 de diciembre de 2009

Este si...este también...ni hablar de este...etse no...este tampoco... en este nunca había pensado...

Chicas, un par de consejos....no diré más...Bueno si, chequenlos, piensenlos...lo demas ya es su bronca.

La Política del Coger - 50 Errores que las mujeres cometen al tener sexo – escrito por una mujer

1. Suponer que él puede tener una erección durísima cuando te conviene. Al contrario de la creencia popular, los hombres no pueden tocar un switch para erguir su pene porque tú decidiste dejar de ser una perra frígida. Hacer que tenga una erección es tu responsabilidad. Sugiero que averigües cómo hacerlo.

2. Pensar que besar necesita ser algo dulce y bonito todo el tiempo. A veces presionar tus labios contra la boca de tu pareja mientras te excitas es lo máximo. Depende de la situación.

3. Dejar que él sea responsable de tu orgasmo. Tú sabes lo que te excita. Dile. Si no lo haces, es tu culpa cuando está roncando y estás volviéndote loca por falta de satisfacción sexual.

4. Esperar que se abracen. Los hombres y las mujeres son diferentes. El sexo hace que la mayoría de las mujeres quieran hablar y crear un lazo íntimo y todas esas tonterías. Eso hace que los hombres se desmayen. Es algo biológico. Deja de luchar contra ello, y deja de echarle la culpa. No es su culpa.

5. Esperar que se duerma contigo en sus brazos. Esa mierda se vuelve incómoda después de un rato. Un poco de abrazos no es irracional, ¿pero cuando se trata de dormir? Un brazo colgado por tu hombro debe ser suficiente.

6. Esperar que él siempre te inunde con encanto y romance. A veces es bonito. A veces. Pero esperar que siempre sea como de rosas y velas es como esperar que tú te portes como estrella de pornografía todo el tiempo. Si no estás dispuesta a hacer eso, no esperes que él cambie para ti.

7. Ser egoísta en la cama. Sin importar la mierda que nos obliga a creer la revista Cosmopolitan, es sexo NO sólo se trata de nosotras. Supéralo.

8. Usar Cosmopolitan como Biblia del sexo. No sé quien inventa la mitad de esta mierda, pero estoy bastante segura que necesitan terapia.

9. Quejarte cuando el empuja tu cabeza hacia su pene en vez de acariciar tu pelo. ¿Sabes por qué está empujando tontita? Porque no lo estás haciendo bien, y aparentemente has ignorado las demás insinuaciones que te ha dado. Presta atención a las señales que te está mandando.

10. No moverte para nada. La posición del misionero (con el hombre encima) no es una excusa para no hacer nada.

11. Esperar que él se desvista con algo de gracia. Él está a punto de conseguir concha. Conténtate con que se quitó los pantalones por completo. Si te importa tanto, desvístelo tú.

12. No afeitarte las piernas. No soy muy buena para esto tampoco. Pero si quieres que tu hombre no tenga una barba rasposa, debes sacar y usar tu maquinilla de afeitar.

13. Permitir que tu ingle huela como la jungla amazona. Si, la depilación con cera duele. Si, algunas personas no quieren estar sin vellos. Está bien. Si te gusta el vello, bien. Si tienes piel sensible y no te puedes afeitar, lo siento por ti. Pero por amor de dios, corta ese vello si quieres que él pase tiempo por allí abajo.

14. Suponer que el sexo significa una relación. La única relación que tienes es que ahora ha metido su pene en tu concha. Allí termina todo a menos que se diga lo contrario.

15. No hacer el sexo oral sólo porque estás en tu mes. Él no lo hacía. A menos que quieras que él no haga sexo oral por causa de sus propios altibajos hormonales, sugiero que te compres unas rodilleras.

16. Esperar que él averigüe lo que te gusta según los sonidos que haces. Usa tus palabras. ¿Alguna vez has escuchado cómo suenas cuando estás teniendo sexo? Si te escucharas en un casete, y alguien te pidiera una explicación de lo que causa un sonido u otro, 67% de las mujeres respondería con respuestas como "Me golpeé el dedo del pie" o "Subí por unas escaleras" o “Estaba instalando tablaroca”.

17. Dejar que los condones sean responsabilidad de él. Si eres activa sexualmente e insistes que él use un condón, sugiero que compres una caja y que la mantengas junto a tu cama. No todos los hombres los tienen a la mano, y es tanto tu responsabilidad como la de él. Si piensas que eso te convierte en puta, no debes tener sexo. Regresa a la escuela.

18. Si te pones nerviosa cuando él habla con palabras sucias. Un poco de fantasía puede ser bonito. Si él te trata con respeto todo el tiempo, no debes de ofenderte cuando te llama su pequeña putita sucia. Cuando te dice puta y que te vengas, es su manera de mostrar que le importa si te satisface. Deja de ser delicadita.

