...es ese puercoespín lleno de púas y suaves pliegues. Carajo, estaba enamorado del DF. Otro amor imposible a la lista.Una ciudad para querer, para querer locamente. En arrebatos...
-Hector Belascoarán Shayne-
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Consecuencia (Secuencia)

>> viernes, 8 de octubre de 2010

Hoy sólo quiero apoyar la cabeza sobre el vientre de una mujer cualquiera mientras ella lee o mira la tele sin hacerme caso, buscar su sexo y que ella chiste y me diga no, y cierre las piernas y me aprisione la mano y me duela tanto la mano que acabe en urgencias, examinado por un traumatólogo bizco (amigo de mi amigo Federico, amigo imaginario). Que el traumatólogo se confunda y me vende la otra mano (por la situación de sus ojos), la que no me duele, la izquierda, y yo no le diga nada por no molestar (sí, así soy….almenos cinco inutos al mes) y salga del hospital con el brazo erróneo en cabestrillo y entre a mi coche y maneje el volante con la mano mala (que aún huele al sexo de la mujer cualquiera que cerró las piernas) y se monte otra mujer tan guapa como me dé la gana y me indique otra ciudad como destino y luego me pregunte por el vendaje y yo mienta y diga que me mordió Jacinto, mi koala, al robarle un par de chicles de bambú.

- ¿Tienes un koala?
- Sí. Lo heredé de mi padre.
- ¿Tu padre murió?
- No. Fue una especie de herencia en vida – (tampoco es cuestión de matar a mi padre, no?).

Que luego paremos en un Oxxo y que, tras el tercer Red Bull, la mujer me confiese estar huyendo de la policía por un asunto de tráfico de almas (roba almas de gente con alma y luego se las vende a políticos, a empresarios y a escritores de libros de autoayuda) y yo reaccione diciendo que no me importa, que sólo quiero apoyar mi cabeza en su vientre, por favor, y ella acepte y me arrastre hasta el aseo de la tienda, se tumbe sobre el mugriento suelo, se suba la blusa y yo me tumbe formando una “T” con su cuerpo y plante mi oreja a la altura de su ombligo y luego busque con mi mano mala, la que duele, su sexo y ella cierre las piernas y…

(…sigue tú la secuencia)

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Escupiendo Corazones

>> miércoles, 7 de abril de 2010

Lloroso, encorvado y herido de amor caminaba entre calles céntricas desiertas. La historia anterior no es de interés, él solo es un apasionado que se toma las cosas en serio…y al que las cosas en serio lo lastiman. Realmente estaba mal.

Cerca de Palmas, cerca de la media noche, unas nauseas enormes lo invadieron de golpe. Cayó de rodillas y renqueo, ¿qué podía vomitar si no había comido nada en tres días?

Siguió tosiendo y retorciéndose unos minutos más hasta que un dolor punzante en el pecho lo obligo a cerrar los ojos y gritar. Tosió una vez más, sintió la garganta despejada, pero ahora salió algo. Entre lagrimas y los ojos a medio abrir, vio un bulto moverse entre fluidos negruzcos y rojizos , parecía…latir? Se limpio la vista y lo vio ahí, tirado entre adoquines y publicidad política: un corazón humano latiendo. La realidad se volvió un sueño surreal en un segundo. Volteo buscando al dueño del corazón, a algún idiota que lo dejará ahí mientras él vomitaba, una ambulancia, una hielera. Nada. Nadie. Al parecer, el corazón era suyo, cayó de espaldas sin entender nada.

Al cabo de unos minutos se dio cuenta que se sentía bien, que comenzaba a tener frio y que la casa no podía esta sola tanto tiempo. Así que se encamino hacia Bellas Artes, no sin antes haber recogido el corazón y cubrirlo instintivamente con la chamarra.

Llegó al departamento, encontró un frasco grande de cristal y metió el corazón en solución salina, por si acaso.

No podía ser su corazón, no, busco su pulso sin éxito; improviso un estetoscopio con una hoja y un popote, no se oía nada; corrió y salto para agitar su corazón, nada, era como estar muerto. Comenzó a darse cuenta que lo que hace unas horas le hacía sufrir ahora no surtía efecto, comenzó a bendecir aquello aunque no lo comprendiese, fue genial… Guardo el corazón bajo la cama y lo saca de vez en cuando a que le dé el sol, o inclusive a hablar con él, a contarle lo que hacía y no sentía.

¿Qué cómo lo sé? ¿Calles solas? Si, no había nadie…jaja, ¿no comprendes? ¿Tienes un estetoscopio a la mano? Te invito a sorprenderte un poco.

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El complice de mis sueños (Morfeo)

>> lunes, 1 de marzo de 2010

Tienes sueño pero no quieres dormir, no te puedes dormir ahora. No en el asiento incomodo del metro, no en un trayecto tan corto como este. Me lo dicen tus párpados a través del rabillo del ojo. Tus párpados luchando en contra de su propia voluntad... unos párpados que ahora pesan mucho más que tú... mucho más que el mundo que te rodea... como si las pestañas que los adornan fueran de plomo... o polos opuestos a las pestañitas de abajo (¿tienen nombre las pestañitas de debajo del ojo?)

Te debates entre dos mundos, en esa estrecha línea que te hace ser sin estar, confundirlo todo, mirar los andenes, y a los vagoneros, y la gente, y a mi, pero vin ver nada. Ahora intentas espabilarte. Cruzas las piernas o golpeas los vidrios para que sea tu propio cuerpo o el mismo viento o el ruido de los rieles quien te mantenga alerta. Yo, por mi parte, también trato de ayudarte (soy un profesional de la vigilia). Hago ruido con el libro, con el celular y el iPod, hago que la gente tropiece copntigo, para para que no caigas en los brazos de un Morfeo al que no has llamado.

Me hace gracia verte despertar a intervalos pequeños y reaccionar disimulando que nunca llegaste a dormirte cada vez que el metro se sacude o te meto un dedo imaginario en la oreja. Reaccionas como si no quisieras que nadie te viera dormir aunque sepas que nadie te está mirando, ni siquiera yo, que te miro sin que sepas que miro. Pero el sueño vence al fin, sin remedio. Te duermes y entonces te veo tan plácida que me contagias: Ahora yo también tengo ganas de dormir, o al menos de soñar lo mismo que tú, participar en tu trama. Así que me cambio de lugar, tiro mi mochila al suelo, me acoplo en el asiento del pasillo, a tu lado, y cierro los ojos y convierto mis manos extendidas en almohada, como rezándome la mejilla derecha y me duermo a la de tres. Cuando nos despertemos trataré de explicarte mis motivos, cariño.

Nota onírica: Esta entrada nunca existió. Lo soñó ella. Yo sólo me metí en su sueño para transcribirlo.

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Visitantes de otra jungla

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