Metamorfosis (Primeras Mariposas Estomacales)
>> viernes, 25 de junio de 2010
Levante la cara y les vi. Tres humanitos, dos chicos y una señora (mamá de ella, nomas porque quise). La pequeña no tan pequeña Alejandra, en el centro, entre su madre y su amigo Saúl. Los niños no tan niños (compañeros de clase, me gritaron sus uniformes) tendrían 11 ó 12 años; la madre tendría unos cuarenta y pocos años.
Regresaban de la escuela, con las mochilas en el suelo del vagón y el suéter en la cadadera. La madre de Alejandra se ofreció a regresar también a Saúl, en uno de esos favores que suelen hacerse los padres cuando no todos pueden (o quieren) acompañar a sus respectivos hijos.
Ella, la madre de Ale, miraba el túnel por el cristal mientras los nenes no tan nenes permanecían serios, formales y en silencio. Aunque nada más lejos que la realidad, una mentira más en la ciudad: De reojo y al menos durante un instante, me percaté también del dedo meñique de él tratando de rozarse a propósito el meñique de ella. Luego, siempre atentos a cualquier giro visual de la madre, se regalaron un par de miradas nerviosas, sonriendo con los labios apretados y las mejillas (al menos las de ella) en creciente sonrojo. Sin duda eran novios primerizos, clandestinos, de chocolate.
Intuí que ese miedo a ser sorprendidos por la madre era nuevo para ambos. “¿Miedo o morbo?” pensé. En lo que dura el primer amor todo es misterio, incertidumbre; pureza de un instinto desinteresado, no sexual (o al menos, por ahora, al menos así lo creí). Apenas aprendes a besar, y cada beso es un mundo. Y del roce entre dos dedos haces un mundo. Nunca sabes qué vendrá después o si lo sabes no te atreverás, por el momento, a dar el paso por miedo a tropezar y aparentar torpeza ante los importantísimos ojos de tu primer “Saúl” o tu primera”Alejandra”. El amor más puro es torpe y huele a nuevo. Como recién salido del paquete. Con el unicel que evita que se maltrate.
El segundo amor ya no es lo mismo. Está viciado: Arrastra la experiencia del primero. O al menos, yo así lo recuerdo.
PD: Cambié los primeros nombres imaginarios de ellos, respetando así su tranquilidad y anonimato, gracias.