19. Negarse a ser espontánea. Sé que esto suena escandaloso pero a veces el sexo FUERA de la recámara es divertido.

20. Despreciar un rapidín sólo porque no es un lento maratón sensual. El sexo es algo dinámico. Hay una energía cruda impresionante cuando sólo tienes 20 minutos pero necesitas a alguien tanto que lo haces medio vestida contra una pared. Reajusta tu pensar.

21. Ser demasiada refinadita como para decirle qué es y qué no es aceptable antes de tener el sexo. Sé honesta. Si él pregunta si puede darte un pinchazo en el trasero, y te ríes y dices "no" como si fuera una invitación, no te sorprendes cuando él "accidentalmente" pone su pene en tu trasero.

22. Esperar que él te desvista. Me pongo un sostén casi todos los días. Sé sin duda que quitarlo no es siempre fácil. Ayuda al hombre.

23. Desvestirte en la oscuridad. Si eres tímida, baja las luces, pero dale al hombre algo que ver. No debes quitarte la ropa de prisa y luego esconderte de repente bajo la colcha tampoco.

24. Negarte a estar encima. No hay por qué los hombres deben hacer todo el esfuerzo todo el tiempo.

25. Tener esa expresión aburrida en tu cara. Los hombres se fijan en lo visual comparado con las mujeres. Dale algo que ver. Ponte encima y arquea tu espalda un poco. Muévete. Haz algo para indicar que 1) no estás muerta y 2) no has sufrido una apoplejía menor que te haya dejado sin poder moverte.

26. Esperar que haga todo el tocar mientras estás encima de él. Es tu cuerpo, estás acostumbrada a él. Juega con tus tetas, frota tu clítoris, haz algo para que su trabajo sea más fácil.

27. Tener demasiado miedo para guiar la mano de tu pareja cuando te está tocando. ¿No te gusta la manera en que lo está haciendo? Toma su mano con suavidad y muéstrale cómo te gusta.

28. Meterte a la cama con él, desnudarte, fajar y luego decidir que sólo quieres que se abracen, luego ponerte ofendida cuando él quiere más. Es tu decisión detenerte, pero no te pongas toda sorprendida cuando lo confundas. Lo tienes desnudo en tu cama, ¿Qué más pensabas que iba a pasar?

29. Negarte a dejar que él tome el control. Así que eres feminista. ¿Y qué? Dejar que él tome las riendas no hace que lo seas menos.

30. Negarte a tomar el control. Está bien gatear, cruzando la cama para empujarle hacia abajo y echarte encima. No es su responsabilidad iniciar las cosas todo el tiempo.

31. Olvidar que él tiene un cuerpo que le gusta ser tocado también. Los hombres tienen cosas como espaldas, hombros y panzas y otras partes que son agradables para besar y tocar. Pierdes muchas partes buenas al enfocarte sólo en su pene.

32. No hacer caso a sus testículos. En serio, allí están. Bésalos, lámelos, chúpalos, ten una relación con ellos, pero hazles caso.

33. Abandonarlo antes del final. No hay nada peor que cuando una chica excita a un hombre y luego se va porque no quiere complicaciones.

34. Salir con todo un discurso sobre no ser un objeto sexual cuando él intenta coger tus senos. Por dios, sólo une uno con el otro y disfrútalo. Tendrás una hermosa vista.

35. Esperar que él te trate como una muñeca de porcelana. Detesto dar malas noticias pero no te vas a romper hermana. Hacerlo contra una pared te da un moretón en el hombro. ¿Y qué? Míralo después y ríete del recuerdo.

36. Negarte a tratar de hacer otras cosas en el nombre de "hacer el amor". No estás haciendo nada. Estás desnuda con otra persona. Haciendo muecas y sonidos extraños. Deja de convertirlo en algo romántico.

37. No tomes las cosas demasiado en serio. El sexo es divertido. En realidad es divertidísimo. En algún momento, alguien se va a caer de la cama, va a golpear su cabeza con una lámpara, patear a un enano o tropezarse encima de una cabra por accidente. Es como te enfrentas a todo eso, lo que de veras importa.

38. Quejarte como arpía cuando él sugiere un sexo entre tres. Es el sueño de muchos hombres. (Sé que mi ex está leyendo esto ahora, así que haré una rápida interjección. Una petición de sexo entre tres está bien. Hacerlo cada 5 minutos no lo es. Hay que saber la diferencia.)

39. Seguir haciéndole el sexo oral a un hombre cuando sabes que tienes la boca horriblemente seca. En serio. Agarra una botella de agua.

40. Uñas. Es una cosa trazarlas por la espalda de tu pareja. Es otra cosa cuando agarras su mercancía con unas garras.

41. Quejarte cuando te deja algo de su leche encima. Estás teniendo sexo. Esas cosas pasan. Esa es la finalidad. Aclara dónde sí puede y dónde no puede eyacular su leche y déjalo así. Acuérdate, cierra los poros de la piel.

42. No hacer nada de sonidos. Gime. Grita su nombre, o algo para que él sepa que es el mejor que has tenido, incluso si no lo es.

43. Fingir los orgasmos. No lo hagas. Al fingir un orgasmo (SI te cree) él piensa que hace todo bien. Y si él no sabe lo que no funciona, no lo va a cambiar. Empezar un círculo vicioso de sexo no gratificante eventualmente dañará a su ego.

44. No asearte antes del sexo. Sé que el sexo es algo espontáneo, pero esto es más bien una afirmación general. Si no te has bañado ese día, y las cosas huelen un poco a … mariscos… exigir el sexo oral es un poco ridículo de tu parte.

45. Cualquier cosa que involucre insertar algo en su cuerpo que no sea aprobado específicamente de antemano. No me importa lo que dice Cosmo, algunas cosas simplemente no son gratas sorpresas.

46. Negarte a usar aceites / crema batida / otras sustancias sucias pero divertidas porque tienes sábanas finas egipcias de algodón que fueron hechas a mano por la única persona capaz de duplicar ese mismo patrón. Se pueden lavar.

47. Hacer todos tus preparativos para dormir antes de tener el sexo. Sí, dormir con maquillaje puesto es malo. Pero ahora no es el momento para quitártelo. Puedes hacer algo mejor que eso. Y en realidad, coger con tu montón de pelo debajo de una redecilla y con crema para el acné en tu nariz no es la gran maravilla.

48. Limpiar después del sexo. Limpiar su leche es una cosa. Pero cambiar las sábanas de inmediato para poder ponerlas en la lavadora y luego desinfectar todo lo que tu cuerpo desnudo pueda haber tocado no es la manera de hacerlo.

49. Hacer todo un alboroto si él pierde una erección. Esta no es una interrogación o juego de 20 preguntas. Pasa. Lo más probable es que él está mortificado por que tú NO estás ayudándole. Abstente de usar frases como “pasa a todos”. Sólo cambia a otras actividades hasta que su pene se ponga duro de nuevo, y si no pasa, excítate de otra forma con él. Él todavía puede estimularte. Mascullar “Olvídalo” y luego darte una vuelta no está bien.

50. Hacer preguntas justo después. Es el equivalente para las mujeres de decir "¿te gustó?". Ahora no es un buen momento para preguntar “¿Qué significa todo esto?”. En ese momento, lo más probable es que significa que necesita tomar algo, ir al baño, y tomar una siesta, quizá no en este orden.

Tomado de aca http://tweekerchick.blogspot.com/

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De divanes, pezones...perdones

>> miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ayer, en la mañana y en el hospital vi a mi antigua psiquitra. Por estas fechas, el año pasado, estaba sentado frente a ella ignorandola levemente "Ese muchacho tiene problemas con las figuras de autoridad, las reta demasiado, bla bla bla". No pude evitar escribir algo al respecto.
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Si me dices que el estornudo de un koala huele a eucalipto, ¿tengo que creerte?

Si te digo que soy claustrofóbico de mi mismo cuerpo, ¿tengo que creerme?

Si te creo más grande que yo, ¿tengo que crecerme?

Me hablas para que yo te hable. (Preguntas/Contesto a veces al revés). Tomas notas en un lenguaje distinto al mío. Te metes en mi cabeza cuando quieres y aprietas todos los botones con guantes de látex.

Cruzo las piernas como sólo saben cruzarlas los monjes del Tibet (y yo). A través de la mesa de cristal escribes mis gestos en folios blancos y alineados. Todo está limpio. El consultorio de un psiquiatra es el lugar más aséptico del mundo. Me miras y sueltas la pluma. Fijo la vista en tu escote. Para vivir de un diván tienes un par de pechos estupendos.

- ¿En qué piensas? - me preguntas.

- En koalas - te miento.

De repente estornudas y de tu boca sale volando un chicle que acaba pegado en una pluma de mi atrapa-sueños (de hoy en adelante se llamará atrapa-chicles también). Lo tomo, es de eucalipto.

- Perdón - me dices tomándolo de mi mano.

- ¿Pezón? ¿qué pezón? - suelto extrañado.

- He dicho "perdón". ¿Por qué has entendido "pezón"?, ¿en qué estabas pensando realmente, David?

- Anoche soñé que era un faquir tumbado en una cama de pezones.

- Te lo estás inventando. Acabas de morderte el labio.

- No te soporto.

(Silencio)

- Se está acabando tu tiempo por hoy. ¿Alguna cosa más?

- Sí. Últimamente me siento desproporcionado.

- Bien. Prosigue - me dices cogiendo de nuevo la pluma. Escribes.

- Mi carcasa nunca se amolda a mi maquinaria. O me siento grande por dentro y me
aprieta la piel, o me siento pequeño y me sobra pellejo. En cualquier caso creo que sufro de "claustrofobia corporal". ¿Eso existe?

- Ya son las ocho.
Saco de la cartera un billete de quinientos pesos y un par de cien, los dejo sobre la mesa y me levanto.

- Hasta el viernes, David. ¡Felices fiestas!

- Sí, claro.

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K y J

>> lunes, 21 de diciembre de 2009

Comían en aquel restaurant argentino, el que tenía en la fachada al personaje favorito de J. Ese que juntos habían descubierto tiempo atrás en una tarde lluviosa. Cuando el amor se escurría y se derramaba como las gotas que descendían de sus cuerpos. Cuando el amor se reflejaba en el brillo de los ojos hermosos cafés de K; en el semblante radiante de su rostro, en el calor eléctrico que recorría su espalda; en el constante murmullo que reclamaban sus pieles para tocarse una y otra y otra y mil veces. En las miradas lúcidas y platónicas de ambos. Cuando escuchaban violentamente los golpes del corazón como gritos del tiempo resurgiendo segundo a segundo. Cuando los labios de K y J se entrelazaban y, las horas eran suyas y, el tiempo se detenía. Y algo se contraía (o todo lo hacía, tripas, neuronas, músculos, seres), y cuesta respirar. Maldito amor. Se vive caminando sobre una cuerda angosta y rígida, al borde del abismo.

Aquella noche, las cosas eran distintas, poco quedaba de las sensaciones antes descritas. La intensidad se desvanece, la rutina desgasta, la costumbre es lamentable. El amor expira, caduca, desaparece o, se vuelve blando, débil, molesto, pesado.

Esperaban la comida. K, se entretenía con el celular, hacía figuras con los cubiertos, jalaba y acomodaba el mantel. J, por su parte, fijaba la vista en un punto inexacto, ahí donde comienza la nada.
Comieron sin decir una palabra. Eran un silencio aterrador, largo, eterno, sin fin. Un ambiente frío, desolador, distante, separaba a K y J en aquella mesa. Sus miradas apenas se cruzaron. Un paño cubría el brillo de sus ojos hermosos cafés de K, su rostro era inexpresivo, duro, ausente.

De pronto, J tuvo un sobresalto, un presentimiento, un “algo”. Había llegado el momento. Era la hora de poner fin a la relación. Abandonaría a H esa misma noche. No regresaría a la casa que juntos habían compartido meses, horas y minutos y segundos. Hacía tiempo que esa idea le martillaba la cabeza, ¿por qué esperar a que todo se queme lentamente? No demoraría más.

Comenzó a buscar las palabras precisas, las palabras correctas, palabras que no fueran a herirla. Pero en estos casos no hay palabras de esas, no existen. Estaba decidido. Armaba en silencio oraciones sencillas para expresarle que no se trataba de K, que necesitaba un tiempo para estar solo y, todas esas justificaciones que caracterizan a los cobardes. Por qué J lo era, era un cobarde, un tipo como cualquier otro, confuso, inestable, miedoso. Prefería abandonar la paz, la tranquilidad, la seguridad, el cariño y el amor de K, a cambio de incertidumbre, a cambio de nada. Huir finalmente.

Imaginaba la escena, K llorando desconsoladamente, J tratando de dar explicaciones más sutiles que aliviaran su dolor. Sintió un gran alivio imaginar lo contrario, K reaccionando de manera serena y tranquila, como si K también lo estuviera esperando.

J pidió la cuenta. El tiempo se agotaba, era el momento. Respiro hondo, busco la mirada de K, un ligero brillo volvió a resplandecer de los ojos hermosos y cafés de K. J mantuvo la mirada, los ojos de ambos de inundaron de lágrimas. K sonrió, se acercó a J, tomó una de sus manos y se acerco lentamente hasta unir sus labios con la mejilla sin afeitar de J. Fue un beso grande, besos que solo se dan cuando son los últimos. Cuando se separaron, K pronunció las primeras (y unicas) palabras de la noche: “Vámonos de aquí, llévame a donde quieras y hazme el amor despacio, toda la noche”. J envolvió los brazos sobre la cintura de K y, se fueron.

Epilogo:
El coche de J aparca fuera del departamento a espaldas de Parque Delta, son las diez de la noche. La vida vuelve al motor del Minicooper a las seis menos quince de la mañana, J lleva una maleta con un par de jeans, un par de camisas y el cuaderno de notas. Fuera de la maleta, en la mejilla, lleva una lagrima; en la garganta, un nudo; en el pecho, dolor; en los pies, pesadez y en la cabeza, la certeza de que no hay vuelta atrás.

En el porche del edificio se encuentra k de pie, con una bata sobre el cuerpo semidesnudo, húmeda, llena de aquella alquimia que sólo J y ella logran producir, con la misma lagrima de J pero en la mejilla contraria (uno es el complemento del otro hasta el final).

Ve el coche arrancar.
Ve el portón entrecerrarse.

Les duele.

Cierra completamente el portón de hierro y se desploma, llorando
Acelera, llega a algún sitio con transito pesado, estrella su frente contra el volante, llorando.
____________________________________________________________________________Chic@s, esto NO pasa en la realidad, buenas noches.

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In a Virtual Life

>> lunes, 14 de diciembre de 2009

Esto del internet es una especie de droga, de una necesidad desesperante…¿o fue un virus que se coló en mi cabeza la última vez que me quede dormido sobre el teclado? ¿O la última vez que inicie sesión? No lo sé, pero lo que sé bien es que ahora manejo mi vida como si estuviera navegando por una red de calles con archivos adjuntos caminando por las banquetas…¿o circuitos?

Entro en la red subcibernetica del Ares y casi mando a la papelera a un archivo en formato PDF, y al teclear el “cancelar” se abre una ventana nueva que en realidad es un par de puertas, las del vagón…o código.

El avatar toma asiento a mi lado y comenzamos a chatear mientras, a través del Google Earth, llegamos a nuestro destino. En esto selecciono el videochat de mi lente derecho. El usuario parece ;-), pero luego se detiene todo (por saturación de la red, supongo) y su rostro se torna :(

Abatido por su nuevo emoticono pulso Esc, pero el sistema no responde; seguimos atascados entre M.A. de Quevedo y Copilco. No me queda otra opción que apagarme y encenderme.
Apagarme es fácil. Sólo tengo que presionar ctrl.+yugular+un tecleo fuerte en mi quijada.

Pero pierdo el conocimiento.

Unos cuantos bytes después alguien me reinicia mediante un masaje cardiaco. Abro los ojos: Es el pingüino de Linux clickeando sus aletas sobre mi torso desnudo.

Estoy vivo gracias al Software libre.

Otra transfusión DOS, y a seguir ching...andando.
____________________________________________________________________

Sí, el titulo es parecido al slogan de alguna marca de Vodka que saben que me gusta...no es mera coincidencia, quiero una botella!!! y ya mero es mi cumple he! jaja.

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>> sábado, 5 de diciembre de 2009

Tú sólo escribe mi corazón de grafito,
que sé que lo que salga de tu sangre de tinta
sera digno de ser recordado por tu fanática número uno.
-:-Tessaiel/Teresa-:-



Gracias pequeña, almenos así me impulsan a seguir escribiendo, ya que no es tan en vano, aunque los comentarios sean escasos

Dejé de saber de ella desde hace poco más de un año, cuando supe, por cortesía de Hi5, que se había encontrado un novio mucho más guapo, más responsable y más monógamo que yo. Nada más enterarme, en un estúpido arranque de celos estúpidos e irracionales, borré su cuenta de mi lista de amigos.

Se llamab… se llama Patricia. Tenía (almenos en nuestro tiempo) la piel apiñonada, suave, despierta y feliz. Tenía un lunar a un lado de la nuca, una manchita oculta debajo del tirante del bra (recuerdo que una noche despertó cuando intentaba robárselo), y las cejas más simétricas que he visto en mi vida.

Nos dimos el primer beso en junio del 2007 y el último en octubre o noviembre del mismo año. El último mes incluso llegué a tener mi propio cepillo de dientes en su cuarto de baño y un paquete de “goma” de reserva en el segundo cajón de su mesita de noche.

Nos prometimos amor eterno, pero la eternidad duró mucho menos de lo esperado.

Por aquel entonces yo vivía obsesionado con mi novela. Escribía de día y de noche, a cualquier hora. En cuanto me asaltaba alguna idea más o menos buena, lo dejaba todo y corría al cuaderno a teclear las palabras o a la computadora a garabatear mis ideas. Reconozco que esta obsesión mía no fue fácil de digerir para ella.

Un día, Patricia se despertó pero yo no estaba. Tras buscarme por toda la casa me encontró en la azotea, sentado en el tanque de gas con la lap sobre las piernas, titiritando de frio aquella mañana de octubre o noviembre. Se acercó y, cerrándome con furia la pantalla me dijo:

- O tu novela, o yo.

Y ahí se jodio todo.

____________________________________________________________________________

Cuento esto porque ayer se subió al metro un tipo más guapo, más responsable y más monógamo que yo. Antes incluso de darme tiempo a apagar el reproductor de música, me miro sobre el hombro de un contador y me dijo:

- ¿Eres Jean? ¿Jean Macías?
- Sí - respondí.
- ¿El ex de Patricia Fonseca?
- Amm... sí.

Y sin más, tacleando al hombre que nos separaba, se abalanzo sobre mí y me dio un puñetazo en la cara. Cuando intenté reaccionar ya había corrido y las puertas del metro se cerraban frente a mi adolorido rostro.

Ahora tengo un labio hinchado (como haciendo berrinche, como molesto), una sonrisa en la parte intacta de la boca (que convierte mi cara en un cuadro digno de Van Gogh), y una certeza: Patricia, dos años después de aquello, se sigue acordando de mí =).

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Drogas Vs. Naturaleza

>> miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hagamos cuentas. Tener relaciones sexuales equivale, por cada “round”, 150 unidades de dopamina (así como una buena comida); en cambio, una tableta de metanfetamina genera 1,200 unidades… O.o Este…

Como un rápido breviario cultural, y que anexo para quienes no lo sepan, la dopamina es un neurotransmisor segregado por el cerebro que se encarga de generar placer.
¡No muchachos! la solución no es buscar un camello (narcomenudista) y conseguir una capsula de llena de droga sintética. Echémosle cuentas:

Si un cuchiplancheo (que vulgar me leí) o una buena comida equivale a 150 U.D. y una pastilla genera 1,200 U.D. …hacemos una simple regla de tres…y…X=1 x 1,200 / 150= 8…Ahí está! necesitarías hacer el amor (sin amor da igual) o comer ocho veces para sentir “lo mismo”.

Así que, es su elección, yo solo les recuerdo que una de las opciones engorda y es pecado, la otra…también es pecado pero es reductora. 2 contra 1, es su perro ustedes lo bañan.

Vale la pena aclarar que esto no es un estudio objetivo, pues lo iba maquilando en el metro de regreso a mi casa. Pero representa una buena cuestión y un dato curioso que valdría la pena investigar. Los datos de la dopamina generada al comer y al mantener relaciones sexuales, así como la generada por las metanfetaminas, son reales.


Buenas y dopaminosas noches queridos lectores.

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Palabras

>> jueves, 19 de noviembre de 2009

No puedo parar de leer mientras me muevo (o mientras cierro los ojos, duermo, beso…). No puedo evitar transformarlo todo en palabras, en un código grafico que entendemos en esta y otras regiones del mundo. La gente que se atraviesa en mi camino tiene letras tatuadas en sus rostros (diferentes fuentes, múltiples colores, diferentes trazos, algún borrón, pero siempre letras). No los miro; los leo. Los cristales de mis lentes son escaners analógicos.

Alzo la vista al cielo y aparecen mensajes subtitulados entre el horizonte y las nubes. Escribo un sms, con la palabra CIELO, al 61111: "¿Subes o bajo?", y al rato aparece mi mensaje en blanco pachon, con fondo azul. Y ahora, la "o" final de mi mensaje está siendo violada por una avioneta de un partido politico. Y me cago en la estela del intrusismo literario.

Imagina que todos tuviéramos una palabra tatuada en la frente. Imagina una palabra que fuera sólo tuya, irrepetible, que te persiguiera hasta el fin de tus días. Una palabra cuya lectura te definiera, o dijera todo cuanto necesitaras demostrarle al mundo sobre ti y a simple vista.

Mi palabra sería: Apasionado (en todos los sentidos, claro)
¿Y la tuya? Dame cinco!!!

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Reacciones etílicas (beber o no beber)

>> sábado, 7 de noviembre de 2009

El alcohol, en su cierta medida, humaniza. El alcohol, en exceso, deshumaniza lo previamente humanizado. Bajo sus efectos algunos seres humanos se vuelven pesados, o incluso violentos (como bien dijo Sabina: "me encantan las drogas y el alcohol, pero no soporto a los drogadictos ni a los borrachos"). Pero también los hay que se vuelven cultos, o audaces, o risueños, o cariñosos, o somnolientos, o reflexivos, o nostálgicos, o filosóficos.

Como aquel tipito de la semana pasada (regresando de la TNT de subida a mi pueblo):
- Mi amigo Jose me dijo que Dios existía, que estaba en todas partes, y esta noche lo busqué en el fondo de un New Mix. Catorce de esos después, era neta, lo encontré ahí flotando. Boca abajo, todo ahogado. ¡Hip! - me dijo embutido en su disfraz de koala (o eso parecía). Al finalizar el trayecto etiloteologico, me obsequio (según él) un paquetito de chicles sabor eucalipto.

Hay personas que simplemente se pierden:
- Oye ¿y Allan?
-No sé wey, bajo por un desodorante y luego se subió.
-¿Sabes lo que tenía el desodorante?
No…

¿Que tal los que confiesan su amor apoyados no solo de Bailey´s?:
“


“
(Las palabras sobran, los gemidos no puedo escribirlos y contar la historia haría una entrada erótica)

Otras personas…simplemente confiesan lo que jamás debió salir de sus bocas (o al menos no ese estado):
- Ssé que mi wey me loss essta poniendo con con la del labborratirio 2. Él sse cree que ssabe que yo no ssé que lo sssé. Pero lo que ssé que él no ssabe ess... lo mío con su primo el de contaduria - me dijo una chica de ojos cándidos de camino a un bar de conocido barrio universitario.

O les da por llorar:
- ¿Tienes algún problema? - le pregunté a un tipillo, después de las tres de la mañana, en plena eclosión llantil aderezada con tabaco y clavo (algún cigarro -supuse- de una marca –supuse- llamada black -ibidem-):
- Termino, snif, hace dos semanas, snif, con mi novia, snif, y estoy, snif, muy feliiiiz...
- Si estás feliz, ¿por qué lloras?
- Porque no es normaaal, snif, que no la eche de menos, snif, ni una mierdaa... Soy un monstruo, snif, sin, snif, sentimientooos - y en ese punto se rompieron del todo sus lacrimales hasta el final de mi paciencia.

Etc. Etc. Etc.

Y ante tal catálogo de reacciones etílicas, yo me pregunto: ¿Cuando bebemos nos convertimos en la exageración de nosotros mismos, o sencillamente somos otros?
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Agradecimientos a…muchos tipos desconocidos que conocí (fui redundante pero es la verdad) justo ayer, en casa de la chica D y que no leerán esta entrada (creo), gracias por la inspiración para la entrada de hoy. Y agradecimientos especiales al hermano de la chica D, por las facilidades otorgadas ( léase: "alcohol a tiro de tubo de ensaye"). Gracias!!!!

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Corvus corax (pequeño homenaje a E.A.P.)

>> lunes, 2 de noviembre de 2009

Lo encontró en una salida de campo a Hidalgo un 19 de enero del 2003. En la quinta y última caminata, logró ver dos cadáveres de cuervo común al pie de un árbol, muertos por heridas de bala. Los recogió y revisó. “¡Gente estúpida!”. Cuando estaba por irse escucho un leve graznido…ahí en lo alto, ahí en ese encino, un nido. Subió hasta la copa del árbol y lo encontró: un polluelo de apenas quince centímetros, con unas pocas plumas y los ojos cerrados. Alrededor, cascarones azulados y avecillas muertas de inanición. Regresó al campamento con el pequeño cuervo escondido en el pecho, a tiempo para alcanzar el primer autobús de la facultad. Emprendió el camino a casa junto a un pequeño polizonte.

-¿Cual será tu nombre?...¿Cómo querrás llamarte?...¡lo tengo! ¡Profeta!

Así comenzó la historia, así Profeta llegó a su nuevo hogar, así Edgar decidió especializarse en aves dentro de su carrera. Destinó una habitación como voladero, improntó al cuervo, lo entrenó para que volase cuando y como él quería, y por medio de una grabación le enseño a decir “Nunca más” como la historia de algún hombre que leyó en la secundaria. Cinco años más tarde se titulo como ornitólogo y el ave se convirtió en un ejemplar de exposición.

Una vida de cuento…popular, adinerado y docente dentro de la facultad, Edgar vivía en la opulencia y tranquilidad…o al menos eso aparentaba. La última visita al psiquiatra había arrojado resultados poco alentadores… principio de esquizofrenia y paranoia, cortesía de la genética de su madre. “No importa, no dejare que trunque mi vida”.

-Nunca más.
-¡Cállate Profeta!
-Nunca más.


Transcurrieron cinco meses, al principio todo era una imagen, una respuesta inexistente, una mirada sospechosa, después de más de unos doscientos días…las cosas se volvieron insufribles, palabras susurradas por el silencio, letras congruentes que atormentaban su cabeza y miradas muertas que en él se centraban. “Isabela…su corazón, su sangre”. El cabello faltante en su cabeza era debido a tantos ataques de locura de los que era frecuentemente víctima.

7 de octubre 2009 23:00 horas. Edgar llegó a casa abatido, cansado de las voces y las vistas, cansado de esta vida. El portazo grito “muere de una vez”; aquel gato negro, junto a aquel árbol, lo seguía con la vista, esperando el momento para saltar sobre él.

-Nunca más.- Gritó profeta desde su cuarto en el extremo anterior de la casa.
-¡Calla!- Respondió Edgar arrancándose de un tirón algo del cabello que aun tenia.
-Nunca más.-el mismo graznido rompió la voz del ornitólogo.
-¡Ya!
-Por tu culpa.
-¿Qué?
-Por tu culpa.
-No fue mi culpa, nunca ha sido mi culpa. No debí…no quería.
-Tu mataste a Isabela.

Como un flash llego a su cabeza aquel día. El coñac había sido el anfitrión de la noche e Isabela había aceptado la invitación de terminan la velada en casa de Edgar. Antes de cerrar la puerta, la mitad de sus prendas colgaban de su piel trémula, y en medio de la sala cayeron las últimas piezas de ropa y sus cuerpos se acoplaron. Al principio con la torpeza de la cual dota el alcohol, después, la pasión fue tomándolos como rehenes, hasta que la secuestradora provoco la muerte de uno.

Besos, mordidas, abrazos y rasguños…todos tan deliciosamente placenteros, todos tan deliciosamente mortales. Edgar estaba sobre ella y excitado cuando llegaron dos cosas: su orgasmo y la muerte de Isabela. Eyaculo dentro de ella, a la par que sus colmillos se encajaban en su yugular. La sangre comenzó a fluir, ella estaba en una especie de trance y el, excitado y extasiado por el momento, comenzó a beber el liquido carmesí, hasta que dejo de sentir el pulso de la chica, y de escuchar su corazón.

Se incorporo y buscó vestigios vida en sus ojos…nada, ni en sus ojos, ni en sus muñecas, ni en su pecho. La había matado, la había desangrado y bebido su sangre. ¿Qué hacer ahora? Volteo hacia su derecha y sintió los ojos de Profeta escudriñando su interior, desvió la vista y recogió el cadáver del suelo. “El voladero de profeta siempre huele a carne podrida debido a su comida, no es un mal escondite”. Destazó el cuerpo, separó la carne de los huesos y quemó en ácido clorhídrico partes del esqueleto. La ropa y objetos personales terminaron en el incinerador. Dejó la carne como comida al cuervo… este nunca la toco.

Antes solo en sueños y recuerdos, ahora minuto a minuto, dentro de su cabeza, en los ojos del vagonero del metro, en la ventana del apartamento. Ahí estaba Isabela.

-No.
-Por tu culpa.

-¡Calla ahora!- Abrió un cajón y tomo el Smith & Wesson (regalo número dieciocho de su abuelo) y corrió hacia el ave.- ¡Calla de una puta vez!
-Nunca más. Es tu culpa. Tú la mataste cobarde.

Accionó el gatillo cinco veces sin éxito.

-¿Que quieres?
No obtuvo respuesta, el cuervo solo lo observo con esos ojos tan negros como su plumaje.
- ¿Que acepte que la maté?
Un silencio siguió a su respuesta.
-¿La volveré a ver?
-Nunca más.- grazno el ave extendiendo las alas.
-¿Me perdonara?
-Nunca más.
-¿Merezco morir?

Un nuevo silencio, seguido esta vez por un grito de desesperación de Edgar, después, llanto.
-No quería hacerlo, lo juro, estaba tan descontrolado, tan ebrio, tan excitado…- Hablaba con la mirada perdida en la sala, el cuervo permanecía en una percha sobre él. La mano donde sostenía el arma se fue elevando hasta que el punto de mira se perdió en su cabello y el cañón acariciaba su sien.- Apenas la conocía y la mate…apenas la conocía y la amaba.
-¡Hazlo! – escucho Edgar desde el pico del ave, y en seguida: un estallido carmesí, sangre salpicada en las percheras, en el marco de la puerta y extendida hasta la sala de satín blanco.

8 de octubre 2009, pasada la media noche.
Algún vecino que escuchó los gritos y las seis detonaciones decidió llamar al número de seguridad pública, en unos cuantos minutos la cuadra estaba rodeada por patrullas y hombres a pie. Al entrar el olor a descomposición provoco el vomito de dos agentes y el asco general. En una habitación comunicada a la sala encontraron un par de cadáveres: el primero, de un famoso biólogo de treintaypocos años, suicido con arma de fuego; el segundo, de un cuervo que, según pruebas realizadas más tarde, murió de inanición hace aproximadamente un mes.

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Carta a () bajo su almohada

>> sábado, 31 de octubre de 2009

Señorita X...

Comienzo a buscarte defectos. No los encuentro. Te invento defectos. Me engaño para sobrevivir. Soy imperfecto. Eres perfecta. ¡No lo soporto!

No me gusta mi forma de ser tú antes que yo.

Necesito marcharme de ti y de mi tú y de mi otro yo.

Quiero correr.

Y enamorarme mil veces de dos mil medias mujeres que se parezcan a ti.

Y equivocarme mil veces con dos mil medias mujeres que se parezcan a ti.

Idealizarte y echarte de menos. Llorar retirando tu cabello del suelo de mi habitación.

Necesito pellizcos de realidad que me despierten del letargo de tu sueño.

Necesito buscarte y no encontrarte nunca.

Necesito sentirme muerto.
(quizá no muerto muerto, pero si de la vida que vivo contigo)

Necesito soñarme vivo (con la vida que me dabas)

No puedo ni quiero ni sé vivir así: siempre contigo.

No soporto que el futuro sodomice al presente.

No soporto vivir la misma muerte y morir la misma vida.

Comenzar la peli por el final.

La certidumbre.

Los libros leídos antes de ser escritos.

Las criptas familiares.

Las mismas siluetas marcadas en la misma cama de siempre. (cual escena del crimen…y que
crimen!)

Los mismos olores.

Los mismos besos.

Los mismos tactos.

Aunque esas siluetas, esos olores, esos besos y esos tactos sean perfectos y nunca más consiga la perfección de esas siluetas, esos olores, esos besos y esos tactos.

Ahora sólo te pido que te marches de mi casa y me devuelvas la vida de antes.

Quiero volver a salir a la calle con la misma ilusión de antes.

Quiero volver a conducir mi auto con la única ilusión de buscarte entre las calles del D.F. y de no volver a encontrarte nunca.

Lo siento.

Nota al pie importante: Con respecto a la “señorita X” y para aquellos que sepan (y/o conozcan) de mi sistema de nombramiento; no hay ninguna chica en mi vida, ni en mi cama, ni en mis sueños, ni en mi sopa que corresponda a la letra X, solo la use por ser la variable más famosa en el globo. Hablando de usar…quizá llégue a usar esto cuando (teóricamente hablando), encuentre a una chica tan perfecta, que me vuelva frágil e inútil a su presencia.

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Visitantes de otra jungla

Welcome To the Jungle

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